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¿A qué edad empiezan los niños valencianos con el uso del móvil?

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VALÈNCIA.- La edad media de inicio del uso del teléfono móvil en la provincia de València se sitúa en los diez años, según se desprende de un informe impulsado por la Diputación que «dibuja, por primera vez, un escenario completo del uso de las nuevas tecnologías entre los nueve y los 16 años», según ha informado la consultora que ha realizado el trabajo en un comunicado.

Asimismo, ha destacado que el informe, cuyo contenido completo y conclusiones se presentarán en una jornada que tendrá lugar en València el 27 de marzo, señala que la edad media de diez años «se reduce a los nueve años en el caso de tablets y consolas de videojuegos».

La consultora ha explicado que el trabajo, titulado ‘Estudio del uso de las tecnologías de la información y la comunicación en menores de la provincia de Valencia’, se enmarca en el Programa Provincial de Drogodependencias de la Diputación, vigente desde el año 2002. La iniciativa está dentro de una de las líneas de actuación previstas, el programa piloto DIP-TIC, «orientado a la prevención del mal uso o abuso de las tecnologías» y al «impulso de intervenciones educativo-preventivas que permitan dar respuesta eficaz a las necesidades y retos generados».

Igualmente, la empresa ha señalado que «el desconocimiento sobre los impactos reales, positivos y negativos, del uso y abuso de las nuevas tecnologías por parte de la población infantil y juvenil» le ha llevado a encargar a E-value, consultora especializada en el desarrollo de proyectos de sensibilización social, este estudio.

La jornada de presentación del informe, que contará con dos mesas redondas de expertos, será inaugurada por el presidente de Diputación de Valencia, Toni Gaspar, y clausurada por la diputada responsable del área de Bienestar Social, Mercedes Berenguer.

A este encuentro está previsto que asistan representantes institucionales de los 29 municipios a los que se ha extendido el estudio, todos ellos de menos de 20.000 habitantes, así como de los centros educativos que han participado directamente en este análisis. La investigación se ha centrado en niños y adolescentes de entre nueve y 16 años.

El documento recoge información y estadísticas sobre los usos de las tecnologías –para qué se utilizan–, los tiempos de conexión diaria y las franjas horarias, los malos usos, la exposición a riesgos, el conocimiento y las medidas de seguridad aplicadas y posibles acciones de prevención e intervención, tanto por parte de los usuarios como por sus progenitores y docentes, ha detallado la consultora.

La empresa ha señalado que cada punto del estudio se ha analizado teniendo en cuenta diferentes grupos de edad, sexo y características de la población de residencia.

Abuso de las tecnologías
Los responsables del estudio han planteado que «el uso de internet permite desarrollar destrezas en la socialización y habilidades cognitivas, así como ayudar a crear la personalidad del menor» pero han indicado que «al mismo tiempo, el abuso de las tecnologías puede llegar a causar trastornos emocionales, pérdida de control, cambios en la autoestima, aislamiento social, problemas psicosociales, de sueño o bajo rendimiento académico, entre otros».

En este sentido, han afirmado que «el nuevo enfoque educativo que hay que realizar en el ámbito de las TIC no se debe limitar a
transmitir sólo conocimientos, sino que, además, debe procurar capacitar en destrezas y habilidades que susciten actitudes y disposiciones adecuadas que ayuden a distinguir en qué nos ayudan y en qué nos limitan» con el fin de «poder actuar en consecuencia».

La consultora ha resaltado, asimismo, que «el ámbito familiar y el escolar necesitan conocer y reconocer las ventajas tecnológicas y los nuevos espacios de participación que ofrecen para la familia» y también «contar con herramientas que faciliten su función educativa y protectora frente a posibles riesgos».

Programa de la Diputación
Los objetivos del programa de la Diputación de Valencia en el que se enmarca el estudio son «modificar la percepción de riesgo y dotar de conocimientos sobre los principales problemas derivados del uso de las distintas tecnologías; mejorar el conocimiento y capacitar en destrezas y habilidades para el control tecnológico, y definir estrategias de reducción de riesgos frente a posibles situaciones problemáticas derivadas del uso de las tecnologías».

La consultora ha comentado que para alcanzar estos fines se ha abordado el estudio desde una doble perspectiva que aúna aspectos preventivos con conocimientos sobre el correcto manejo de nuevas tecnologías –con monitores expertos en cada uno de los ámbitos.

Fuente: Europa Press

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Naia y su último regalo: una lección de amor, paz y vida con solo 16 años

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Naia tenía solo 16 años, pero hablaba de la vida con una madurez extraordinaria

Lo que conmueve de Naia no es únicamente todo lo que tuvo que afrontar siendo una adolescente. Es también cómo decidió mirar aquello que le estaba ocurriendo.

Durante su conversación con Carlos Roca habló de la enfermedad, de los tratamientos, de las operaciones y de lo difícil que fue explicar a sus hermanos pequeños lo que estaba sucediendo. Pero también habló de algo mucho más universal: de cómo cambia nuestra manera de entender la vida cuando dejamos de dar por hecho que tendremos todo el tiempo del mundo.

