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’10 de junio… y entonces sucedió que…’, por José Luis Fortea

 

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……. En 1926, el jueves 10 de junio, a los tres días de haber sido ingresado en el hospital de la Santa Cruz de Barcelona, fallecía el admirado arquitecto Antonio Gaudí Cornet, a la edad de setenta y tres años.

Antoni Gaudí i Cornet, había nacido a comienzos del verano de 1852, un viernes 25 de junio, en la calle Sant Joan de localidad tarraconense de Reus, de aquella zona seca y pedregosa, de olivos y cipreses, de almendros y avellanos, de un paisaje típicamente mediterráneo, en una España cuyo gobierno se encontraba presidido por Juan Bravo Murillo de aquel periodo que acabaría siendo conocido como la “década moderada” durante la monarquía de la reina Isabel II.

Hijo de Francesc Gaudí Serra (el hijo de Rosa la calderera) y de Antonia Cornet Bertrán, fue el pequeño de siete hermanos, de los que dos murieron nada más nacer aunque si bien, él mismo nació enfermizo al sufrir reumatismo articular que le tendría impedido hasta los seis o siete años, sin poder apenas caminar, desarrollando por ello un gran sentido de la observación y de una capacidad creativa que agudizaría en los largos periodos vacacionales que pasaba en la solitaria casa familiar que sus padres tenían a seis kilómetros de Reus, en “Mas de la Calderera” en Riudoms, siendo pues un niño de carácter algo tímido e introvertido pero tremendamente imaginativo.

Algunos autores señalan que fue precisamente en esta casa familiar de Riudoms, en la partida de “la Clota” donde la familia Gaudí había decido pasar la noche de de San Juan cuando tuvo lugar precisamente el nacimiento del arquitecto.

Y allí pasando las horas solitarias aprendió a observar, a analizar las formas y los colores, de animales, de aves e insectos, que aquel idílico entorno le brindaba, dándole las bases de su futura vocación, que si bien en principio fue la de constructor antes que la de arquitecto, acabaría por decantarse por la segunda, marchando a estudiar a Barcelona en donde acabaría graduándose en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona en 1876, contando con veinticuatro años de edad.

Dos años después y con motivo de la celebración de la Exposición Universal que se realizaría en París, recibió un encargo de Esteve Comella, que era el propietario de una guantería ubicada en la calle Aviñón de Barcelona, que le solicitaba la creación de un mostrador para la exposición de sus productos. Gaudí diseñó una vitrina muy original, de estructura de madera, hierro y vidrio, coronada toda ella con metales en formas de vegetales, en cuyo interior se dispusieron para su exhibición los guantes.

Guanterías Comella recibió una medalla de plata de la exposición y la aludida pieza de Gaudí despertó la admiración de los allí presentes, entre los que se encontraba quien a la postre se convertiría en amigo íntimo personal y mecenas del artista, Eusebi Güell Bacigalupi, quien a su regreso a la ciudad condal quiso conocer al autor de aquella brillante composición.

Y sería precisamente durante aquel año de 1878 cuando se inició una estrecha amistad y colaboración que vería sus frutos en diversos proyectos, realizando las puertas de la finca, la bodega en Garraf, el parque Güell y la iglesia.

A sus treinta y un años, en 1883, recibe el pedido de proseguir con las recientes obras iniciadas de la Sagrada Familia, modificando totalmente su proyecto inicial, una obra que acabaría por encumbrarle definitivamente y en la que desde 1915 trabajaría en régimen de exclusividad absoluta.

Siete de sus obras están consideradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), la mayoría son edificios de estilo modernista que se encuentran en Barcelona o sus inmediaciones. En 1984 fueron declaradas tres de ellas, el Parque Güell, el Palacio Güell y la Casa Milà, que posteriormente serían ampliadas en 2005 en otras cuatro más, la Casa Vicens, la Casa Batlló, la Cripta de la Colonia Güell y la Fachada de la Natividad y cripta de la Sagrada Familia.

En su madurez adquirió un modelo de vida basado en comidas moderadas, caminatas de cerca de diez kilómetros diarios, y una tremenda sencillez. Todas las mañanas, desde 1894, Antonio Gaudí acudía a la iglesia de San Felipe de Neri, situada en el barrio del Call de Ciutat Vella, para visitar a su confesor y director espiritual el padre Lluís María de Valls i Riera.

Aquella mañana del lunes 7 de junio, en la confluencia de las calles Bailén con la Gran Vía de las Cortes Catalanas, muy próxima a la plaza de Tetuán y al jardín de Jaume Perich, se encontraba Gaudí caminando, concentrado en sus propios asuntos, dirigiéndose como cada día hacia Ciutat Vella.

En la aludida confluencia tenía su parada prevista el tranvía número 30 que comunica el Pasaje de Gracia y la Rambla con la Plaza de Tetuán. Sería allí, en mitad del cruce en donde confluyen ambos tranvías, el que realiza el recorrido de ida hasta Tetuán y el que lo hace en sentido contrario hacia el Paseo de Gracia, donde uno de estos embiste a Gaudí que le golpea en una de sus piernas impactando contra el que realiza el trayecto inverso, lanzándolo violentamente despedido contra un poste, produciéndole un traumatismo craneoencefálico severo.

Gaudí queda tendido en el suelo, sangrando abundantemente, sin recibir la ayuda de los allí presentes que por su aspecto, un tanto descuidado parece a simple vista uno de estos hombres que vagabundean por las calles de Barcelona. Aquel hombre de barba poblada blanca, sin recortar, sin identificación alguna, portando en sus bolsillos no más que dos avellanas, es confundido con un hombre dedicado a la mendicidad.

Ningún taxi quería llevarlo en aquellas condiciones, sangrando, en su vehículo, hasta que un guardia civil que pasa por allí, obliga a uno de aquellos conductores a llevarlo hasta la Casa de Socorro de la rotonda de San Pedro, en donde, dado el aspecto que presenta, con una herida abierta sangrante y al parecer varias costillas rotas, con una fuerte contusión en la pierna derecha y una probable hemorragia interna, los facultativos que lo asisten en un primer momento deciden su traslado e internamiento al Hospital de la Santa Cruz, curiosamente en aquella zona destinada a aquellos menos favorecidos económicamente, falleciendo, consecuencia de esto, un jueves día 10 de junio, como hoy, de hace noventa y un años.

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