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La fiscalía solicita 15 años y medio de cárcel para Ángel María Villar

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El expresidente de la RFEF, Ángel María Villar, acusado de corrupción en la gestión de contratos entre 2007 y 2017.

La Fiscalía Anticorrupción ha solicitado una pena de 15 años y medio de prisión para Ángel María Villar, expresidente de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), en el marco del caso Soule. La investigación apunta a irregularidades en la adjudicación de contratos durante su mandato, lo que habría causado un perjuicio económico de 4,5 millones de euros para la federación.

Detalles de la Acusación

  • Se sospecha que Villar y otros implicados utilizaron su influencia para favorecer determinados contratos en beneficio propio.
  • La Fiscalía ha presentado su escrito de acusación ante la Audiencia Nacional, detallando los presuntos delitos de corrupción, administración desleal y malversación de fondos.
  • Junto a Villar, se han imputado a otros siete acusados, entre los que se encuentra su hijo, Gorka Villar, para quien se solicita una pena de 7 años de prisión.
  • La acusación sostiene que se desviaron fondos de la RFEF a empresas y entidades vinculadas, generando beneficios ilícitos a costa del organismo deportivo.

Impacto y Repercusiones

El caso Soule ha sacudido el fútbol español y ha reabierto el debate sobre la transparencia en la gestión de entidades deportivas. La RFEF ha asegurado que colabora con la justicia y que, tras la salida de Villar en 2017, se han implementado medidas para mejorar la supervisión de contratos y evitar nuevas irregularidades.

Los próximos meses serán clave en el desarrollo del proceso judicial, donde se determinará la responsabilidad de cada uno de los implicados y las posibles condenas. Este caso podría marcar un antes y un después en la regulación de las federaciones deportivas en España.

 

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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