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Womderland, la nueva plataforma de viajes para mujeres

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mayor arrepentimiento mujeres antes de morir

Verónica y Ana son las Womders, así llaman a todas aquellas mujeres viajeras que quieran subirse al planeta Womderland, que han dado forma a este proyecto. El plato fuerte son viajes para mujeres organizados en pequeños grupos, en el que ellas mismas participan de principio a fin: desde la elaboración del programa cuidando cada pequeño detalle, hasta la vuelta del viaje, en el que acompañan a sus Womders.

Cada viaje contiene una serie de actividades que permite a las mujeres viajeras sumergirse de lleno en la cultura local del destino, interactuar con sus gentes y conocer más profundamente el lugar visitado. Uno de los lemas que llevan por bandera es que «si el viaje no ha supuesto ningún cambio en algún aspecto de tu vida, es que no has viajado».

Además, ofrecen planes y experiencias a nivel local orientados al desarrollo de nuevas facetas personales, al entretenimiento o al descubrimiento de habilidades desconocidas hasta el momento.

¿Y por qué para mujeres?
Desde Womderland creen en el empoderamiento de la mujer y la energía que se crea cuando un grupo entra en sintonía, surgiendo la complicidad de forma mágica, con una sensibilidad especial y una manera diferente de vivir las emociones.

Y es que el manifiesto de Womderland deja clara su filosofía.

“Para ellas no se pertenece a ningún lugar, no se es de aquí o de allí, ni se habla un idioma u otro. Las Womders son de la vida, disfrutan a través de las experiencias y esto es lo que une a todas las personas y seres vivos en cualquier rincón del mundo.
Womderland es un punto de partida para viajar y exprimir la oportunidad de vivir.
Ver, oler, saborear, tocar y escuchar a otros.
Y de eso trata Womderland, de compartir. Porque creen que ésta no tendría ningún sentido vivirla sola, sin darse la oportunidad de conocer a otras personas y sus motivaciones para vivir, sus experiencias, sus maneras de sentir.
Invitan a sus clientes a que viajen y rompan las barreras, las físicas y las que la mente algún día decidió poner. Que cuando vuelvan de cada viaje sepan que éstas ya no existen o que ya no son un obstáculo. Que conozcan como experimentan la vida otros ciudadanos de este lugar llamado “mundo”. Que las etiquetas y las nacionalidades no son más que convencionalismos. Que la vida esconde muchos rincones que ni siquiera sabían que existían.”

También organizan viajes a medida para grupos de mujeres. Diseñan el viaje con un programa especial y personalizado en base a lo que sus clientas tengan en la cabeza, para una, dos, tres seis o las personas que sean, siempre con una mirada femenina.

El objetivo en Womderland es vivir e interiorizar la experiencia de ser una mujer viajera. Que cada viaje sirva como enriquecimiento personal y que vuelvan con la sensación de haber traspasado algo más que las fronteras geográficas.

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Naia y su último regalo: una lección de amor, paz y vida con solo 16 años

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Naia tenía solo 16 años, pero hablaba de la vida con una madurez extraordinaria

Lo que conmueve de Naia no es únicamente todo lo que tuvo que afrontar siendo una adolescente. Es también cómo decidió mirar aquello que le estaba ocurriendo.

Durante su conversación con Carlos Roca habló de la enfermedad, de los tratamientos, de las operaciones y de lo difícil que fue explicar a sus hermanos pequeños lo que estaba sucediendo. Pero también habló de algo mucho más universal: de cómo cambia nuestra manera de entender la vida cuando dejamos de dar por hecho que tendremos todo el tiempo del mundo.

Naia reflexionaba sobre algo que muchos adultos olvidan: la salud es un regalo. La enfermedad le había hecho descubrir el valor de cosas que antes podían parecer pequeñas y que, de repente, adquirían una importancia enorme.

Los amigos, la familia, un concierto, una conversación, poder estar en casa o simplemente sentirse acompañada.

Su manera de expresarlo dejaba una reflexión difícil de olvidar: los problemas cotidianos que muchas veces parecen enormes pueden perder todo su peso cuando se contempla la vida desde otra perspectiva.

«Lo más importante es lo más simple»

Una de las grandes enseñanzas que deja Naia es precisamente esa capacidad de poner cada cosa en su sitio.

