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12 habilidades que los directivos deben poseer
Publicado
hace 4 añosen
José Ramón Fernández de la Cigoña Fraga, editor de contenidos del Grupo CEF.- UDIMA que ha elaborado esta serie de recomendaciones, “La dirección de un equipo de personas hacia un objetivo común es una de las tareas más apasionantes que un directivo puede acometer, pero no es una tarea fácil ya que requiere de habilidad, experiencia y formación”. Además añade “Es muy importante que los directivos sean capaces de renovarse constantemente y tener capacidad de adaptarse a las circunstancias y saber evolucionar ante los cambios del entorno, aprendiendo de sus aciertos y errores”.
12 habilidades que los directivos deben poseer:
1. Liderazgo. Aunar a un equipo en el logro de un objetivo con motivación y compromiso es una habilidad innata de los mejores directivos. Para ello el líder debe de ser capaz de descubrir y potenciar las capacidades de quienes forman su equipo, siendo como un entrenador («coach») que acompaña, instruye y entrena a sus integrantes.
2. Saber delegar. Un buen directivo debe tener capacidad para delegar funciones entre los miembros de su equipo, haciéndolos responsables de la correcta ejecución de las tareas, bien sea individualmente o a un conjunto de trabajadores. Para ello deberá saber discernir que tareas pueden ser delegadas o no.
3. Habilidad para la construcción de equipos. No hay que confundir un grupo de trabajadores con un “equipo”, que ha de estar organizado, motivado y disciplinado. Un equipo debe compartir logros y fracasos, siendo capaces de dejar de lado objetivos particulares en aras de la consecución de objetivos colectivos.
4. Saber comunicar. Tanto de forma oral como escrita, la habilidad para la comunicación deberá adaptarse a los diversos interlocutores, subordinados, superiores, etc. Será importante elegir los mejores momentos, medios y maneras de realizar la comunicación.
5. Capacidad de resolución de problemas. La habilidad principal es evitarlos, anticipándose a la eclosión de las situaciones conflictivas o problemáticas. Dado que eso no siempre ocurre el directivo deberá poner en juego todas sus capacidades para resolver los problemas de la mejor forma posible y con las menores consecuencias negativas.
6. Resiliencia. Es la capacidad para adaptarse positivamente a situaciones adversas. Un buen directivo habrá de decidir cuándo y de qué manera trasladar las situaciones difíciles a los miembros de su equipo, motivándolo para solucionar conjuntamente los momentos complicados por los que a menudo atraviesan las empresas.
7. Habilidades técnicas. De nada servirá las habilidades de gestión, si el directivo no dispone de un bagaje de conocimientos técnicos que le permitan supervisar y distribuir el trabajo entre los miembros de su equipo. Además, debe ser un referente para su equipo aportando sus conocimientos cuando sea preciso.
8. Empatía y habilidades sociales. La empatía es la capacidad de percibir, compartir y comprender lo que otro ser puede sentir, siendo esta una habilidad clave de cualquier directivo, que debe de tener la capacidad de ponerse en la situación de sus colaboradores. Ese tipo de relación generará un buen clima laboral, relaciones satisfactorias y se reforzarán los lazos entre los miembros del equipo.
9. Fluidez en la toma de decisiones. Gran parte del tiempo del directivo se utiliza para tomar decisiones, por lo que optimizar ese proceso contribuirá en gran manera a su éxito. Muy importante también será tomar cada decisión en el momento oportuno; los retrasos pueden hacer que una decisión ya no sea acertada.
10. Habilidades estratégicas. Un directivo ha de ser capaz de fijar prioridades y diseñar planes de acción para el logro de los objetivos establecidos. En suma, el directivo ha de ser un estratega.
11. Habilidad para gestionar los cambios. Como dijo Heráclito: «Todo fluye, todo cambia, nada permanece constante». Los directivos han de poseer la habilidad para liderar los cambios, siendo uno de los retos que tienen en la actualidad la adaptación a la digitalización de las empresas.
12. Habilidad para reconocer y recompensar. Un equipo que ve reconocido su esfuerzo y sea recompensado por su esfuerzo, aumentará su motivación así como su implicación para lograr llevar a cabo los objetivos establecidos por su líder.
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Naia y su último regalo: una lección de amor, paz y vida con solo 16 años
Publicado
hace 2 díasen
24 septiembre, 2026
Naia tenía solo 16 años, pero hablaba de la vida con una madurez extraordinaria
Lo que conmueve de Naia no es únicamente todo lo que tuvo que afrontar siendo una adolescente. Es también cómo decidió mirar aquello que le estaba ocurriendo.
Durante su conversación con Carlos Roca habló de la enfermedad, de los tratamientos, de las operaciones y de lo difícil que fue explicar a sus hermanos pequeños lo que estaba sucediendo. Pero también habló de algo mucho más universal: de cómo cambia nuestra manera de entender la vida cuando dejamos de dar por hecho que tendremos todo el tiempo del mundo.
