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Los verdaderos influencers que deberían inspirarnos: personas que cambian vidas

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Majo Gimeno, María Galán, Guillermo Martínez, Juan Mata o Eglantina Zingg son algunos ejemplos de referentes que han decidido utilizar su influencia, su profesión y su talento para ayudar a los demás

Hay una pregunta que quizá deberíamos hacernos más a menudo como padres: ¿quiénes son los referentes de nuestros hijos?

Nuestros adolescentes y jóvenes viven rodeados de personas que influyen en ellos. Les dicen cómo vestir, qué comprar, qué comer, dónde viajar, qué pensar, qué escuchar y, en ocasiones, incluso cómo deberían ser para sentirse aceptados.

La palabra influencer se ha convertido en una profesión. Y no hay nada malo en ello.

El problema aparece cuando confundimos influencia con éxito, seguidores con admiración y exposición con valores.

Porque tener un millón de seguidores no significa necesariamente tener algo que enseñar.

Y quizá deberíamos empezar a reivindicar a otros influencers. A los que no necesitan presumir de lo que tienen porque han decidido utilizar lo que saben para mejorar la vida de los demás.

A quienes educan. A quienes investigan. A quienes emprenden para solucionar problemas. A quienes acompañan a un niño que está solo. A quienes viajan a África para cambiar la vida de un menor. A quienes utilizan el deporte para abrir oportunidades.

Esas son las personas que deberían aparecer en nuestros algoritmos.

¿Qué significa realmente ser un influencer?

Influir no debería consistir únicamente en conseguir que alguien compre unas zapatillas, reserve un hotel o quiera tener la misma casa que tú.

Influir es conseguir que otra persona quiera ser mejor.

Que un adolescente termine de ver un vídeo y piense: yo también puedo hacer algo.

Que descubra que estudiar sirve para algo más que aprobar.

Que entienda que el éxito profesional puede ponerse al servicio de los demás.

Que conozca la satisfacción de acompañar a alguien que lo necesita.

Que descubra que hay problemas en el mundo que no se solucionan mirando hacia otro lado.

Por eso necesitamos enseñar a nuestros jóvenes que los referentes no siempre son los que más aparecen en pantalla.

A veces son los que están trabajando cuando nadie mira.

Majo Gimeno: que ningún niño esté solo

Si hay un nombre que representa perfectamente esta idea es Majo Gimeno, fundadora de Mamás en Acción.

Su proyecto nació para acompañar a niños y niñas hospitalizados que, por diferentes circunstancias, no tienen a sus padres o a un adulto de referencia junto a ellos. La organización moviliza voluntarios para ofrecerles algo tan básico y tan importante como compañía y cariño.

Majo ha conseguido convertir una preocupación en una organización y una organización en una comunidad.

Y ese debería ser un mensaje enorme para nuestros adolescentes:

no hace falta ser poderoso para cambiar algo; hace falta decidir que quieres hacerlo.

María Galán: una joven que encontró su lugar en Uganda


Entre los nombres que deberíamos enseñar a nuestros jóvenes está también María Galán, vinculada a Babies Uganda, una organización de cooperación internacional que trabaja para proporcionar oportunidades a población sin recursos, poniendo especialmente el foco en la infancia. La organización trabaja actualmente con más de 300 niños.

María Galán representa algo especialmente interesante para una generación acostumbrada a pensar que el éxito consiste en conseguir una vida cómoda y llena de experiencias.

Ella decidió poner su energía y su capacidad de comunicación al servicio de niños que habían tenido muchas menos oportunidades.

Su historia nos recuerda que viajar también puede servir para abrir los ojos y no solamente para hacerse una fotografía.

Que conocer otras realidades puede cambiarte.

Y que la vida puede encontrar sentido cuando decides dedicar una parte de ella a los demás.

Guillermo Martínez: cuando la tecnología sirve para ayudar

Guillermo Martínez, fundador de Ayúdame3D, demuestra que la tecnología también puede ser solidaridad.

Su proyecto utiliza la impresión 3D para fabricar prótesis destinadas a personas que las necesitan y que no tienen recursos para acceder a ellas.

Es un referente especialmente interesante para los jóvenes porque transmite una idea fundamental:

tus conocimientos pueden cambiar la vida de otra persona.

Si sabes programar, puedes crear.

Si sabes diseñar, puedes construir.

Si eres médico, puedes curar.

Si eres ingeniero, puedes encontrar soluciones.

Si sabes comunicar, puedes conseguir que otros se impliquen.

No hay profesión que no pueda convertirse, de alguna manera, en una herramienta para hacer el bien.

Antonio Espinosa: emprender para cambiar el mundo

También merece estar en esta lista Antonio Espinosa de los Monteros, cofundador de AUARA, una empresa social que trabaja para llevar agua potable a personas que no disponen de ella.

AUARA nació con una filosofía diferente: utilizar la actividad empresarial como una herramienta de impacto social. La compañía destina sus dividendos a proyectos de acceso a agua potable.

Es una lección que nuestros jóvenes deberían escuchar.

Emprender no tiene por qué significar únicamente ganar dinero.

También puede significar crear una empresa que genere empleo, riqueza y, al mismo tiempo, soluciones para personas que las necesitan.

Juan Mata: compartir el éxito

El deporte es probablemente uno de los ámbitos que más influencia tiene sobre niños y adolescentes.

Por eso resulta especialmente importante que los grandes deportistas entiendan que su responsabilidad va más allá del terreno de juego.

