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GALERÍA | Ofrenda marinera floral a la Virgen de los Desamparados sumergida en el Puerto de Valencia

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La imagen de la Virgen de los Desamparados sumergida en el Puerto de Valencia recibió el pasado domingo la ofrenda marinera de flores organizada por la Federación Agrupación de Fallas del Marítimo con la colaboración del Club de Buceo Gised Valencia y del Real Club Náutico de Valencia (RCNV).

En el acto participaron las Falleras Mayores e Infantiles de las comisiones de la Agrupación de Fallas del Marítimo, entidad que organiza esta ofrenda desde 1996, en la semana del 9 d’Octubre para unirse a la fiesta de la Comunitat Valenciana, indican desde la Federación fallera, constituida por 46 comisiones.

Para este acto, el Real Club Náutico cedió sus instalaciones y las embarcaciones que trasladaron a la comitiva hasta la zona donde está la imagen sumergida de la Virgen de los Desamparados.

Antes de la inmersión, el presidente de la Agrupación de Fallas del Marítimo, Julián Carabantes, y el Comandante Naval de Valencia y Castellón, Alfredo Cordón Scharfhausen, entregaron a los buceadores un ramo de flores y las Falleras Mayores e Infantiles también lanzaron claveles.

Después, seis submarinistas se sumergieron para llevar el ramo hasta la imagen de la Mare de Déu, que es propiedad del Club de Buceo Gised y que está situada en el fondo del mar, en el espigón exterior del Club Náutico de Valencia.

Rosario misionero

Además de las flores, en la ofrenda del domingo los submarinistas también bajaron a la imagen de la Mare de Déu un Rosario misionero, “ya que estamos en el mes del Rosario y de las misiones”, explica José Ángel Crespo, presidente del Altar Playa San Vicente Ferrer del Canyamelar, que propuso esta iniciativa.

Por tanto, “ahora la imagen sumergida de la Virgen tiene un Rosario de varios colores que representa los cinco continentes: el verde es África, el rojo América, el blanco Europa, el azul Oceanía y el amarillo, Asia”, señala Crespo. Además, la ofrenda de este Rosario se realizó el 2 de octubre, “primer domingo de octubre, que es cuando se celebra la fiesta de la parroquia del Rosario del Canyamelar”.

Imagen esculpida en bronce en 1977

La imagen sumergida fue esculpida en bronce en 1977 por el escultor Ignacio Cuartero Fernández, miembro del grupo de buceo GISED Valencia.

 

Tras permanecer más de 30 años bajo el mar, a 14 metros de profundidad frente al faro de Valencia, la imagen fue extraída en 2007 debido a las obras en el Puerto, circunstancia que fue aprovechada para restaurarla y exponerla. En 2009 volvió a ser sumergida “en un lugar más accesible, frente al espigón situado junto a sus instalaciones, a 10 metros de profundidad”.

En el mes de mayo tiene lugar la ofrenda a la imagen sumergida de la Virgen de los Desamparados con motivo de la fiesta de la Patrona. Se realiza desde hace más de 40 años y la organiza el Real Club Náutico de Valencia y el Club de buceo GISED Valencia.

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Naia y su último regalo: una lección de amor, paz y vida con solo 16 años

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Naia tenía solo 16 años, pero hablaba de la vida con una madurez extraordinaria

Lo que conmueve de Naia no es únicamente todo lo que tuvo que afrontar siendo una adolescente. Es también cómo decidió mirar aquello que le estaba ocurriendo.

Durante su conversación con Carlos Roca habló de la enfermedad, de los tratamientos, de las operaciones y de lo difícil que fue explicar a sus hermanos pequeños lo que estaba sucediendo. Pero también habló de algo mucho más universal: de cómo cambia nuestra manera de entender la vida cuando dejamos de dar por hecho que tendremos todo el tiempo del mundo.

Naia reflexionaba sobre algo que muchos adultos olvidan: la salud es un regalo. La enfermedad le había hecho descubrir el valor de cosas que antes podían parecer pequeñas y que, de repente, adquirían una importancia enorme.

Los amigos, la familia, un concierto, una conversación, poder estar en casa o simplemente sentirse acompañada.

Su manera de expresarlo dejaba una reflexión difícil de olvidar: los problemas cotidianos que muchas veces parecen enormes pueden perder todo su peso cuando se contempla la vida desde otra perspectiva.