Naia reflexionaba sobre algo que muchos adultos olvidan: la salud es un regalo. La enfermedad le había hecho descubrir el valor de cosas que antes podían parecer pequeñas y que, de repente, adquirían una importancia enorme.
Los amigos, la familia, un concierto, una conversación, poder estar en casa o simplemente sentirse acompañada.
Su manera de expresarlo dejaba una reflexión difícil de olvidar: los problemas cotidianos que muchas veces parecen enormes pueden perder todo su peso cuando se contempla la vida desde otra perspectiva.
«Lo más importante es lo más simple»
Una de las grandes enseñanzas que deja Naia es precisamente esa capacidad de poner cada cosa en su sitio.
Durante la entrevista explicaba que la enfermedad le había enseñado a no conceder a los problemas cotidianos una importancia que quizá no merecen. También hablaba de no aplazar aquello que queremos hacer y de aprovechar la vida.
Su reflexión no nace de un libro ni de una teoría. Nace de una adolescente que tuvo que enfrentarse a una situación extraordinariamente dura.
Y ahí está buena parte de la fuerza de su mensaje: Naia no hablaba desde fuera de la vida, sino desde una experiencia que le obligó demasiado pronto a preguntarse qué significa realmente vivir.
El amor por su familia por encima de todo
Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista llega cuando habla de sus hermanos pequeños, Kirian y Carla.
Naia explica el vínculo que tenía con ellos y el amor que sentía por su familia. En medio de una situación que podría haberla llevado a encerrarse en su propio dolor, ella encontraba espacio para pensar en cómo estaban viviendo aquello las personas que quería.
También quiso reconocer a quienes estuvieron a su lado durante el proceso: su familia, sus amigos y los profesionales que la atendieron.
Para Naia, acompañar a alguien que atraviesa una enfermedad grave no consistía únicamente en decirle que podía conseguirlo. Era algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más profundo: estar.
Naia quería que la recordaran por quién era, no por su cáncer
Hay otra parte especialmente importante de su legado.
Naia no quería que su enfermedad se convirtiera en toda su identidad. Quería que quienes la conocían siguieran viendo a Naia, con sus virtudes, sus defectos, sus gustos y su manera de ser.
Tenía 16 años. Era una adolescente con amigos, estudios, planes y sueños. Quería seguir viviendo experiencias y haciendo cosas que cualquier joven de su edad considera normales.
Por eso su testimonio resulta tan poderoso: detrás del diagnóstico había una persona que quería ser reconocida por lo que era y por el amor que había compartido con quienes la rodeaban.
Una voz para el cáncer infantil
Naia también quiso aprovechar su historia para dar visibilidad al cáncer infantil.
Durante la entrevista reclamó más investigación y recursos para enfermedades que, como el osteosarcoma, pueden resultar desconocidas para gran parte de la sociedad. También puso el foco en la situación de las familias de Menorca y en la ausencia de determinados recursos de oncología pediátrica en la isla, que obliga a desplazarse a Mallorca para recibir atención especializada.
Su testimonio, por tanto, no era únicamente una despedida. Era también una petición para que su experiencia pudiera servir a otros niños y familias.
Su último regalo: una conversación para después de su muerte
Quizá uno de los aspectos que más define a Naia sea que pensó incluso en el momento en que ya no estaría.
Grabó la entrevista sabiendo que no quería que se publicara inmediatamente. Dejó claro que debía hacerse cuando su familia estuviera preparada.
Y así ha ocurrido.
Roca Project esperó hasta que llegó ese momento. El episodio se publicó el 16 de septiembre y rápidamente se convirtió en uno de los contenidos más vistos del programa. A las pocas horas ya acumulaba cientos de miles de visualizaciones.
Pero quizá el verdadero alcance de aquella conversación no pueda medirse en visualizaciones.
Porque Naia dejó algo mucho más difícil de conseguir: una forma de mirar la vida.
El legado de Naia: amor, paz y ganas de vivir
Naia tenía solo 16 años, pero dejó reflexiones que invitan a detenerse.
A valorar la salud.
A querer a la familia.
A estar al lado de quien sufre.
A no convertir cada pequeño problema en una tragedia.
A disfrutar de lo sencillo.
A hacer aquello que queremos hacer.
Y, sobre todo, a no olvidarnos de vivir mientras tenemos la oportunidad.
Su historia habla de cáncer, pero su legado habla de vida.
Habla de amor, porque hasta en los momentos más difíciles pensó en las personas que quería.
Habla de paz, porque no quiso dejar únicamente dolor detrás de ella.
Y habla de reconocimiento, porque quiso que su experiencia sirviera para que otros niños y otras familias tuvieran más voz, más recursos y más acompañamiento.
Naia se fue demasiado pronto. Pero dejó una conversación que permanece.
Una conversación en la que una niña de 16 años consiguió algo extraordinario: hacer que miles de personas adultas se detengan, escuchen y vuelvan a pensar en aquello que realmente importa.
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