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Sólo 61 de los 168 positivos del brote del Galileo pertenecen a estudiantes de la Politècnica

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Evacuada Politécnica Valencia incendio

Nuevo giro en el macrobrote registrado este fin de semana en València como consecuencia de una o varias fiestas ilegales en la azotea del colegio mayor «Galileo Galilei». La Universitat Politècnica de València (UPV) ha informado hoy que entre los 168 positivos que se ha registrado después de las PCR a los participantes, sólo 61 corresponden a alumnos de su universidad.

Por tanto, el resto de positivos se distribuyen entre estudiantes de otras universidades del área metropolitana de València, principalmente de la Universitat de València y de Universidad Católica de València, y del CEU Cardenal Herrera de València.

Esta última ya decidió el lunes suspender las clases presenciales en dos de sus aulas, de primer curso de Medicina y de Veterinaria respectivamente, tras la confirmación que dos de sus estudiantes, que residen en el colegio mayor donde se produjo el brote, habían resultado contagiados.

Por su parte, la Universitat de València (UV) también ha decidido suspender las clases presenciales de dos aulas de Farmacia en el campus de Burjassot y otros dos grupos de la facultad de Economía en el campus de Tarongers. Según ha informado la UV, los casos positivos entre el resto de su alumnado «no son significativos y están muy fragmentados por campus, centros, titulaciones, cursos y grupos». Es por ello que no se considera de momento la suspensión de las clases presenciales como sí la Universitat Politècnica, que el lunes cerró las aulas a sus casi 25.000 estudiantes.

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Así era Pablo, el maquinista de Alvia, de 27 años que falleció en el accidente de trenes de Adamuz

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maquinista fallecido Adamuz
Imagen de Pablo B., el maquinista fallecido en el accidente ferroviario. Sur

A Pablo le quedaban apenas 10 minutos para bajarse del tren

Pablo B., maquinista de Renfe de 27 años, es uno de los tres trabajadores ferroviarios que perdieron la vida en el trágico accidente de trenes en Adamuz (Córdoba). Ingeniero de formación y con una prometedora carrera profesional, estaba a punto de terminar su turno cuando ocurrió la colisión que le costó la vida.

Según relatan sus compañeros, a Pablo le quedaban “diez minutos mal contados” para bajarse del tren Alvia que conducía. Su relevo estaba previsto en la estación de Córdoba, desde donde otro maquinista debía continuar el trayecto hasta Huelva.

Una carrera corta, pero marcada por el compromiso

Pese a su juventud, Pablo gozaba de una excelente reputación profesional dentro del cuerpo de maquinistas. Estaba adscrito a la residencia de Cerro Negro (Madrid), aunque anteriormente había trabajado en el servicio de Rodalies de Cataluña.

En Renfe, el concepto de “residencia” se refiere a una adscripción territorial operativa, no necesariamente al lugar de residencia personal. En esta línea concreta, los maquinistas realizan el trayecto Madrid–Córdoba, donde son relevados por un compañero que continúa hasta Huelva.

La noche del 18 de enero, Pablo iba al frente del Alvia que impactó contra varios vagones de un tren Iryo descarrilado a su paso por Adamuz. Salió despedido y murió en el acto.

“Estaba a punto de terminar su jornada”

Sus compañeros no ocultan la conmoción por las circunstancias del accidente. “Su viaje debía haber terminado en Córdoba”, explican. Tras el relevo, Pablo habría regresado a Madrid al día siguiente, como marca el habitual sistema de rotación del servicio.

El accidente ha reabierto el debate sobre la seguridad de la red ferroviaria, especialmente tras conocerse que en la zona de Adamuz se habían registrado numerosas incidencias en los últimos años.

El impacto en su familia y su barrio

La tragedia estuvo marcada además por una cruel coincidencia: su madre, Romi, profesora jubilada, se encontraba de vacaciones en Egipto cuando ocurrió el siniestro. Madre e hijo eran muy conocidos en el barrio madrileño de Ondarreta, donde residían.

El Ayuntamiento de Alcorcón decretó dos días de luto oficial por la muerte del joven maquinista. “Las banderas ondearán a media asta y se suspende la agenda pública”, anunció la alcaldesa, Candelaria Testa.

Más allá del ferrocarril: su pasión por la fotografía

Además de su vocación ferroviaria, Pablo tenía otra gran pasión: la fotografía. Desde niño, capturaba imágenes con su cámara compacta, muchas de las cuales compartía en redes sociales. Para quienes le conocían, era un joven discreto, sensible y comprometido con su trabajo.

Su fallecimiento se suma a una lista de víctimas que ha dejado una profunda huella en la sociedad y en el sector ferroviario, aún a la espera de que se esclarezcan completamente las causas del accidente.

 

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