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Psicología

¿Te sientes culpable por descansar? Estas son las señales del síndrome del impostor vacacional, según una experta

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Si en vacaciones no consigues desconectar, revisas el correo constantemente o sientes que estás perdiendo el tiempo por no ser productivo, podrías estar experimentando el llamado síndrome del impostor vacacional o stresslaxing.

Lo que debería ser un periodo de descanso se convierte para muchas personas en una fuente de ansiedad. La directora del Grado en Psicología de la Universidad Internacional de Valencia (VIU), Encarna Rama, alerta de que la cultura del hiperrendimiento está haciendo que cada vez más personas se sientan culpables por descansar.

¿Qué es el síndrome del impostor vacacional?

El síndrome del impostor vacacional, también conocido como stresslaxing, describe la sensación de ansiedad, culpa o malestar por dejar de trabajar o de ser productivo durante las vacaciones.

Según explica la psicóloga, muchas personas han interiorizado la idea de que parar es sinónimo de perder el tiempo o de ser menos competentes profesionalmente.

«Estar parado se ha relacionado con algo negativo y muchas personas llegan a cuestionarse si son buenos profesionales simplemente por descansar», señala Encarna Rama.

Si tienes estas señales, puede que te esté ocurriendo

Los especialistas advierten de que estos son algunos de los síntomas más habituales:

1. Sientes culpa cuando no haces nada

Aunque estés de vacaciones, tienes la sensación de que deberías estar aprovechando el tiempo para trabajar, estudiar o hacer algo «útil».

2. No puedes dejar de mirar el móvil

Revisas constantemente el correo electrónico, los mensajes de trabajo o las notificaciones por miedo a perderte algo importante.

3. Necesitas estar siempre ocupado

Llenas cada momento libre con cursos, tareas pendientes, planificación o actividades productivas porque el descanso te genera incomodidad.

4. Te cuesta desconectar mentalmente

Aunque estés en la playa o de viaje, tu cabeza sigue pensando en reuniones, proyectos o problemas laborales.

5. Comparas tus vacaciones con las de los demás

Las redes sociales pueden aumentar la sensación de que todo el mundo aprovecha mejor el tiempo o tiene una vida más exitosa.

6. Descansar te produce ansiedad

En lugar de relajarte, notas nerviosismo cuando intentas parar.

Los síntomas físicos que pueden aparecer

Si esta situación se mantiene en el tiempo, puede provocar consecuencias tanto físicas como emocionales.

Entre los síntomas más frecuentes destacan:

  • Dolores de cabeza.
  • Insomnio.
  • Tensión muscular.
  • Palpitaciones.
  • Ataques de ansiedad.
  • Irritabilidad.
  • Cansancio persistente.
  • Problemas en las relaciones familiares y de pareja.

¿Por qué ocurre?

La experta compara este proceso con una bicicleta en movimiento: aunque dejes de pedalear, sigue avanzando durante un tiempo.

Algo similar ocurre con el cerebro tras meses de estrés y ritmo intenso de trabajo. No es capaz de desconectar de forma inmediata y necesita un periodo de adaptación.

Además, la sobreexposición a redes sociales y la cultura de la productividad constante refuerzan la idea de que siempre hay que estar haciendo algo.

Cómo aprender a desconectar

Los psicólogos recomiendan entrenar el descanso igual que cualquier otro hábito saludable.

No se trata de permanecer completamente inactivo, sino de dedicar tiempo a actividades que generen bienestar sin perseguir un objetivo productivo, como pasear, leer, practicar deporte, disfrutar de la naturaleza o compartir tiempo con familiares y amigos.

Reconocer la necesidad de descansar y aceptar que las vacaciones forman parte del cuidado de la salud física y mental es, según los expertos, el primer paso para romper con la cultura de la hiperproductividad.

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Psicología

Señales de alarma del suicidio: cómo detectarlas y actuar a tiempo

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señales de alarma suicidio
PIXABAY

Cada 10 de septiembre se conmemora el Día Internacional para la Prevención del Suicidio, una jornada que busca visibilizar un problema que sigue siendo un tabú social y que provoca cada año miles de muertes evitables en todo el mundo. En España, según los últimos datos del Instituto Nacional de Estadística, más de 4.000 personas se quitan la vida cada año, lo que convierte el suicidio en la primera causa de muerte externa, muy por encima de los accidentes de tráfico.

El lema elegido para 2025 es “Changing the Narrative on Suicide” (Cambiando la narrativa sobre el suicidio). El objetivo es claro: romper con el silencio, desmontar mitos y generar un diálogo abierto que ayude a prevenir y a acompañar a quienes atraviesan un sufrimiento intenso.

Hablar del suicidio no lo provoca: un mito que hay que superar

Los psicólogos valencianos Enric Valls y Gracia Vinagre insisten en la importancia de hablar abiertamente sobre el suicidio. Valls recalca que no se trata de inducir, sino de informar, sensibilizar y concienciar: “Hablar es abrir salidas de emergencia. Si preguntamos y escuchamos, estamos dando a la persona la oportunidad de expresar su sufrimiento”.

