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Se enfrenta a 24 años por asesinar a su mujer, que quería separarse de él

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Se enfrenta a 24 años por asesinar a su mujer, que quería separarse de él

Castelló, 28 feb (EFE).- La Audiencia de Castellón juzga este lunes a un hombre acusado de asesinar a su mujer con premeditación y alevosía en Almassora después de que ella le comunicara su intención de separarse, y se enfrenta a una pena de 24 años y medio de prisión y a una indemnización total de 480.000 euros.

El juicio ha comenzado en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial por el procedimiento del jurado, que fue seleccionado el pasado viernes.

Según el escrito de acusación de la Fiscalía, el hombre, de 38 años, estaba casado con la víctima, con que tenía dos hijos menores en común, nacidos en 2009 y 2013, y convivían en la localidad de Almassora.

Entre febrero y marzo de 2020, la víctima comunicó al acusado su voluntad de poner fin al matrimonio y divorciarse, lo cual «no fue bien aceptado por el acusado»; poco después, el 14 de marzo, se decretó el estado de alarma a causa de la pandemia y la mujer pensó que continuarían la convivencia al menos durante el confinamiento.

El 19 de marzo, cuando los niños estaban en sus habitaciones en la planta superior de la vivienda, el matrimonio inició una discusión hasta que el acusado decidió poner fin a la vida de la mujer al no aceptar la ruptura y «dejando patente su sentimiento de superioridad hacia ella, a la que consideraba un objeto de su propiedad».

Decidió hacerlo «de forma lenta, de modo que ella experimentara el sufrimiento y quedara claro que era él quien mandaba»; para ello, comenzó a propinarle fuertes puñetazos en la cabeza, la golpeó contra el suelo, causándole múltiples lesiones graves, y el ruido despertó a los niños, a quienes el acusado mandó de nuevo a la cama.

La mujer se arrastró hasta la cocina y cerró la puerta. El acusado entró y cogió un cuchillo que le clavó hasta en cinco ocasiones y posteriormente la intentó asfixiar con un trapo de cocina.

Finalmente, con la mujer totalmente sometida a la voluntad del acusado, le hizo otros cortes hasta que la degolló mortalmente; después, cogió todo el dinero que había en la vivienda, rompiendo incluso una hucha, y se marchó con sus dos hijos y pasaron los tres la noche en el coche.

A la mañana siguiente el hombre dejó a los niños en la puerta del domicilio de su cuñada y les dio el dinero que había recogido. Se dirigió a continuación al cuartel de la Guardia Civil y se entregó diciendo: «Agentes, deténganme, que he cometido una barbaridad».

Dos dotaciones de la Guardia Civil se desplazaron al domicilio y comprobaron lo sucedido. El acusado prestó su consentimiento a que entraran en el domicilio días después pero «tanto en sede policial como judicial no ha querido prestar declaración alguna».

Según el Ministerio Fiscal, los hechos son constitutivos de un delito de asesinato con alevosía y ensañamiento y concurren las circunstancias agravantes de parentesco y la atenuante de confesión, y pide imponerle una pena de 24 años y seis meses de prisión. Además, la prohibición de acercarse a sus hijos a menos de 500 metros por un tiempo superior a la pena de prisión de 10 años.

Asimismo, reclama una indemnización de 150.000 euros para cada uno de sus hijos, a los padres de la víctima con 60.000 euros a cada uno y a sus dos hermanas con 30.000 euros para cada una.

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Desahucian a Daniel, físico de la Universitat de València: «Quiero vivir tranquilo y hacer valer mis derechos»

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El desahucio de Daniel González Iglesias, físico e investigador de la Universitat de València (UV), se ha ejecutado este jueves por la mañana después de diez años de litigios para intentar evitarlo. «No tengo ganas de más follones, quiero intentar vivir tranquilo y está siendo muy difícil hacer valer mis derechos», ha manifestado el investigador en un audio facilitado a los medios.

El lanzamiento estaba previsto inicialmente para las 9.30 horas, pero la Policía Nacional ha acudido a la vivienda alrededor de las seis de la mañana con un dispositivo de ocho furgones. Ante la llegada de los agentes, Daniel decidió colaborar, se identificó y abandonó el inmueble.

