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VIDEO| La bronca de Irene Montero con una vecina de València

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bronca Irene Montero vecina València

La campaña electoral para las elecciones autonómicas y municipales del 28M está dejando grandes escenas del panorama político. Es uno de los principales momentos en el que las caras visibles de los partidos salen a pie de calle para conversar con los ciudadanos. Este ha sido el momento en el que Irene Montero ha mantenido una acalorada conversación con una ciudadana de València.

La bronca de Irene Montero con una vecina de València

La de Unidas Podemos estaba saludando a los presentes, en el momento en el que una ciudadana se ha acercado para preguntarle cómo ha conseguido tener un chalet en Galapagar. “Mi marido lleva trabajando desde los 14 años, ¿Usted cómo ha podido tener un chalet?”, preguntaba la vecina.

La ministra le ha respondido diciendo que uno de los motivos es que su padre falleció de cáncer con 60 años y le dejó una herencia ya que ella es hija única. «Por eso y porque tengo una pareja con la que me he podido comprar con mi dinero la casa que me dé la gana», señalaba.

En ese momento, sin dar pie a que la vecina respondiese, la ministra de ha girado y se ha ido, dejando una gran discusión en plena calle. La mujer decía: «Pero déjame que hable, se ha ido y no me ha dejado hablar, ¡Caradura!

La polémica escena ha tenido lugar en un acto de campaña de la formación morada en el ‘Cap i Casal’ para arropar a la candidata a la Alcaldía, Pilar Lima, a la que definió como «la primera alcaldesa sorda y bollera» de Valencia que trabajará «para conseguir una ciudad inclusiva y por remunicipalizar los recursos».

 

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Las Fallas, el corazón social que proyecta València al mundo

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Fallas marca Valencia
Foto: TONI CORTÉS

Las Fallas no solo son una fiesta declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, sino también un potente motor de identidad, cohesión social y dinamismo económico. Así lo sostienen dos expertos de la Universidad Europea de Valencia, que destacan el papel de la celebración en la consolidación de la marca València y en la activación de comportamientos cooperativos dentro de la comunidad.

La fiesta fallera, subrayan, representa uno de los fenómenos culturales y sociales más relevantes del territorio valenciano, tanto por su impacto identitario como por su influencia en las decisiones económicas colectivas.

Las Fallas como símbolo diferencial de la marca València

Daniel Delmás, docente del Grado en Turismo, analiza cómo ha evolucionado la proyección exterior de València en las últimas décadas. Recuerda la polémica escena de la película Misión Imposible 2 (2000), donde se mezclaban Fallas y Semana Santa en Sevilla, como ejemplo de la confusión cultural que existía entonces.

“Si aquella escena se rodara hoy, el resultado sería muy distinto”, apunta. Según el experto, el cambio responde a un trabajo sostenido en la construcción de la marca ciudad, en el que entidades como Visit València han situado la cultura propia como eje central de identidad.

En este contexto, elementos como las Fallas o la paella funcionan como “símbolos intangibles” que permiten que València deje de percibirse como una ciudad mediterránea más y se consolide como un destino reconocible y diferenciado.

El peso social también es clave: más de 200.000 personas integradas en cerca de 800 comisiones falleras en toda la Comunitat Valenciana convierten a la fiesta en el principal tejido asociativo del territorio.

Identidad fallera y cooperación social

Desde la óptica de la economía del comportamiento, Enrique Fatás, catedrático y director del Economic Behavioural Institute, explica que las Fallas activan mecanismos de identidad social y normas compartidas que favorecen la cooperación.

“La identidad fallera y valenciana no se traduce en exclusión, sino que convive con identidades más amplias, como la mediterránea o la europea”, señala.

A diferencia de otros contextos donde la diversidad puede dificultar la colaboración entre grupos, en València ocurre lo contrario. Según Fatás, la diversidad genera expectativas más optimistas y comportamientos más generosos, reforzando la cohesión social.

Impacto económico: consumo como inversión comunitaria

Los expertos destacan que durante las Fallas las decisiones económicas no se perciben únicamente como gasto, sino como inversión en la comunidad. La presión de las normas sociales y la gratificación inmediata asociada a la fiesta impulsan el consumo como forma de reforzar la pertenencia al grupo.

En este sentido, participar en actos como la mascletà, colaborar con la comisión o asistir a eventos falleros deja de ser una decisión estrictamente individual para convertirse en una norma social compartida.

Las conclusiones apuntan a que las Fallas sostienen una parte esencial de la marca València y funcionan como un sistema donde identidad, normas sociales y decisiones económicas se alinean para fortalecer la convivencia y el dinamismo económico.

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