Las lecciones vitales que enseña La la land

La la land es una película de amor, y desde luego si son muy peques, no hay que martirizarlos porque se aburrirán (aunque hay muchas canciones y colorines, es de adultos). Pero si son un poco maduros y a partir de los 9 o 10 años, me lo plantearía como algo bueno para ellos: No hay violencia, no hay sexo y sí una versión del amor muy positiva para ellos. Después de verla con mis hijas (que ya tienen 11 y 14 y les ha encantado), os cuento mis impresiones de la película del año:

  1. Es bueno volver a los clásicos
    La la land está en la línea de los clásicos de Hollywood cómo Cantando bajo la lluvia o Descalzos por el parque, aunque con móviles y en un mundo más actual.
  2. El amor no es sufrimiento
    Verán en La la land una relación de amor positiva (y nada ñoña por cierto). ¿Por qué?
    Porque no muestra el amor cómo sufrimiento ni cómo lucha. Las buenas relaciones sientan bien. No duelen. No son dañinas (Michelle Obama dixit). Esas son las relaciones que necesitamos en nuestras vidas.
    Porque el que te quiere piensa en lo mejor para ti y te ayuda a conseguirlo. Pero incluso irá más allá: verá en ti cosas buenas que ni tú mismo ves. Creerá en ti. Te empujará a conseguir tus sueños, aunque no esté claro que esa persona permanezca en la ecuación.
    Porque muestra una pareja feliz que deja al otro ser libre. Solo así se puede realizar uno en una pareja.
    Porque cuando te enamoras, quieres ser mejor.
    Porque no hay que hacer reproches si no crítica constructiva y aportaciones de mejora al proyecto del otro. Y eso es bueno en la vida siempre: con tu pareja, sí. Pero también en el trabajo, con tus amigos o la familia…
  3. La flexibilidad es buena.
    Te puedes empeñar en un objetivo y en un camino, pero puedes cambiar el camino y sin embargo no olvidar tu objetivo. Si eres flexible, serás más feliz. Sufrirás menos, y verás más alternativas para ser feliz.
  4. La creatividad y la iniciativa propia son importantes para la vida.
    Si ves que no te salen las cosas o no te escuchan, hay que buscar otras maneras de hacerte ver y tener iniciativa y ser emprendedor. Nunca, nunca, permanecer inmóvil y entrar en el bucle de la desidia.
  5. Hay que buscar la felicidad en lo que te apasiona.
    Sin obsesionarnos, pero sin perderlo de vista. Si no es tu fuente de vida, porque desgraciadamente no siempre es posible, siempre hay que tenerlo ahí, en nuestro radar, y buscar un momento para ello. No hay que menospreciar las pasiones. Son lo que nos hacen ser quien somos.