Valencia

Treinta años del asesinato de Tomás y Valiente: el atentado de ETA que impulsó la marea de las manos blancas

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Francisco Tomás y Valiente - TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

El 14 de febrero de 1996, la banda terrorista ETA asesinó de tres disparos al magistrado y expresidente del Tribunal Constitucional Francisco Tomás y Valiente en su despacho de la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM). Treinta años después, el crimen sigue siendo uno de los episodios más simbólicos de la violencia terrorista en España y el detonante de una movilización ciudadana sin precedentes: la marea de las manos blancas.

El atentado se produjo tan solo ocho días después del asesinato del dirigente socialista vasco Fernando Múgica, en un contexto de recrudecimiento del terror de ETA que sacudió al país durante aquel febrero de 1996.

El atentado de ETA que conmocionó a España

Francisco Tomás y Valiente fue asesinado en la mañana del 14 de febrero de 1996 en su despacho universitario. El autor material fue Jon Bienzobas, alias ‘Karaka’, miembro del Comando Madrid de ETA, que se hizo pasar por estudiante para acceder a la facultad y disparar contra el jurista poco después de las 10.30 horas.

Antes del ataque, el terrorista había estudiado los movimientos del catedrático de Historia del Derecho. Los tres disparos quedaron incrustados en la estantería situada a la espalda de la víctima, un elemento que aún hoy se conserva en el sótano de la facultad como recuerdo del atentado.

Aunque su identificación fue rápida, Bienzobas no fue detenido hasta el 30 de septiembre de 1999 en Francia. Su extradición a España se produjo en 2006. El juez Baltasar Garzón dictó en 2007 una condena de 30 años de prisión para el autor material del asesinato. También se establecieron indemnizaciones para la familia: 400.000 euros para uno de sus hijos, afectado por una grave lesión derivada del trauma del atentado, y otros 500.000 euros para el conjunto de la familia.

La marea de manos blancas: el despertar social contra ETA

El asesinato de Tomás y Valiente y el de Fernando Múgica desencadenaron una reacción social sin precedentes. Desde la propia Facultad de Derecho de la UAM surgió la movilización conocida como la marea de las manos blancas. Miles de personas salieron a la calle en toda España para gritar “Basta ya”, mostrando las palmas de sus manos pintadas de blanco como símbolo de rechazo al terrorismo.

Aquella movilización se convirtió en el germen de un movimiento cívico que volvería a manifestarse con fuerza tras el secuestro y asesinato del concejal del PP Miguel Ángel Blanco en julio de 1997, marcando un antes y un después en la respuesta social frente a ETA.

El mes de febrero de 1996 estuvo marcado por la intensificación de la violencia terrorista. ETA había secuestrado en enero al funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara y planeaba atentados contra el entonces líder de la oposición, José María Aznar, e incluso contra el rey Juan Carlos.

Quién fue Francisco Tomás y Valiente

Francisco Tomás y Valiente nació en Valencia el 8 de diciembre de 1932 en el seno de una familia modesta. Estudió Derecho en la Universidad de Valencia entre 1950 y 1955 mientras trabajaba en el banco donde también lo hacía su padre. En 1957 se doctoró cum laude con una tesis sobre derecho monitorio.

En 1964 obtuvo la cátedra de Historia del Derecho en la Universidad de La Laguna. Posteriormente pasó por Salamanca y se trasladó definitivamente a Madrid en 1980. Entre 1986 y 1992 fue presidente del Tribunal Constitucional, tras suceder a Manuel García-Pelayo. Formó parte de los doce magistrados que sentaron las bases de funcionamiento del órgano antes de su apertura en 1980.

Durante su discurso de despedida del Constitucional, afirmó que su ideología como magistrado era la Constitución de 1978, tanto en su espíritu como en su letra. Tras dejar el cargo, regresó a la docencia en la UAM y compaginó su labor académica con su puesto en el Consejo de Estado, donde fue consejero electivo y posteriormente permanente.

Mantuvo una relación cordial con el entonces presidente del Gobierno Felipe González, pero no dudó en denunciar los crímenes de los GAL en la lucha contra ETA. Un día después de su asesinato, se publicó su último artículo, en el que advertía contra la tentación de combatir el terrorismo utilizando los mismos métodos. En él escribió que “el mayor enemigo del Estado es la mala razón de Estado” y concluyó con una reflexión que marcó a toda una generación: “Cada vez que matan a un hombre en la calle nos matan un poco a cada uno de nosotros”.

Homenajes por el 30 aniversario del asesinato

El 30 aniversario del atentado ha estado marcado por diversos actos de homenaje, especialmente en la Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid, donde cada año se celebra la Semana Tomás y Valiente. En esta edición han participado figuras como el expresidente del Gobierno Felipe González y los expresidentes del Tribunal Constitucional Álvaro Rodríguez Bereijo y Pedro Cruz Villalón.

Los Reyes también han participado en los actos conmemorativos y han visitado la exposición “In memoriam Tomás y Valiente 1996-2026”, que recrea el despacho del jurista asesinado. Felipe VI ha pronunciado un discurso en recuerdo del magistrado un día antes de que se cumplieran 30 años del funeral celebrado en la catedral de la Almudena.

El Tribunal Constitucional ha recordado la “huella imborrable” del jurista. Su actual presidente, Cándido Conde-Pumpido, ha destacado la figura de Tomás y Valiente como la de un verdadero hombre de Estado, guiado por la razón y la palabra.

Un crimen que marcó la memoria colectiva

Tres décadas después, el asesinato de Francisco Tomás y Valiente sigue siendo un símbolo del dolor causado por el terrorismo y del despertar cívico que unió a la sociedad española frente a la violencia. La marea de las manos blancas se convirtió en uno de los movimientos ciudadanos más importantes de la historia reciente y en un precedente de la movilización social contra ETA.

El recuerdo del jurista, su defensa del Estado de derecho y su compromiso con la Constitución permanecen como legado de una figura clave en la historia democrática de España.

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