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Ayuso rechaza la semana laboral de cuatro días: «¿Por qué no tres, o mejor dos?»

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Ayuso semana 4 días

La presidenta de la Comunidad de Madrid y candidata del PP a revalidar el cargo en las elecciones del próximo día 28, Isabel Díaz Ayuso, ha rechazado este martes la semana laboral de cuatro días, una propuesta que, a su juicio, va dirigida a acabar con «la cultura del trabajo y el esfuerzo».

Ayuso rechaza la semana laboral de cuatro días: «¿Por qué no tres, o mejor dos?»

En un desayuno informativo organizado por El Debate, Ayuso ha censurado cómo va a afrontar un empresario o un autónomo «el inmenso catálogo de la izquierda» de «bajas para todo» y, además, «trabajar cuatro días» a la semana: «¿Pero por qué no tres, o mejor dos?», ha expresado.»Podemos acabar por no ir a trabajar y que nos paguen todo», ha afirmado la presidenta regional.

El centro municipal Las Naves de València ha iniciado este lunes la evaluación del proyecto piloto de la jornada semanal de cuatro días que se ha desarrollado durante cuatro semanas en la ciudad, entre el 10 de abril y el 7 de mayo, en cuanto a las consecuencias en la productividad, en el ocio, la movilidad, la economía y la salud de las personas.

València aplicó una prueba piloto impulsada por el Ayuntamiento las semanas del 10 de abril (Lunes de Pascua), 17 de abril (San Vicente Ferrer), 24 de abril (por el 22 de enero, San Vicente Mártir) y 1 de mayo (Día del Trabajo), para probar en la ciudad el impacto de la aplicación y las consecuencias de trabajar 32 horas semanales.

Medidas dirigidas para enfrentar al trabajador con el empresario

Este martes, Ayuso se ha mostrado a favor de «tener días de descanso» para tener tiempo «con nosotros mismos» y «conciliar», pero se ha preguntado cómo se puede hacer de España un país «competitivo».

A su juicio, estas medidas están dirigidas a «enfrentar al trabajador con el empresario», al tiempo que ha apuntado que, según las profesiones, «no todo se coteja por tiempos».

También ha rechazado la dirigente popular la postura de Más Madrid de «trabajar menos para repartir el trabajo», y ha mencionado que España es de los países «más laxos» junto con Francia.

Ayuso ha señalado que cada empresa tiene que decidir si se puede o no trabajar cuatro días a la semana o «días alternos» de teletrabajo porque «cada negocio es diferente».

 

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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