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Muere el hombre más sucio del mundo después de ducharse por primera vez desde hace más de medio siglo

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Muere el hombre más sucio del mundo después de ducharse por primera vez desde hace más de medio siglo

Ha muerto el hombre más sucio del mundo. Había pasado alrededor de seis décadas sin bañarse, y este domingo ha fallecido a los 94 años.

Amou Haji era un iraní que no se aseaba por miedo a enfermar, tal y como se demostró en La extraña vida de Amou Haji, un documental para dar a conocer a esta persona tan particular.

El ermitaño iraní dejó de ducharse a los 22 años con agua y jabón por miedo a enfermar y no lo había vuelto a hacer hasta los 94 años, cuando accedió a lavarse por primera vez en décadas.

Vivía aislado en Dejgah un pueblo de la provincia de Fars, fumando los cigarrillos que le entregaban otros ciudadanos, quienes intentaban, sin éxito, que su vecino se relacionara con el agua y el jabón, elementos que supo esquivar durante medio siglo por temor a enfermar.

Buena salud

Amou estuvo 63 años sin bañarse, pero eso no le restó salud.

En Irán los hombres tienden a vivir hasta los 77 y él ha superado ese promedio con un sistema inmunológico fuerte.

Hace 8 años aproximadamente, se sometió a un examen gracias al doctor Gholamreza Molavi de la Escuela de Salud Pública de Teherán. Aunque vivía rodeado de basura y animales muertos, Haji dio negativo en las pruebas de ETS, Hepatitis y parasitología.

Los médicos determinaron que esos resultados podían deberse a haber desarrollado un sistema inmune muy resistente al vivir en unas condiciones tan extremas como lo hacía él.

Amou estuvo 63 años sin bañarse, pero eso no le restó salud. Aunque en Irán los hombres tienden a vivir hasta los 77, él ha superado ese promedio con un sistema inmunológico fuerte.

Hace 8 años aproximadamente, se sometió a un examen gracias al doctor Gholamreza Molavi de la Escuela de Salud Pública de Teherán. Aunque vivía rodeado de basura y animales muertos, Haji dio negativo en las pruebas de ETS, Hepatitis y parasitología.

Los médicos determinaron que esos resultados podían deberse a haber desarrollado un sistema inmune muy resistente al vivir en unas condiciones tan extremas como lo hacía él.

¿Muerte por culpa del baño?

Los vecinos le tenían tanto cariño que le construyeron una choza.

Asimismo, hace unos meses le convencieron para que se diera un baño y así dejar atrás toda esa basura que ya había impregnado su ropa y piel.

Al final cedió a las presiones de sus vecinos y accedió a lavarse. Según la BBC y la agencia iraní de noticias IRNA, poco después de ello enfermó y acabó muriendo este domingo.

¿La causa de la muerte? Lo más probable es que su deceso estuviera relacionado con su dieta a base de carne podrida y agua en mal estado que bebía de una vieja lata de aceite.

Su plato favorito era el puercoespín, según afirmó en una entrevista para ‘Tehran Times’ hace un par de ellas, en la que también reveló que vivía en un agujero dentro de una choza que le habían construido.

Lo cierto es que ese baño puede ser tan solo una casualidad porque hasta el momento se desconocen las causas de su muerte, pero se intuye que no tiene nada que ver con la higiene, tan solo con su avanzada edad.

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Naia y su último regalo: una lección de amor, paz y vida con solo 16 años

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Naia tenía solo 16 años, pero hablaba de la vida con una madurez extraordinaria

Lo que conmueve de Naia no es únicamente todo lo que tuvo que afrontar siendo una adolescente. Es también cómo decidió mirar aquello que le estaba ocurriendo.

Durante su conversación con Carlos Roca habló de la enfermedad, de los tratamientos, de las operaciones y de lo difícil que fue explicar a sus hermanos pequeños lo que estaba sucediendo. Pero también habló de algo mucho más universal: de cómo cambia nuestra manera de entender la vida cuando dejamos de dar por hecho que tendremos todo el tiempo del mundo.

Naia reflexionaba sobre algo que muchos adultos olvidan: la salud es un regalo. La enfermedad le había hecho descubrir el valor de cosas que antes podían parecer pequeñas y que, de repente, adquirían una importancia enorme.

Los amigos, la familia, un concierto, una conversación, poder estar en casa o simplemente sentirse acompañada.

Su manera de expresarlo dejaba una reflexión difícil de olvidar: los problemas cotidianos que muchas veces parecen enormes pueden perder todo su peso cuando se contempla la vida desde otra perspectiva.