«Lo más importante es lo más simple»

Una de las grandes enseñanzas que deja Naia es precisamente esa capacidad de poner cada cosa en su sitio.

Durante la entrevista explicaba que la enfermedad le había enseñado a no conceder a los problemas cotidianos una importancia que quizá no merecen. También hablaba de no aplazar aquello que queremos hacer y de aprovechar la vida.

Su reflexión no nace de un libro ni de una teoría. Nace de una adolescente que tuvo que enfrentarse a una situación extraordinariamente dura.

Y ahí está buena parte de la fuerza de su mensaje: Naia no hablaba desde fuera de la vida, sino desde una experiencia que le obligó demasiado pronto a preguntarse qué significa realmente vivir.

El amor por su familia por encima de todo

Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista llega cuando habla de sus hermanos pequeños, Kirian y Carla.

Naia explica el vínculo que tenía con ellos y el amor que sentía por su familia. En medio de una situación que podría haberla llevado a encerrarse en su propio dolor, ella encontraba espacio para pensar en cómo estaban viviendo aquello las personas que quería.

También quiso reconocer a quienes estuvieron a su lado durante el proceso: su familia, sus amigos y los profesionales que la atendieron.

Para Naia, acompañar a alguien que atraviesa una enfermedad grave no consistía únicamente en decirle que podía conseguirlo. Era algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más profundo: estar.

Naia quería que la recordaran por quién era, no por su cáncer

Hay otra parte especialmente importante de su legado.

Naia no quería que su enfermedad se convirtiera en toda su identidad. Quería que quienes la conocían siguieran viendo a Naia, con sus virtudes, sus defectos, sus gustos y su manera de ser.

Tenía 16 años. Era una adolescente con amigos, estudios, planes y sueños. Quería seguir viviendo experiencias y haciendo cosas que cualquier joven de su edad considera normales.

Por eso su testimonio resulta tan poderoso: detrás del diagnóstico había una persona que quería ser reconocida por lo que era y por el amor que había compartido con quienes la rodeaban.

Una voz para el cáncer infantil

Naia también quiso aprovechar su historia para dar visibilidad al cáncer infantil.

Durante la entrevista reclamó más investigación y recursos para enfermedades que, como el osteosarcoma, pueden resultar desconocidas para gran parte de la sociedad. También puso el foco en la situación de las familias de Menorca y en la ausencia de determinados recursos de oncología pediátrica en la isla, que obliga a desplazarse a Mallorca para recibir atención especializada.

Su testimonio, por tanto, no era únicamente una despedida. Era también una petición para que su experiencia pudiera servir a otros niños y familias.

Su último regalo: una conversación para después de su muerte

Quizá uno de los aspectos que más define a Naia sea que pensó incluso en el momento en que ya no estaría.

Grabó la entrevista sabiendo que no quería que se publicara inmediatamente. Dejó claro que debía hacerse cuando su familia estuviera preparada.

Y así ha ocurrido.

Roca Project esperó hasta que llegó ese momento. El episodio se publicó el 16 de septiembre y rápidamente se convirtió en uno de los contenidos más vistos del programa. A las pocas horas ya acumulaba cientos de miles de visualizaciones.

Pero quizá el verdadero alcance de aquella conversación no pueda medirse en visualizaciones.

Porque Naia dejó algo mucho más difícil de conseguir: una forma de mirar la vida.

El legado de Naia: amor, paz y ganas de vivir

Naia tenía solo 16 años, pero dejó reflexiones que invitan a detenerse.

A valorar la salud.

A querer a la familia.

A estar al lado de quien sufre.

A no convertir cada pequeño problema en una tragedia.

A disfrutar de lo sencillo.

A hacer aquello que queremos hacer.

Y, sobre todo, a no olvidarnos de vivir mientras tenemos la oportunidad.

Su historia habla de cáncer, pero su legado habla de vida.

Habla de amor, porque hasta en los momentos más difíciles pensó en las personas que quería.

Habla de paz, porque no quiso dejar únicamente dolor detrás de ella.

Y habla de reconocimiento, porque quiso que su experiencia sirviera para que otros niños y otras familias tuvieran más voz, más recursos y más acompañamiento.

Naia se fue demasiado pronto. Pero dejó una conversación que permanece.

Una conversación en la que una niña de 16 años consiguió algo extraordinario: hacer que miles de personas adultas se detengan, escuchen y vuelvan a pensar en aquello que realmente importa.

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