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Un año de pandemia: las incógnitas que la ciencia aún tiene que resolver
Publicado
hace 6 añosen
(EFE).- Lograr en meses varias vacunas contra la covid-19 es un hito, como también lo es secuenciar en pocos días el genoma del SARS-CoV-2 o descubrir su llave para entrar en las células humanas. La ciencia ha demostrado su papel clave y sigue empeñada en aclarar las importantes incógnitas que aún quedan por resolver.
¿Cuánto duran los anticuerpos tras una infección? ¿Y la inmunidad de las vacunas? ¿Pueden los vacunados contagiar el coronavirus? ¿Cómo reaccionará el SARS-CoV-2 ante una población distinta a cuando comenzó la pandemia? ¿Seguirán preocupando las variantes? ¿Y las reinfecciones?
Responder a estas preguntas es vital para afinar en las estrategias de vacunación, para saber si habrá que actualizar/sustituir o no las vacunas o para decidir sobre la severidad o flexibilidad de las restricciones; en definitiva, para dibujar nuestro próximo futuro.
PRESIÓN DE SELECCIÓN
Una de las grandes cuestiones que quedan por responder es cómo se comportará el virus ante la nueva «presión de selección», explica a Efe Iñaki Comas, investigador del Instituto de Biomedicina de Valencia (IBV-CSIC) y director del consorcio SeqCovid-Spain, encargado de la secuenciación de miles de genomas del SARS-CoV-2.
El coronavirus empezó infectando a una población que no estaba inmunizada, que no tenía una respuesta ya preparada contra él, pero ahora, aunque no esté claro cuánto dura la inmunización, hay un porcentaje de la población que ya ha pasado la infección y otro porcentaje que está vacunado o se vacunará en los próximos meses.
Por lo tanto, el SARS-CoV-2 no va a tener «un territorio virgen por explorar», sino que «va a tener que luchar contra unos sistemas inmunes previsiblemente preparados para reconocerlo y atacarlo. Y no sabemos cómo va a reaccionar a esta nueva presión de selección».
«Así como sabemos que el virus de la gripe todos los años termina escapando un poco a las vacunas, por eso se cambian cada año, en el SARS-CoV-2 lo desconocemos».
La teoría dice que, en general, el «escape vacunal» no es tan común como podemos pensar y la tasa de mutación de este coronavirus no parece tan alta como la de la gripe, «por lo que en principio esperaríamos una cierta estabilidad por lo menos de varios años».
La idea con la que se especula es que cuando haya suficiente inmunidad termine convirtiéndose en un virus estacional, solo con picos en momentos favorables, por ejemplo en invierno, cuando se usan más los espacios cerrados. Pero es pronto para afirmarlo; quedan, insiste el investigador, varias incógnitas por aclarar.
Y es que, en la actualidad existen variantes del virus, con una acumulación de mutaciones que se caracterizan por algo que antes no veíamos y que preocupan porque, si bien ahora no ponen en cuestión las vacunas, podrían hacerlo. Si fuera así, habría que modificarlas o, incluso, sustituirlas por otras que ahora están en ensayo clínico; lo positivo, dice Comas, es que además de las de Moderna, Pfizer o Astrazeneca hay muchos proyectos en fase III (la última).
¿QUÉ SE SABE DE LAS VARIANTES QUE MÁS PREOCUPAN?
Los virus mutan siempre, dentro de su proceso biológico, y se replican. Aunque en ese sistema de copia hay mecanismos de corrección, estos a veces fallan provocando una acumulación de errores o mutaciones que pueden desembocar en una nueva variante.
Ahora, en buena parte de los países, también en España, preocupan sobre todo la británica, brasileña y sudafricana; aquí hay casos de las tres (sobre todo de la primera; de las otras dos, aún pocos).
De la que se tienen datos «más robustos» es de la B.1.1.7, conocida como la británica; «tenemos claro que tiene un 50 % o más de transmisibilidad que la original (Wuhan)» y, aunque no parece comprometer el sistema inmune ni las vacunas actuales, sí podría aumentar ligeramente la gravedad de la enfermedad y la mortalidad.
Sobre la sudafricana (B.1.351) y la brasileña (P.1) se sabe poco, agrega Comas. Parece que la primera sí podría afectar a nuestra capacidad de neutralizar el virus. «No la elimina, pero sí la compromete algo».
Existen varios estudios publicados, aunque con pocas muestras, que apuntan en esta dirección, a posibles reinfecciones y a una menor eficacia de las vacunas actuales sobre todo contra esta variante sudafricana, que, si bien tiene una incidencia baja en España -54 casos-, podría aumentar próximamente.
De hecho, en su último informe sobre las variantes, el Ministerio de Sanidad avisa de que su impacto podría ser alto si su presencia aumenta considerablemente, debido a que esta variante «podría reducir de forma significativa la efectividad de algunas vacunas».