El investigador ha explicado que estaba durmiendo cuando comenzó a escuchar ruido en la calle y vio el despliegue policial. La situación le provocó síntomas de ansiedad, precisamente el escenario que había querido evitar. Según el Sindicat d’Habitatge de València, Daniel tuvo que acudir a un centro de salud tras sufrir un cuadro de ansiedad.

Diez años de conflicto por una vivienda en Valencia

Daniel llegó al piso en 2009 como estudiante, mediante un alquiler compartido de 594 euros. Con el paso del tiempo se quedó solo en la vivienda y, durante la crisis económica, el entonces propietario incorporó anexos que redujeron el alquiler a 350 euros.

Posteriormente, se firmó un nuevo acuerdo que contemplaba una opción de compra por 71.000 euros y el derecho de tanteo y retracto, según relató el investigador anteriormente a Europa Press TV.

Tres años después, la empresa propietaria entró en concurso de acreedores y Daniel comenzó a consignar los pagos del alquiler en los juzgados. En 2017, la vivienda salió a subasta pública y fue adquirida por Caixabank a través de la sociedad participada Coral Homes S.L., que posteriormente presentó una demanda contra el investigador por ocupación ilegal.

Según la cronología expuesta por Daniel, en 2018 el administrador concursal le comunicó que dejara de ingresar las rentas en el juzgado. En 2020 inició un procedimiento de jurisdicción voluntaria y trató de volver a pagar, pero no pudo realizar los abonos al no disponer de la cuenta bancaria del arrendador.

La vivienda se vendió en 2025 y la última sentencia ordenó el desalojo

La propiedad volvió a denunciar al investigador en 2023. En 2025, el inmueble fue vendido a una propietaria particular por un importe superior a los 71.000 euros contemplados en la opción de compra, según la información facilitada sobre el caso.

Después de resoluciones anteriores favorables a Daniel, la última demanda concluyó con una condena al desalojo y al pago de 35.620,88 euros en concepto de rentas vencidas. La cantidad corresponde a las diferencias reclamadas entre los importes del alquiler, según la explicación difundida por el sindicato.

El Sindicat d’Habitatge de València sostiene que durante el procedimiento se han vulnerado los derechos del investigador y cuestiona que el lanzamiento se haya ejecutado mientras, según denuncia, existen medidas legales de protección para determinados inquilinos. Estas afirmaciones forman parte de la posición de la organización.

Dos recursos judiciales siguen en marcha

El portavoz del Sindicat d’Habitatge de València, Esteban Arellano, ha asegurado que el procedimiento no ha terminado y que mantienen dos vías judiciales abiertas: un recurso de queja para elevar el asunto al Tribunal Supremo y otro de reposición.

La organización sostiene que no se han respetado los diez días hábiles que, a su juicio, Daniel debía tener para intentar que los recursos llegaran a su último recorrido posible. También defiende que el contrato de alquiler y la opción de compra debían haber sido tenidos en cuenta.

El sindicato ha criticado, además, que el dispositivo policial se adelantara varias horas respecto al horario inicialmente previsto. Según Arellano, no se convocó una concentración para intentar frenar el lanzamiento porque el propio Daniel no quería exponer a otras personas a un posible enfrentamiento con los agentes.

El sindicato denuncia la crisis de vivienda

El Sindicat d’Habitatge considera que el caso refleja las dificultades de acceso y permanencia en una vivienda y denuncia que los procedimientos judiciales prolongados pueden dejar a los inquilinos en una situación de especial vulnerabilidad.

«Por mucho que el procedimiento judicial siga adelante, el resultado es que llaman a ocho furgones de policía, llegan a las seis de la mañana a tu casa, te echan y, por mucho que tengas la razón y ganes el juicio, ya has perdido la casa», ha resumido Arellano.

Mientras continúan los recursos anunciados por la organización, Daniel se enfrenta a una nueva etapa tras abandonar la vivienda en la que había residido durante años. Su deseo, según ha expresado, es poder vivir tranquilo y hacer valer sus derechos.

 

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