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El Orione de la Marina italiana arriba al puerto de València y completa la flota del Aquarius

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VALÈNCIA, 17 Jun. (EUROPA PRESS) –

El Orione de la Marina Militare italiana ha empezado a entrar al puerto de València antes de las 13.00 horas de este domingo, y completa así la acogida de los tres barcos de la flota del Aquarius. En el último, el segundo más numeroso, con 250 personas: 228 hombres y 22 menores no acompañados –ninguna mujer–. De ellos, 17 presentaban problemas leves de salud los últimos días.

La embarcación ha iniciado su entrada en la bocana del muelle 1 del puerto sobre las 13.00, dos horas después de que lo hiciera el Aquarius de la ONG SOS Mediterráneo, y hasta seis más tarde del también italiano Dattilo, de la Guardia Costera. Ha llegado con una hora de retraso desde su llegada inicialmente prevista a las 12 del mediodía, aunque con un intervalo de tiempo menor que su predecesor.

Culmina así la acogida en España de los 629 personas de 26 nacionalidades rescatadas en costas de Libia que se negaron a recibir los gobiernos de Malta e Italia, tras una travesía de ocho días por el Mediterráneo.

El dispositivo de recepción ha arrancado a primera hora de este domingo, con la llegada del Dattilo a las 6.50 horas. Cuatro horas después, sobre las 10.45, ha finalizado el desembargo de las 274 personas que llevaba a bordo. Se trataba del navío más numeroso de los tres; en él iban 182 hombres, 32 mujeres y 60 menores no acompañados (ocho chicas y 52 chicos).

Un joven de 29 años de Sudán del Sur ha sido el primer migrante en completar todo el proceso de identificación y examen por parte de los policías y sanitarios desplegados en el puerto de València.

El segundo, el Aquarius que da nombre a la flota, ha hecho su entrada en la bocana del muelle 1 sobre las diez y media, con un total de 106 migrantes a bordo: 51 hombres, 45 mujeres, nueve chicos y ocho chicas. En esta embarcación, la menos numerosa de las tres, viajaban seis embarazadas y los diez menores acompañados, así como la mayoría de las personas (56) con problemas leves de salud -no había ninguno grave–.

Su llegada se ha producido con dos horas de retraso respecto a la previsión de que arribara a las nueve de la mañana, debido a que los sanitarios se han encontrado con más patologías leves de lo esperado entre los ocupantes del Dattilo, la mayoría por quemaduras, malestares y escoriaciones en la piel.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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