No obstante, aunque preocupa y hay que «perseguirla», como a otras -Sanidad vigila un total de diez variantes-, aún es prematuro sacar conclusiones, subraya Comas, quien recuerda que los preparados que están en el mercado parten de una eficacia muy alta y que la respuesta inmune a la infección es mucho más compleja que solamente los anticuerpos.
De hecho, estudios preliminares han demostrado que otros brazos de la respuesta inmune -linfoticos T- no se ven afectados por las variantes.
En cuanto a la brasileña, de la que Sanidad informó de una «reinfección probable» en España, se sabe menos aún, según Comas; se estudia su transmisibilidad y escape a la respuesta inmune. Sí se ha visto, como en las otras, una reducción de títulos de anticuerpos neutralizantes en sueros de vacunados.
«Lo importante es tener un sistema de vigilancia capaz de secuenciar un número representativo de muestras para identificar estas variantes y las que vengan», resume el investigador: el Sistema Nacional de Salud ya trabaja para llegar al objetivo de secuenciar el 5 % de los positivos (ahora se secuencia el 1 %).
¿ESTÁS VACUNADO? NO BAJES LA GUARDIA
Las vacunas han demostrado un beneficio rotundo, pero aún no ha pasado el suficiente tiempo para aclarar algunas dudas. Otra importante es si las personas vacunadas pueden contagiar el virus.
Investigadores como Margarita del Val han insistido en muchas ocasiones que las vacunas no son esterilizantes, es decir, inmunizan bien «contra el sufrimiento» (covid grave) pero parece que no lo hacen totalmente para evitar que una persona vacunada expuesta al coronavirus lo pueda multiplicar.
Por eso, como no se sabe si los vacunados van a ser seguros de cara a los demás, hay que seguir tomando las mismas precauciones de distanciamiento social, mesura y mascarillas colocadas correctamente.
Además de este y la vacunación universal, la ciencia tiene que seguir investigando antivirales porque apenas se dispone de tratamientos específicos efectivos.
Desde que se detectaron los primeros casos en diciembre de 2019 en Wuhan y mucho antes de que la mayoría de países tomaran medidas, la comunidad científica se ha afanado por escudriñar un coronavirus que, si bien se ha investigado en tiempo récord, aún arrastra incógnitas.
Además de cuestiones sobre vacunas o la inmunidad tras una infección, siguen existiendo preguntas claves sobre cuándo, dónde y cómo el SARS-CoV-2 infectó a los humanos por primera vez. La ciencia continúa su trabajo.
Noemí G. Gómez
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Estas son las principales diferencias entre covid, gripe o resfriado
Publicado
hace 4 horasen
28 septiembre, 2026
Uno de los motivos que más intranquilidad genera es el de conocer las diferencias para saber si uno tiene covid, una gripe o un resfriado. Síntomas que, antes de la pandemia del COVID-19, formaban parte del día a día.
Para ello, la OMS (Organización Mundial de la Salud) ha hecho pública una tabla de síntomas en los que intenta explicar algunas de las diferencias entre el coronavirus y los resfriados comunes tan propios de la época hacia la que vamos:
Fiebre
La fiebre no es común en los resfriados pero sí en el coronavirus y también en la gripe.
Fatiga
Este síntoma es mucho más frecuente en los procesos gripales que en el coronavirus o en los resfriados aunque en estos a veces también se da. Sobretodo a largo plazo, cuando esta es repentina suele ser más probable que hablemos de gripe.
Tos
Desde el inicio de la pandemia nos han recalcado que la tos en contagiados por COVID es seca, también en la gripe. Mientras que en los resfriados es más suave. En el caso del coronavirus llega a ser tan frecuente que impide mantener una conversación con normalidad.
Estornudos
Los estornudos, según la OMS, son una de las claves más evidentes para distinguir las distintas patologías. No se producen ni en la gripe ni en el coronavirus y sí en los resfriados.
Dolor muscular
El dolor muscular se puede dar con el coronavirus en alguna ocasión pero es mucho más frecuente en la gripe o en un resfriado.
Mocos o congestión
Si el niño tiene mocos, lo normal es que estemos ante un resfriado o tal vez, aunque es menos probable ante una gripe.
Dolor de garganta
Es más frecuente en los resfriados aunque se puede dar de forma leve en gripes o coronavirus.
Diarrea
Es más frecuente en procesos de gripe, aunque ha habido casos con COVID que han padecido diarrea.
Dolor de cabeza
También es un síntoma claro de gripe.
Dificultad para respirar
Es uno de los síntomas del coronavirus que no deberían darse en gripes o resfriados.
