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Cultura

The Limboos y Huracán Romántica llenan de ritmo el Veles e Vents este sábado

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Concierto veles e vents Valencia

El ciclo Concerts al Veles se acerca a su fin con una penúltima jornada vibrante este sábado 26 de abril, donde The Limboos, referentes del rhythm&blues nacional, y Huracán Romántica, banda valenciana de rock poético, ofrecerán un doble concierto en el icónico edificio Veles e Vents de La Marina de València.

Música en directo junto al mar: soul, rock y actitud

El evento comenzará a las 11:30 horas, con apertura de puertas a las 11:00 h, ofreciendo al público una nueva mañana musical en uno de los enclaves más especiales de València.
The Limboos, conocidos por su potente directo y su mezcla de sonidos retro con energía contemporánea, desplegarán su habitual combinación de rhythm&blues, soul y boogaloo sobre el escenario.

Por su parte, Huracán Romántica, liderado por el carismático Dani Flaco, traerá su rock visceral con letras cargadas de poesía y actitud. Su música es una invitación a sentir y pensar, con un directo potente que no deja indiferente.

Últimas fechas de la temporada y entradas disponibles

El ciclo Concerts al Veles, organizado por Agència Districte, se ha consolidado como una cita imprescindible de la cultura musical en València, ofreciendo conciertos al aire libre junto al mar en un ambiente familiar y relajado.

Tras esta penúltima jornada, el ciclo cerrará temporada el 17 de mayo con las actuaciones de Joe Crepúsculo y Gilbertástico, dos nombres clave del pop alternativo nacional.

Las entradas anticipadas para ambos eventos están ya disponibles en la plataforma Enterticket por un precio de 11 euros, una excelente oportunidad para disfrutar de la música en directo en un entorno inigualable.

 

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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