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Cultura

La iglesia de San Nicolás de Valencia retoma esta semana sus visitas nocturnas

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La Parroquia-Museo de San Nicolás, en València, retoma esta semana sus visitas nocturnas, tras la buena acogida del pasado año, unas visitas que tendrán lugar todos los jueves, a las 20:30 horas, siendo el primero de ellos mañana, 26 de agosto. 

La singularidad de esta visita reside “en su intimidad, pues se realiza a puerta cerrada, en un grupo reducido de un máximo de 15 personas, tal y como marcan las medidas sanitarias actuales”, han indicado desde San Nicolás.

El recorrido empieza en el exterior del templo, «donde se explican todos los detalles de las dos fachadas, la gótica y la neogótica». Para continuar, se accede al Aula Capitular, «el único lugar que se conserva plenamente gótico, del siglo XV». El visitante puede ver «algunas de las más valiosas obras de arte del Renacimiento», como la «La Última Cena», de Juan de Juanes, o del barroco, de Pedro de Orrente.

Para concluir esta «experiencia única», se visita la nave central de San Nicolás, en la que «paso a paso se explican las pinturas al fresco de la bóveda, las capillas y los secretos de uno de los lugares más singulares y antiguos de Valencia». Todo el recorrido se hace de forma unidireccional y manteniendo la distancia de seguridad, acompañado en todo momento por un guía especializado.

Para disfrutar de esta visita, organizada por Menta Valencia, gestora cultural de la parroquia, es necesario hacer una reserva previa a través del teléfono de atención al público de la parroquia de San Nicolás, 96 391 33 17, o por el correo electrónico de visita@sannicolasvalencia.com.

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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