«Lo más importante es lo más simple»

Una de las grandes enseñanzas que deja Naia es precisamente esa capacidad de poner cada cosa en su sitio.

Durante la entrevista explicaba que la enfermedad le había enseñado a no conceder a los problemas cotidianos una importancia que quizá no merecen. También hablaba de no aplazar aquello que queremos hacer y de aprovechar la vida.

Su reflexión no nace de un libro ni de una teoría. Nace de una adolescente que tuvo que enfrentarse a una situación extraordinariamente dura.

Y ahí está buena parte de la fuerza de su mensaje: Naia no hablaba desde fuera de la vida, sino desde una experiencia que le obligó demasiado pronto a preguntarse qué significa realmente vivir.

El amor por su familia por encima de todo

Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista llega cuando habla de sus hermanos pequeños, Kirian y Carla.

Naia explica el vínculo que tenía con ellos y el amor que sentía por su familia. En medio de una situación que podría haberla llevado a encerrarse en su propio dolor, ella encontraba espacio para pensar en cómo estaban viviendo aquello las personas que quería.

También quiso reconocer a quienes estuvieron a su lado durante el proceso: su familia, sus amigos y los profesionales que la atendieron.

Para Naia, acompañar a alguien que atraviesa una enfermedad grave no consistía únicamente en decirle que podía conseguirlo. Era algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más profundo: estar.

Naia quería que la recordaran por quién era, no por su cáncer

Hay otra parte especialmente importante de su legado.

Naia no quería que su enfermedad se convirtiera en toda su identidad. Quería que quienes la conocían siguieran viendo a Naia, con sus virtudes, sus defectos, sus gustos y su manera de ser.

Tenía 16 años. Era una adolescente con amigos, estudios, planes y sueños. Quería seguir viviendo experiencias y haciendo cosas que cualquier joven de su edad considera normales.

Por eso su testimonio resulta tan poderoso: detrás del diagnóstico había una persona que quería ser reconocida por lo que era y por el amor que había compartido con quienes la rodeaban.

Una voz para el cáncer infantil

Naia también quiso aprovechar su historia para dar visibilidad al cáncer infantil.

Durante la entrevista reclamó más investigación y recursos para enfermedades que, como el osteosarcoma, pueden resultar desconocidas para gran parte de la sociedad. También puso el foco en la situación de las familias de Menorca y en la ausencia de determinados recursos de oncología pediátrica en la isla, que obliga a desplazarse a Mallorca para recibir atención especializada.

Su testimonio, por tanto, no era únicamente una despedida. Era también una petición para que su experiencia pudiera servir a otros niños y familias.

Su último regalo: una conversación para después de su muerte

Quizá uno de los aspectos que más define a Naia sea que pensó incluso en el momento en que ya no estaría.

Grabó la entrevista sabiendo que no quería que se publicara inmediatamente. Dejó claro que debía hacerse cuando su familia estuviera preparada.

Y así ha ocurrido.

Roca Project esperó hasta que llegó ese momento. El episodio se publicó el 16 de septiembre y rápidamente se convirtió en uno de los contenidos más vistos del programa. A las pocas horas ya acumulaba cientos de miles de visualizaciones.

Pero quizá el verdadero alcance de aquella conversación no pueda medirse en visualizaciones.

Porque Naia dejó algo mucho más difícil de conseguir: una forma de mirar la vida.

El legado de Naia: amor, paz y ganas de vivir

Naia tenía solo 16 años, pero dejó reflexiones que invitan a detenerse.

A valorar la salud.

A querer a la familia.

A estar al lado de quien sufre.

A no convertir cada pequeño problema en una tragedia.

A disfrutar de lo sencillo.

A hacer aquello que queremos hacer.

Y, sobre todo, a no olvidarnos de vivir mientras tenemos la oportunidad.

Su historia habla de cáncer, pero su legado habla de vida.

Habla de amor, porque hasta en los momentos más difíciles pensó en las personas que quería.

Habla de paz, porque no quiso dejar únicamente dolor detrás de ella.

Y habla de reconocimiento, porque quiso que su experiencia sirviera para que otros niños y otras familias tuvieran más voz, más recursos y más acompañamiento.

Naia se fue demasiado pronto. Pero dejó una conversación que permanece.

Una conversación en la que una niña de 16 años consiguió algo extraordinario: hacer que miles de personas adultas se detengan, escuchen y vuelvan a pensar en aquello que realmente importa.

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