Naia reflexionaba sobre algo que muchos adultos olvidan: la salud es un regalo. La enfermedad le había hecho descubrir el valor de cosas que antes podían parecer pequeñas y que, de repente, adquirían una importancia enorme.

Los amigos, la familia, un concierto, una conversación, poder estar en casa o simplemente sentirse acompañada.

Su manera de expresarlo dejaba una reflexión difícil de olvidar: los problemas cotidianos que muchas veces parecen enormes pueden perder todo su peso cuando se contempla la vida desde otra perspectiva.

«Lo más importante es lo más simple»

Una de las grandes enseñanzas que deja Naia es precisamente esa capacidad de poner cada cosa en su sitio.

Durante la entrevista explicaba que la enfermedad le había enseñado a no conceder a los problemas cotidianos una importancia que quizá no merecen. También hablaba de no aplazar aquello que queremos hacer y de aprovechar la vida.

Su reflexión no nace de un libro ni de una teoría. Nace de una adolescente que tuvo que enfrentarse a una situación extraordinariamente dura.

Y ahí está buena parte de la fuerza de su mensaje: Naia no hablaba desde fuera de la vida, sino desde una experiencia que le obligó demasiado pronto a preguntarse qué significa realmente vivir.

El amor por su familia por encima de todo

Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista llega cuando habla de sus hermanos pequeños, Kirian y Carla.

Naia explica el vínculo que tenía con ellos y el amor que sentía por su familia. En medio de una situación que podría haberla llevado a encerrarse en su propio dolor, ella encontraba espacio para pensar en cómo estaban viviendo aquello las personas que quería.

También quiso reconocer a quienes estuvieron a su lado durante el proceso: su familia, sus amigos y los profesionales que la atendieron.

Para Naia, acompañar a alguien que atraviesa una enfermedad grave no consistía únicamente en decirle que podía conseguirlo. Era algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más profundo: estar.

Naia quería que la recordaran por quién era, no por su cáncer

Hay otra parte especialmente importante de su legado.

Naia no quería que su enfermedad se convirtiera en toda su identidad. Quería que quienes la conocían siguieran viendo a Naia, con sus virtudes, sus defectos, sus gustos y su manera de ser.

Tenía 16 años. Era una adolescente con amigos, estudios, planes y sueños. Quería seguir viviendo experiencias y haciendo cosas que cualquier joven de su edad considera normales.

Por eso su testimonio resulta tan poderoso: detrás del diagnóstico había una persona que quería ser reconocida por lo que era y por el amor que había compartido con quienes la rodeaban.

Una voz para el cáncer infantil

Naia también quiso aprovechar su historia para dar visibilidad al cáncer infantil.

Durante la entrevista reclamó más investigación y recursos para enfermedades que, como el osteosarcoma, pueden resultar desconocidas para gran parte de la sociedad. También puso el foco en la situación de las familias de Menorca y en la ausencia de determinados recursos de oncología pediátrica en la isla, que obliga a desplazarse a Mallorca para recibir atención especializada.

Su testimonio, por tanto, no era únicamente una despedida. Era también una petición para que su experiencia pudiera servir a otros niños y familias.

Su último regalo: una conversación para después de su muerte

Quizá uno de los aspectos que más define a Naia sea que pensó incluso en el momento en que ya no estaría.

Grabó la entrevista sabiendo que no quería que se publicara inmediatamente. Dejó claro que debía hacerse cuando su familia estuviera preparada.

Y así ha ocurrido.

Roca Project esperó hasta que llegó ese momento. El episodio se publicó el 16 de septiembre y rápidamente se convirtió en uno de los contenidos más vistos del programa. A las pocas horas ya acumulaba cientos de miles de visualizaciones.

Pero quizá el verdadero alcance de aquella conversación no pueda medirse en visualizaciones.

Porque Naia dejó algo mucho más difícil de conseguir: una forma de mirar la vida.

El legado de Naia: amor, paz y ganas de vivir

Naia tenía solo 16 años, pero dejó reflexiones que invitan a detenerse.

A valorar la salud.

A querer a la familia.

A estar al lado de quien sufre.

A no convertir cada pequeño problema en una tragedia.

A disfrutar de lo sencillo.

A hacer aquello que queremos hacer.

Y, sobre todo, a no olvidarnos de vivir mientras tenemos la oportunidad.

Su historia habla de cáncer, pero su legado habla de vida.

Habla de amor, porque hasta en los momentos más difíciles pensó en las personas que quería.

Habla de paz, porque no quiso dejar únicamente dolor detrás de ella.

Y habla de reconocimiento, porque quiso que su experiencia sirviera para que otros niños y otras familias tuvieran más voz, más recursos y más acompañamiento.

Naia se fue demasiado pronto. Pero dejó una conversación que permanece.

Una conversación en la que una niña de 16 años consiguió algo extraordinario: hacer que miles de personas adultas se detengan, escuchen y vuelvan a pensar en aquello que realmente importa.

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