Juan Mata es un buen ejemplo.

En 2017 se convirtió en el primer futbolista profesional en unirse a Common Goal y comprometió el 1% de su salario con organizaciones que utilizan el fútbol para generar impacto social.

Su ejemplo plantea una pregunta que vale mucho más que cualquier trofeo:

¿Qué haces con aquello que has conseguido?

Porque compartir el éxito también es una forma de éxito.

Eglantina Zingg: el fútbol como oportunidad para las niñas

Eglantina Zingg, fundadora de Goleadoras, ha utilizado el fútbol como una herramienta de transformación social para niñas y jóvenes.

Su organización trabaja para fomentar el liderazgo, la igualdad y el desarrollo socioemocional a través del deporte. En 2026 ha recibido el Premio Solidario Fundación Starlite por el impacto de su proyecto, que ha alcanzado a cerca de 10.000 niñas en distintos países.

Su historia demuestra que un balón puede ser mucho más que un balón.

Puede ser una oportunidad.

Puede ser autoestima.

Puede ser una comunidad.

Puede ser la primera vez que una niña descubre que tiene derecho a ocupar un espacio que durante mucho tiempo le dijeron que no le correspondía.

No necesitamos menos influencers. Necesitamos mejores referentes

Y aquí está la clave.

No se trata de demonizar a los influencers.

Tampoco de decir que nuestros hijos no deberían seguir a personas que hablan de moda, deporte, viajes, entretenimiento o cualquier otro tema.

Se trata de algo mucho más sencillo: ampliar sus referentes.

Que además de conocer al creador que enseña cómo conseguir el último producto viral, conozcan al joven que utiliza la tecnología para fabricar una prótesis.

Que además del deportista que presume de sus coches, conozcan al que dedica parte de sus ingresos a proyectos sociales.

Que además de la persona que muestra sus vacaciones de lujo, conozcan a quien ha decidido dedicar su vida a niños que no han tenido las mismas oportunidades.

Que sepan que detrás de cada gran problema hay personas intentando solucionarlo.

Preguntemos a nuestros hijos qué admiran

Quizá deberíamos cambiar las conversaciones en casa.

En lugar de preguntar únicamente:

«¿Cuántos seguidores tiene?»

Preguntemos:

«¿Qué hace esa persona por los demás?»

En lugar de:

«¿Cuánto dinero gana?»

Preguntemos:

«¿Qué ha conseguido construir?»

En lugar de:

«¿Por qué quieres ser como él o como ella?»

Preguntemos:

«¿Qué valor te inspira?»

Porque nuestros hijos no necesitan vivir en un mundo sin referentes.

Necesitan referentes que merezcan ser imitados.

También existen influencers que no tienen redes sociales

Y quizá aquí está la reflexión más importante.

Hay personas que jamás aparecerán en TikTok y que deberían ser auténticos ídolos.

El profesor que consigue que un alumno vuelva a creer en sí mismo.

La enfermera que acompaña a una familia durante una noche difícil.

El médico que trabaja durante horas para salvar una vida.

El investigador que dedica diez años a encontrar una solución.

El voluntario que visita cada semana a una persona mayor que vive sola.

El padre o la madre que educa a sus hijos en la generosidad.

El joven que dedica sus fines de semana a ayudar.

El entrenador que enseña a un niño que perder también forma parte de aprender.

Ellos también influyen.

Y probablemente mucho más de lo que creemos.

¿Qué mundo queremos que admiren nuestros hijos?

Esta es, en realidad, una pregunta para todos nosotros.

Porque los algoritmos no educan solos. Nosotros también decidimos qué ponemos delante de nuestros hijos.

Podemos enseñarles que el éxito consiste en tener más.

O podemos enseñarles que consiste en ser capaces de aportar más.

Podemos enseñarles a perseguir la aprobación.

O podemos enseñarles a construir una vida de la que sentirse orgullosos aunque nadie les dé un «me gusta».

Podemos enseñarles a mirar a quienes tienen más.

O podemos enseñarles a mirar a quienes necesitan ayuda.

Y quizá el mejor regalo que podemos hacer a nuestros adolescentes sea precisamente ese: mostrarles que hay otra forma de ser importante.

No necesitas millones de seguidores.

No necesitas una casa espectacular.

No necesitas que miles de personas sepan tu nombre.

A veces basta con conseguir que una persona esté un poco mejor gracias a ti.

Los verdaderos influencers que deberíamos conocer

  • Majo Gimeno — Mamás en Acción: acompañamiento a niños hospitalizados que se encuentran solos.
  • María Galán — Babies Uganda: proyectos centrados en la infancia y en generar oportunidades para población sin recursos en Uganda.
  • Guillermo Martínez — Ayúdame3D: tecnología e impresión 3D para crear prótesis para personas que las necesitan.
  • Antonio Espinosa de los Monteros — AUARA: emprendimiento social para facilitar el acceso al agua potable.
  • Juan Mata — Common Goal: compromiso de utilizar el fútbol y parte de sus ingresos para impulsar proyectos sociales.
  • Eglantina Zingg — Goleadoras: fútbol como herramienta de igualdad, liderazgo y oportunidades para niñas.

Quizá estos sean los influencers que deberíamos poner delante de nuestros hijos. Los que no nos enseñan solamente a querer una vida mejor para nosotros, sino a preguntarnos qué podemos hacer para que la vida de los demás también sea mejor.

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