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Cómo salir ‘vivo’ de un grupo de WhatsApp fastidioso
Publicado
hace 4 añosen
Los sistemas de comunicación digital agrupados bajo el modelo de las redes sociales o mediante las apps de mensajería instantánea han creado en los seres humanos una sensación de sofoco inmanejable. Abruma todo ese ruido sin digerir, desde tantos lugares distintos, absolutamente difuso y desinhibido. Las fuentes de estrés se han multiplicado, y una de las que más aprietan son los dichosos grupos de WhatsApp, de los que apenas podemos librarnos. Por eso, damos las claves para salir ‘vivo’ de un grupo de WhatsApp.
Nadie nos enseñó a relacionarnos en grupos virtuales de treinta personas, donde todo está permitido salvo la deserción. Con semejante cantidad de estímulos, hoy más que nunca es de vital importancia que los seres humanos aprendamos sobre nosotros mismos, para así poder sacar el mayor rendimiento a las herramientas que los avances tecnológicos ponen a nuestra disposición. Madurar emocionalmente es la clave; si dejamos ese camino por recorrer, las tecnologías, en lugar de ser bienvenidas, acabarán siendo rechazadas como un órgano en mal estado y el ser humano seguirá instalado en el sufrimiento.
¿Está la sociedad preparada para el WhatsApp?
La pregunta –que debimos hacernos en su día– es: ¿está la sociedad preparada para el whatsapp? Han pasado ya muchos años desde su lanzamiento y la respuesta es: no del todo. Las emociones tóxicas que afloran más a menudo de entre los miembros que conforman estos grupos son la indignación, la ira, el desprecio, la frustración, el rechazo, el sufrimiento y el dolor. Un dolor completamente inadvertido.
Al grupo de whatsapp solemos entrar como el bebé que acude por primera vez a la guardería. Entra feliz. Solo percibe un lugar de diversión, más bebés y un puñado grande de juguetes. Está rodeado de buenas promesas y, por detrás, sus padres le animan a que las disfrute. Pero de repente se gira y las personas más importantes de su vida ya no están, no las ve, no las encuentra; está solo y se siente abandonado. Después, esa primera decepción desaparece con la certeza de que no hay tal abandono y con la posibilidad de aprender cosas que los padres no pueden enseñar. El grupo de whatsapp es algo así: te puedes retroalimentar con la frustración de lo que falta o utilizarlo para aprender, descubrir y crear.
Cómo salir ‘vivo’ de un grupo de WhatsApp
Antes de aprender a huir de un grupo de whatsapp incómodo, conviene detectar qué emociones hacen que no nos sintamos a gusto en él. El miedo que sentimos cuando creemos que debemos estar en un grupo y no cuentan con nosotros, o cuentan a regañadientes. El rechazo que sentimos cuando enviamos una foto o un vídeo y nadie hace ningún comentario, o el enfado cuando otra persona envía una foto y todo el mundo le presta la atención que a nosotros se nos negó. Luego, por contraste, destaca la alegría sentida al enviar algo divertido sin reparar demasiado en ello, o contestando –y dejando de hacerlo– cuando lo consideramos oportuno. Al margen de cualquier autopresión.
Si después de identificar nuestros sentimientos negativos no conseguimos enjuagarlos dentro del grupo, siempre tenemos la opción de escapar. Parece un tabú moderno, pero el grupo de whatsapp debe ser un canal de comunicación, no una cárcel. Ocurre sobre todo en los grupos familiares que surgen roces y se genera malestar a partir de aparentes nimiedades. Alguien dice que no tiene dinero para ayudar al padre o la madre pero a las tres semanas envía una foto de sus vacaciones ‘todo incluido’ en Punta Cana. A veces un simple comentario puede fastidiar y todo el mundo piensa en irse del grupo, pero nadie lo hace. Si queremos salirnos, ¿cómo podemos hacerlo?
Qué decir para abandonar el grupo
Partiendo de la idea de que es muy complicado irse de un grupo obligado sin ofender a alguno de los presentes, la mejor opción pasa por decir: “Voy a descansar de todos los grupos de whatsapp por una temporada. Desconexión total. Nos hablamos en persona”. A partir de aquí, crea un grupo con las personas de más confianza. Prueba a crear un grupo pequeño y aumentarlo poco a poco, si funciona, sigue hasta que empiece a generarte más estrés. Entonces, con la experiencia previa de haber dejado otros grupos, no te costará tanto salirte. Hay que utilizar la valentía y superar el miedo –irreal– a quedarte solo fuera de esos grupos.
Tal vez de este modo evitemos muchos problemas con familiares, amigos o conocidos que surgen a raíz de una discusión tonta en un grupo debido, en parte, a la falta de matices en ese tipo de comunicación. Cada persona a de mirar si el grupo le hace bien o, por el contrario, le saca lo peor de sí. De nuevo: no es ninguna obligación; partamos de ahí. Quedémonos en los grupos que nos hagan sentir bien, vayámonos de los que nos hagan sentir mal y creemos los grupos en los que de verdad nos apetezca estar. Agarremos el timón frente al ruido torrencial de los grupos de whatsapp.
Por Carmen Sánchez, experta en Inteligencia Emocional
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Naia y su último regalo: una lección de amor, paz y vida con solo 16 años
Publicado
hace 2 díasen
24 septiembre, 2026
Naia tenía solo 16 años, pero hablaba de la vida con una madurez extraordinaria
Lo que conmueve de Naia no es únicamente todo lo que tuvo que afrontar siendo una adolescente. Es también cómo decidió mirar aquello que le estaba ocurriendo.
