Parece magia o parte de un maleficio, según dónde se mire. Pero, cada año, en los grandes sorteos como el de Navidad o el del Niño suele haber administraciones que reparten dinero casi todos los años. Sin embargo, otras, no reparten un buen premio durante décadas.
Sin ir más lejos, durante el sorteo del pasado 2025 se volvieron a vivir situaciones parecidas: varias administraciones que ya sabían lo que era repartir premios aparecieron de nuevo entre los establecimientos agraciados. Y, como sucede cada vez que una administración repite, enseguida surge la misma pregunta. ¿Qué tienen estos lugares para atraer tanto a la suerte?
Cuando una administración se gana la fama de afortunada
Uno de los casos más llamativos es el de El Búho de la Suerte, una administración de Gijón que lleva tres Navidades consecutivas dando alegrías a sus clientes. En 2023 repartió un décimo del Gordo y otros cuatro quintos premios. Al año siguiente volvió a acertar, Búho de la Suerte dio un quinto premio de la Lotería de Navidad 2025, esta vez con diez décimos del número 60.649.
Con semejante historial, resulta comprensible que los compradores empiecen a mirar estas administraciones con otros ojos. Cada premio se convierte en publicidad para el siguiente sorteo. Los vecinos comentan lo ocurrido, la noticia circula por las redes sociales y aparecen nuevos clientes que quieren probar fortuna.
El fenómeno lleva décadas repitiéndose en España y tiene algunos ejemplos especialmente conocidos: administraciones que se han convertido en auténticos lugares de peregrinación cada diciembre.
Horas de cola para comprar un décimo
Todo el que recorre el centro de Madrid durante las semanas previas a Navidad habrá visto las interminables colas de Doña Manolita. Hay personas que esperan varias horas para comprar un décimo que podrían adquirir en cualquier otra administración.
En algunos pueblos pequeños ocurre algo parecido. Hasta ellos llegan compradores de distintos puntos de España, atraídos por los premios repartidos durante años y por la creencia de que aquel establecimiento tiene algo especial.
Comprar lotería en estos lugares se ha convertido en una tradición familiar. Hay quien aprovecha las vacaciones para acercarse, quien encarga décimos a un conocido y quien lleva años repitiendo la visita porque una Navidad consiguió recuperar lo jugado.
El verdadero secreto está en los décimos vendidos
Las matemáticas ofrecen una explicación bastante sencilla. Una administración que vende una enorme cantidad de décimos y números diferentes tiene más posibilidades de repartir premios que otra con unas ventas mucho menores.
Ahora bien, cada número conserva exactamente las mismas probabilidades de resultar agraciado, independientemente del establecimiento donde se compre. En el caso del Gordo, la posibilidad es de una entre 100.000.
Lo interesante es que la propia fama termina alimentando las posibilidades de seguir repartiendo premios. Cuanto más conocida se vuelve una administración, más clientes recibe y más números distintos puede vender.
Aun así, cuesta imaginar una Navidad española sin supersticiones. Seguiremos buscando fechas especiales, terminaciones favoritas y administraciones afortunadas. Porque, aunque las estadísticas expliquen perfectamente lo que ocurre, a la hora de comprar un décimo, la ilusión suele pesar bastante más que las matemáticas.
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