Por su parte, Vinagre recuerda que el mito de que hablar del suicidio aumenta el riesgo es falso: “Cuando no se habla, quienes tienen ideas suicidas no se atreven a contarlo por miedo al juicio. Eso les deja aún más aislados y sin ayuda”.

Factores de riesgo y señales de alarma

La presidenta de la Federación de Salud Mental de la Comunitat Valenciana, Rosa Bayarri, advierte que el suicidio no responde a una única causa ni afecta a un solo grupo social. Entre las situaciones con mayor prevalencia se encuentran:

  • Jóvenes que no ven futuro ni oportunidades.

  • Personas desempleadas o en situación de calle.

  • Reclusos y personas privadas de libertad.

  • Víctimas de violencia machista.

  • Niños y adolescentes víctimas de acoso escolar.

  • Personas que sufren homofobia, racismo o discriminación.

  • Quienes padecen trastornos de salud mental graves.

Las señales de alarma incluyen cambios drásticos de conducta, aislamiento social, verbalizaciones sobre la muerte, pérdida de interés en actividades cotidianas, consumo abusivo de alcohol o drogas y conductas de riesgo.

El suicidio: acabar con el dolor, no con la vida

Enric Valls explica que, desde el punto de vista cognitivo, el suicidio no significa querer morir, sino “acabar con una situación insoportable de dolor”. Por eso, recalca, la clave está en mostrar que hay alternativas y muchas formas de aliviar el sufrimiento: ampliar redes sociales, pedir ayuda profesional o incluso ayudar a otros para encontrar sentido.

Gracia Vinagre añade que simplemente escuchar puede ser un acto preventivo: “Si alguien habla de suicidio y la otra persona responde con silencio o indiferencia, la sensación de aislamiento se multiplica. Pero si se aborda el tema con comprensión, se abre una puerta a la esperanza”.

El papel de los medios de comunicación

El Ministerio de Sanidad elaboró en 2020 una guía de recomendaciones para el tratamiento del suicidio en los medios. En ella se insiste en dos ideas clave:

  • El silencio informativo no es una opción, porque invisibiliza el problema.

  • El sensacionalismo tampoco lo es, ya que puede generar un efecto imitación.

Los expertos apuntan al efecto Papageno: mostrar testimonios de personas que han superado crisis suicidas y han encontrado alternativas puede tener un potente efecto preventivo.

Un problema social, no individual

Las asociaciones insisten en que el suicidio no puede entenderse como un problema exclusivo del individuo o de su familia, sino como un problema social que requiere respuestas colectivas. La prevención pasa por reforzar los servicios de salud mental, garantizar atención inmediata en situaciones de crisis y promover campañas de sensibilización permanentes.

En 2025, el Gobierno de España ha puesto en marcha el Plan Nacional de Prevención del Suicidio 2025-2027, que incluye la creación de un registro nacional de datos, un observatorio estatal, autopsias psicológicas y protocolos de intervención en colegios, centros de salud y residencias. Además, se han destinado más de 17 millones de euros a programas específicos de prevención.

Un reto añadido: jóvenes y nuevas tecnologías

Los expertos advierten de un reto emergente: el uso de inteligencia artificial y chatbots por parte de adolescentes y jóvenes en crisis. Aunque pueden ofrecer compañía, a veces refuerzan las ideas suicidas en lugar de contrarrestarlas. Por ello, se pide que estas herramientas estén programadas para derivar a recursos profesionales y no para validar decisiones de riesgo.

Cómo ayudar desde el entorno

La prevención del suicidio empieza en lo cotidiano. Los especialistas recomiendan:

  • Escuchar sin juzgar a la persona en crisis.

  • Preguntar directamente si tiene pensamientos suicidas.

  • Ofrecer apoyo emocional con gestos sencillos: mirar a los ojos, abrazar, acompañar.

  • No minimizar su dolor ni responder con frases hechas.

  • Facilitar recursos de ayuda profesional.

Recursos de ayuda inmediata

Las personas en crisis y sus allegados pueden recurrir a diferentes recursos de apoyo disponibles las 24 horas del día:

  • Teléfono 024: línea de atención nacional para la prevención del suicidio.

  • 112: número de emergencias para situaciones de riesgo inminente.

  • Teléfono de la Esperanza: 717 00 37 17.

Conclusión: hablar salva vidas

El Día Internacional para la Prevención del Suicidio 2025 nos recuerda que nadie quiere morir, sino dejar de sufrir. Hablar, escuchar y actuar son las claves para ofrecer alternativas y esperanza. Romper el tabú es el primer paso para que miles de personas encuentren una salida distinta al dolor.


Metadescripción SEO: El 10 de septiembre se celebra el Día Internacional para la Prevención del Suicidio 2025. Expertos en salud mental reclaman hablar del suicidio sin tabúes, detectar señales de alarma y ofrecer apoyo. En España, más de 4.000 personas se quitan la vida cada año.

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