Llegados a este punto, surgen las principales dudas porque la gripe, el resfriado y el nuevo coronavirus son afecciones que afectan directamente al sistema respiratorio. Son virus que se contagian principalmente a través de gotitas que una persona puede esparcir al hablar, toser o estornudar. Los síntomas más leves del coronavirus pueden confundirse con un simple resfriado o una gripe: fiebre, pérdida de olfato, dolor de cabeza… si no sabemos identificarlos bien podemos realizar un diagnóstico erróneo.
La COVID-19 tiene una probabilidad de transmisión más alta (se contagian de 2 a 3 personas por cada persona infectada en comparación a 1,3 personas por gripe común) y el virus se puede propagar durante el periodo de incubación cuando la persona infectada es todavía asintomática.
Diferencias entre la gripe, el resfriado y el covid
La gripe, el coronavirus (específicamente COVID-19) y el resfriado común son enfermedades respiratorias causadas por diferentes virus. A continuación vamos a ver las diferencias principales para saber distinguirlas. Vamos a detallar las causas que provocan cada una de las tres enfermedades, así como los síntomas y cómo se transmiten.
Causas:
- Gripe: Causada por los virus de la influenza.
- Coronavirus (COVID-19): Causado por el virus SARS-CoV-2.
- Resfriado común: Generalmente causado por rinovirus, pero también por otros virus.
Síntomas:
- Gripe: Síntomas más severos que incluyen fiebre alta, dolores musculares, fatiga intensa, tos seca y dolor de cabeza. La aparición es generalmente rápida.
- Coronavirus (COVID-19): Varía desde síntomas leves a graves, incluyendo fiebre, tos, dificultad para respirar, pérdida del gusto y olfato, y en casos graves, neumonía. La pérdida del gusto y olfato es particularmente distintiva de COVID-19.
- Resfriado común: Síntomas más leves, como estornudos, congestión nasal, dolor de garganta y tos leve. Un síntoma que puede ayudarnos a distinguir una enfermedad de otra es que el resfriado, raramente, causa fiebre alta o fatiga extrema.
Prevención de resfriados, gripes y COVID-19
Más vale prevenir que curar. Y en estos casos es más que recomendable. Todos sabemos que la llegada del frío es sinónimo de la llegada de «mocos». Lo mejor es adelantarse a ellos y reforzar nuestras defensas. Es importante tomar vitaminas y minerales en nuestra dieta. Las frutas y las verduras son tus principales aliados.
Otra opción es incorporar algún complemento alimenticio para reforzar un déficit de vitaminas y/o minerales. Los probióticos son otra opción. Ayudan a nuestro sistema inmunitario y de paso a evitar un resfriado o coger la temida gripe.
La ingesta de muchos líquidos es también muy recomendable. Una excelente ayuda para eliminar la mucosidad a la vez que alivian el dolor de garganta. Eso sí, evita líquidos demasiado calientes, así como el alcohol.
El otoño y el invierno es sinónimo de humedad y frío. Los ambientes fríos y húmedos y sobre todo los cambios bruscos de temperatura son un verdadero peligro. Asimismo, lavarse las manos con frecuencia también ayuda en la prevención. Los ambientes cargados de humo también son bastante perjudiciales.
Y la mejor forma de prevenir una gripe es sin duda la vacunación. Aunque no es eficaz al 100% siempre reduce enormemente los síntomas o incluso los evita. A continuación veamos los tratamientos que existen para cada una de estas enfermedades.
Tratamiento
Uno de los principales errores a la hora de tratar un resfriado o una gripe tiene que ver con la automedicación. De sobras es sabido que el abuso de los antibióticos tiene consecuencias fatales. Y un error demasiado común es acudir a ellos para curar un resfriado o una gripe. Los antibióticos son totalmente ineficaces en estos casos puestos estamos luchando contra virus, no contra bacterias.
- Gripe: Vacunación anual, medicamentos antivirales.
- Coronavirus (COVID-19): Vacunas específicas, medidas de distanciamiento social, uso de mascarillas y medicamentos antivirales para casos graves.
- Resfriado común: No hay vacuna, el tratamiento se enfoca en aliviar los síntomas.
Personas más vulnerables
Mención aparte merece determinados grupos de personas. Por ejemplo, las complicaciones de la gripe en personas mayores pueden tener graves consecuencias. Sobre todo si la gripe va acompañada de otra enfermedad pulmonar. Los niños menores de cinco años junto con las mujeres embarazadas son otros grupos de riesgo. En estos casos, la vacunación es muy aconsejable. Casi obligatoria.
Ahora ya sabes la diferencia entre gripe, COVI-19 y un resfriado común y cómo enfrentarte a ellos. Sigue estas recomendaciones. No únicamente tú, sino también quiénes te rodean. El virus de la gripe es especialmente virulento y contagioso, capaz de colapsar las urgencias de los hospitales. Y ya sabemos que prevenir es curar.
ESTUDIO: Este es el orden en el que aparecen los síntomas de la COVID-19
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