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Valencia

Aemet: «Septiembre no tiene término medio, o no llueve nada o se disparan las lluvias torrenciales»

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València, 29 ago (EFE).- El mes de septiembre, en este caso finales de agosto, es la época «reina» de la «convección mediterránea», donde no hay término medio: no llueve nada o, si se dispara la convección, las precipitaciones son torrenciales y muy focalizadas.

Así se ha referido Aemet Comunitat Valenciana a las lluvias torrenciales registradas hoy en Benicàssim (Castellón), donde se han recogido 155 litros por metro cuadrado en apenas dos horas, lo que equivale al 30 % de lo que llueve en un año en ese municipio costero.

Según Aemet, una de las características de las tormentas con apoyo de aire marítimo de final de verano es la «elevada incertidumbre», donde «no hay término medio» y, en muchas ocasiones, «aunque la atmósfera esté inestable, si no se presenta el mecanismo de disparo adecuado, la lluvia es cero».

Esto es así cuando hay inestabilidad termodinámica, con un flujo débil de viento, «sin mecanismos para organizar y generalizar la convección».

Los expertos señalan que hoy había «entornos favorables» para la convección en un área marítima extensa próxima a las provincias de Castellón, Valencia y norte de Alicante, penetrando en tierra unos pocos kilómetros, pero las tormentas en tierra sólo han afectado de forma significativa a Benicàssim.

«Que haya entornos convectivos favorables para que se desarrolle la convección, no implica necesariamente que se vayan a desarrollar las tormentas en toda el área. Se necesita un mecanismo de disparo, y ese mecanismo no siempre está presente, o lo hace en un área pequeña», agregan.

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Valencia

Sueca despide a Álex entre rabia e indignación: el adiós más doloroso de todo un pueblo

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Centenares de vecinos arropan a la familia del menor de 13 años asesinado en una despedida marcada por el silencio, las lágrimas y un largo aplauso final

Sueca se ha detenido este martes para despedir a Álex, el niño de 13 años cuyo asesinato ha sacudido a la localidad y ha dejado una herida difícil de cerrar. Rabia, indignación y una tristeza profunda han marcado un funeral en el que el pueblo entero ha querido estar cerca de una familia rota por el dolor.

La parroquia de Nuestra Señora de Fátima se quedó pequeña apenas unos minutos después de abrir sus puertas. Mucho antes del inicio de la ceremonia, decenas de vecinos ya esperaban en la calle, en silencio, con los ojos enrojecidos y gestos de incredulidad. Solo 250 personas pudieron acceder al interior del templo. El resto permaneció fuera, llorando, abrazándose y acompañando como pudo a unos padres destrozados.

La Policía Local tuvo que cortar la calle ante la gran afluencia de personas que querían rendir homenaje al menor. Psicólogos de Cruz Roja, personal sanitario y una ambulancia del SAMU permanecieron en el lugar ante la dureza emocional de una despedida imposible de asumir.


Un pueblo unido en torno a la familia de Álex

Familiares, amigos, compañeros de clase, profesores y vecinos llenaron los alrededores de la parroquia. También estuvieron presentes miembros del club de fútbol Promeses de Sueca, donde Álex jugaba. Muchos acudieron con el chándal del equipo, el mismo con el que ya le rindieron homenaje en el estadio Antoni Puchades.

A ellos se sumaron representantes del CF Cullera, club en el que el menor militó años atrás, que le dedicó un emotivo mensaje de despedida recordándolo como un gran compañero, amigo y jugador. Las coronas de flores llenaron de color un interior marcado por el llanto, en un día gris que quedará grabado para siempre en la memoria colectiva de Sueca.


“Es algo terrible, conocía a la familia de toda la vida”

A las puertas del templo, las palabras salían entrecortadas. “Es algo terrible”, decía una vecina que conocía a la familia desde siempre. Otros, como Ahmed, amigo cercano del padre de Álex, confesaban no poder asimilar lo ocurrido: “Lo conozco desde que nació. Han sido días muy duros. Solo hay que ver a los padres para entender el dolor”.

Algunos allegados repartieron pegatinas con la silueta de Álex y su camiseta de fútbol con el número 40, un símbolo que muchos llevaron hasta el cementerio como muestra de cariño y recuerdo.


Un aplauso que llegó hasta el cielo

Pese al viento y al frío, nadie se movió cuando el féretro salió de la parroquia. El silencio se rompió con un aplauso largo, unánime y desgarrador, un gesto que Sueca quiso regalar a Álex y a su familia en el momento más duro.

Un aplauso que no borrará el dolor, pero que quiso decir, sin palabras, que Álex no se va solo y que todo un pueblo lo recordará para siempre.

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