Durante su conversación con Carlos Roca habló de la enfermedad, de los tratamientos, de las operaciones y de lo difícil que fue explicar a sus hermanos pequeños lo que estaba sucediendo. Pero también habló de algo mucho más universal: de cómo cambia nuestra manera de entender la vida cuando dejamos de dar por hecho que tendremos todo el tiempo del mundo.
Naia reflexionaba sobre algo que muchos adultos olvidan: la salud es un regalo. La enfermedad le había hecho descubrir el valor de cosas que antes podían parecer pequeñas y que, de repente, adquirían una importancia enorme.
Los amigos, la familia, un concierto, una conversación, poder estar en casa o simplemente sentirse acompañada.
Su manera de expresarlo dejaba una reflexión difícil de olvidar: los problemas cotidianos que muchas veces parecen enormes pueden perder todo su peso cuando se contempla la vida desde otra perspectiva.
«Lo más importante es lo más simple»
Una de las grandes enseñanzas que deja Naia es precisamente esa capacidad de poner cada cosa en su sitio.
Durante la entrevista explicaba que la enfermedad le había enseñado a no conceder a los problemas cotidianos una importancia que quizá no merecen. También hablaba de no aplazar aquello que queremos hacer y de aprovechar la vida.
Su reflexión no nace de un libro ni de una teoría. Nace de una adolescente que tuvo que enfrentarse a una situación extraordinariamente dura.
Y ahí está buena parte de la fuerza de su mensaje: Naia no hablaba desde fuera de la vida, sino desde una experiencia que le obligó demasiado pronto a preguntarse qué significa realmente vivir.
El amor por su familia por encima de todo
Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista llega cuando habla de sus hermanos pequeños, Kirian y Carla.
Naia explica el vínculo que tenía con ellos y el amor que sentía por su familia. En medio de una situación que podría haberla llevado a encerrarse en su propio dolor, ella encontraba espacio para pensar en cómo estaban viviendo aquello las personas que quería.
También quiso reconocer a quienes estuvieron a su lado durante el proceso: su familia, sus amigos y los profesionales que la atendieron.
Para Naia, acompañar a alguien que atraviesa una enfermedad grave no consistía únicamente en decirle que podía conseguirlo. Era algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más profundo: estar.
Naia quería que la recordaran por quién era, no por su cáncer
Hay otra parte especialmente importante de su legado.
Naia no quería que su enfermedad se convirtiera en toda su identidad. Quería que quienes la conocían siguieran viendo a Naia, con sus virtudes, sus defectos, sus gustos y su manera de ser.
Tenía 16 años. Era una adolescente con amigos, estudios, planes y sueños. Quería seguir viviendo experiencias y haciendo cosas que cualquier joven de su edad considera normales.
Por eso su testimonio resulta tan poderoso: detrás del diagnóstico había una persona que quería ser reconocida por lo que era y por el amor que había compartido con quienes la rodeaban.
Una voz para el cáncer infantil
Naia también quiso aprovechar su historia para dar visibilidad al cáncer infantil.
Durante la entrevista reclamó más investigación y recursos para enfermedades que, como el osteosarcoma, pueden resultar desconocidas para gran parte de la sociedad. También puso el foco en la situación de las familias de Menorca y en la ausencia de determinados recursos de oncología pediátrica en la isla, que obliga a desplazarse a Mallorca para recibir atención especializada.
Su testimonio, por tanto, no era únicamente una despedida. Era también una petición para que su experiencia pudiera servir a otros niños y familias.
Su último regalo: una conversación para después de su muerte
Quizá uno de los aspectos que más define a Naia sea que pensó incluso en el momento en que ya no estaría.
Grabó la entrevista sabiendo que no quería que se publicara inmediatamente. Dejó claro que debía hacerse cuando su familia estuviera preparada.
Y así ha ocurrido.
Roca Project esperó hasta que llegó ese momento. El episodio se publicó el 16 de septiembre y rápidamente se convirtió en uno de los contenidos más vistos del programa. A las pocas horas ya acumulaba cientos de miles de visualizaciones.
Pero quizá el verdadero alcance de aquella conversación no pueda medirse en visualizaciones.
Porque Naia dejó algo mucho más difícil de conseguir: una forma de mirar la vida.
El legado de Naia: amor, paz y ganas de vivir
Naia tenía solo 16 años, pero dejó reflexiones que invitan a detenerse.
A valorar la salud.
A querer a la familia.
A estar al lado de quien sufre.
A no convertir cada pequeño problema en una tragedia.
A disfrutar de lo sencillo.
A hacer aquello que queremos hacer.
Y, sobre todo, a no olvidarnos de vivir mientras tenemos la oportunidad.
Su historia habla de cáncer, pero su legado habla de vida.
Habla de amor, porque hasta en los momentos más difíciles pensó en las personas que quería.
Habla de paz, porque no quiso dejar únicamente dolor detrás de ella.
Y habla de reconocimiento, porque quiso que su experiencia sirviera para que otros niños y otras familias tuvieran más voz, más recursos y más acompañamiento.
Naia se fue demasiado pronto. Pero dejó una conversación que permanece.
Una conversación en la que una niña de 16 años consiguió algo extraordinario: hacer que miles de personas adultas se detengan, escuchen y vuelvan a pensar en aquello que realmente importa.
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