Durante la entrevista explicaba que la enfermedad le había enseñado a no conceder a los problemas cotidianos una importancia que quizá no merecen. También hablaba de no aplazar aquello que queremos hacer y de aprovechar la vida.

Su reflexión no nace de un libro ni de una teoría. Nace de una adolescente que tuvo que enfrentarse a una situación extraordinariamente dura.

Y ahí está buena parte de la fuerza de su mensaje: Naia no hablaba desde fuera de la vida, sino desde una experiencia que le obligó demasiado pronto a preguntarse qué significa realmente vivir.

El amor por su familia por encima de todo

Uno de los momentos más conmovedores de la entrevista llega cuando habla de sus hermanos pequeños, Kirian y Carla.

Naia explica el vínculo que tenía con ellos y el amor que sentía por su familia. En medio de una situación que podría haberla llevado a encerrarse en su propio dolor, ella encontraba espacio para pensar en cómo estaban viviendo aquello las personas que quería.

También quiso reconocer a quienes estuvieron a su lado durante el proceso: su familia, sus amigos y los profesionales que la atendieron.

Para Naia, acompañar a alguien que atraviesa una enfermedad grave no consistía únicamente en decirle que podía conseguirlo. Era algo mucho más sencillo y, a la vez, mucho más profundo: estar.

Naia quería que la recordaran por quién era, no por su cáncer

Hay otra parte especialmente importante de su legado.

Naia no quería que su enfermedad se convirtiera en toda su identidad. Quería que quienes la conocían siguieran viendo a Naia, con sus virtudes, sus defectos, sus gustos y su manera de ser.

Tenía 16 años. Era una adolescente con amigos, estudios, planes y sueños. Quería seguir viviendo experiencias y haciendo cosas que cualquier joven de su edad considera normales.

Por eso su testimonio resulta tan poderoso: detrás del diagnóstico había una persona que quería ser reconocida por lo que era y por el amor que había compartido con quienes la rodeaban.

Una voz para el cáncer infantil

Naia también quiso aprovechar su historia para dar visibilidad al cáncer infantil.

Durante la entrevista reclamó más investigación y recursos para enfermedades que, como el osteosarcoma, pueden resultar desconocidas para gran parte de la sociedad. También puso el foco en la situación de las familias de Menorca y en la ausencia de determinados recursos de oncología pediátrica en la isla, que obliga a desplazarse a Mallorca para recibir atención especializada.

Su testimonio, por tanto, no era únicamente una despedida. Era también una petición para que su experiencia pudiera servir a otros niños y familias.

Su último regalo: una conversación para después de su muerte

Quizá uno de los aspectos que más define a Naia sea que pensó incluso en el momento en que ya no estaría.

Grabó la entrevista sabiendo que no quería que se publicara inmediatamente. Dejó claro que debía hacerse cuando su familia estuviera preparada.

Y así ha ocurrido.

Roca Project esperó hasta que llegó ese momento. El episodio se publicó el 16 de septiembre y rápidamente se convirtió en uno de los contenidos más vistos del programa. A las pocas horas ya acumulaba cientos de miles de visualizaciones.

Pero quizá el verdadero alcance de aquella conversación no pueda medirse en visualizaciones.

Porque Naia dejó algo mucho más difícil de conseguir: una forma de mirar la vida.

El legado de Naia: amor, paz y ganas de vivir

Naia tenía solo 16 años, pero dejó reflexiones que invitan a detenerse.

A valorar la salud.

A querer a la familia.

A estar al lado de quien sufre.

A no convertir cada pequeño problema en una tragedia.

A disfrutar de lo sencillo.

A hacer aquello que queremos hacer.

Y, sobre todo, a no olvidarnos de vivir mientras tenemos la oportunidad.

Su historia habla de cáncer, pero su legado habla de vida.

Habla de amor, porque hasta en los momentos más difíciles pensó en las personas que quería.

Habla de paz, porque no quiso dejar únicamente dolor detrás de ella.

Y habla de reconocimiento, porque quiso que su experiencia sirviera para que otros niños y otras familias tuvieran más voz, más recursos y más acompañamiento.

Naia se fue demasiado pronto. Pero dejó una conversación que permanece.

Una conversación en la que una niña de 16 años consiguió algo extraordinario: hacer que miles de personas adultas se detengan, escuchen y vuelvan a pensar en aquello que realmente importa.

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