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La dura advertencia de una madre al explicar por qué no hay que besar a los bebés

La ternura que despierta entre las personas un bebé recién nacido hace que en su mayoría sientan una sensación de querer abrazarlos y ‘colmarles’ de besos. Sin embargo, se trata de una de las conductas que las madres o familias evitan, cada vez más, que suceda con sus pequeños, aunque a veces no pueden impedirlo.

Esta actitud maternal esconde tras de sí un sinfín de razones lógicas, entre ellas la higiene. Krystal Hayes, una madre de 26 años de Worksop (Reino Unido), ha sufrido en sus ‘carnes’ lo que un inocente beso le ha provocado a su hijo de apenas 9 días de vida, quien casi muere de meningitis por ello.

Así lo explica la joven en su muro de Facebook, que su pequeño, de apenas 9 días de vida, empezó a tener una temperatura corporal muy alta, la respiración acelerada y se quejaba con sólo rozarle. Tras estos síntomas, los padres lo llevaron rápidamente al médico, donde le diagnosticaron una meningitis vírica.

Los pediatras informaron a la pareja de que la meningitis, que se trata de una inflamación de las meninges debido a la presencia de un virus o de bacterias, se puede contagiar con un solo beso y que probablemente eso fuera lo que había sucedido. “Sólo un inocente beso. Nada más que una manera de expresar afecto a una persona a la que amas y a la que no deseas que le pase nada. Algo tan natural de hacer con un precioso bebé…”, destacaba la madre.

Por suerte, el bebé, que ahora tiene quince semanas, se ha podido recuperar gracias al tratamiento que le han mandado los médicos, y todo ha quedado en un susto, pero su madre ha querido alertar a todo el mundo para que a nadie le pase lo que le pasó a ella. Y es que tras una muestra de cariño tan afectuosa y tierna como puede ser un beso, puede dejar rastro de salivas y bacterias en la piel, que en el caso de los bebés, cuentan todavía con un sistema inmunológico poco desarrollado y por lo tanto, expuesto a contraer enfermedades.

“Como cualquier madre, no podía pensar que hubiera algo peor que no poder besar a mi bebé, pero ahora sé que sí lo hay. Y es mil veces peor.”, señala. “No quería pensar en que mi bebé podía perder una extremidad o tener algún daño cerebral… ¿Cómo íbamos a poder superar eso?”, expresa con evidente signo de tristeza.

“Podré abrazar a cualquier recién nacido hasta cansarme, pero no le voy a volver a dar ningún beso a otro recién nacido que no sea mío, ni tampoco a ninguno de los hijos que pueda tener en un futuro, si es que tengo más”, afirma.

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