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Quién es el camarlengo y por qué es la figura clave en el Vaticano tras la muerte del papa Francisco

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Kevin Farrell, camarlengo del Vaticano

¿Qué es un camarlengo y qué función tiene en el Vaticano?

El camarlengo es el cardenal designado por el papa para encargarse del gobierno administrativo del Vaticano durante la sede vacante, el periodo entre la muerte de un pontífice y la elección de su sucesor. Aunque no puede tomar decisiones doctrinales ni hacer nombramientos, su papel es crucial para garantizar la continuidad institucional y litúrgica de la Iglesia.

Entre sus funciones están:

  • Verificar oficialmente la muerte del papa en presencia del sustituto de la Secretaría de Estado.

  • Comunicar el fallecimiento al cardenal vicario de Roma.

  • Sellar las estancias papales.

  • Administrar temporalmente los bienes de la Santa Sede.

  • Coordinar el calendario y la preparación del cónclave que elegirá al nuevo papa.


Kevin Farrell: del sacerdocio en México a máxima autoridad temporal del Vaticano

Kevin Joseph Farrell, actual camarlengo, fue nombrado por el propio papa Francisco en 2019. Nacido en Dublín (Irlanda) el 2 de septiembre de 1947, Farrell tiene una amplia trayectoria eclesiástica y diplomática. Comenzó su formación en los Legionarios de Cristo, congregación que abandonó para seguir su camino pastoral de manera independiente.

Estudió Filosofía y Teología en la Universidad de Salamanca, en la Pontificia Gregoriana de Roma y en la Universidad Santo Tomás de Aquino. Más adelante cursó también una Maestría en Administración de Empresas en Estados Unidos.


Su trayectoria pastoral: de México a Washington

Farrell fue ordenado sacerdote el 24 de diciembre de 1978. Desarrolló su labor pastoral en México antes de ser nombrado obispo auxiliar de Washington en 2001. Fue consagrado obispo el 11 de febrero de 2002. En 2007, Benedicto XVI lo designó obispo de Dallas, y en 2016, ya con Francisco, fue llamado a Roma para liderar el nuevo Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida.

Desde entonces, ha sido uno de los hombres de confianza del pontífice argentino, quien le confió tareas de gran responsabilidad tanto administrativas como espirituales.


La importancia de su figura tras la muerte del papa Francisco

Tras el fallecimiento del papa Francisco el 21 de abril de 2025, Kevin Farrell asumió públicamente su papel como máxima autoridad del Vaticano en funciones. Fue él quien comunicó al mundo el inicio oficial de la sede vacante con estas palabras:

«Con inmensa gratitud por su ejemplo como verdadero discípulo del Señor Jesús, encomendamos el alma del papa Francisco al infinito amor misericordioso del Dios Uno y Trino».

Además de presidir los primeros ritos fúnebres, bendijo el cuerpo del papa y selló sus estancias privadas en la Casa Santa Marta. Farrell también ha coordinado la organización del funeral y ha convocado al Colegio Cardenalicio para iniciar los preparativos del cónclave.


Farrell, gestor de las finanzas y el patrimonio del Vaticano

Además de sus funciones como camarlengo, Kevin Farrell ha desempeñado cargos clave en la gestión económica de la Santa Sede:

  • Desde 2022 preside el Comité de Inversiones del Vaticano, que vela por la ética en las operaciones financieras.

  • Desde 2024, preside el Tribunal de Casación del Estado Vaticano.

  • Es administrador único del Fondo de Pensiones del Vaticano desde noviembre de 2024.

  • También forma parte de la Administración del Patrimonio de la Santa Sede y de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada.

En 1995, el papa Juan Pablo II le concedió el título honorífico de Prelado de Honor de Su Santidad.


Un liderazgo temporal con una misión trascendental

Kevin Farrell, con 77 años y una sólida formación internacional, lidera ahora uno de los periodos más delicados para la Iglesia Católica. Su misión no es doctrinal, pero sí esencial: mantener en funcionamiento el Vaticano, garantizar la transparencia y preparar con rigor y solemnidad la elección del nuevo papa.

Junto a él, la Iglesia universal mira hacia el futuro con expectativa, mientras se ultiman los detalles de un cónclave que marcará el rumbo del catolicismo en el siglo XXI.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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