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Cultura

«El Oro de Klimt» amplía su exposición en el Ateneo hasta el 25 de septiembre

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«El Oro de Klimt», la exposición inmersiva más popular de los últimos dos años, verá prorrogada su estancia en el Ateneo Mercantil de Valencia hasta el 25 de septiembre después de la excelente respuesta del público desde que abriera sus puertas el pasado 14 de mayo. Ante las limitaciones de aforo por razones sanitarias, el Ateneo y Nomad Art han decidido ampliar la exposición para que nadie se quede sin la oportunidad de disfrutarla.

“Si en condiciones normales la respuesta de la ciudad de València nos sorprendía, en este caso estamos desbordados por la acogida y la responsabilidad de los valencianos. Hemos llenado prácticamente todas las sesiones y ha quedado mucha gente sin poder saborear la obra de Klimt por las estrictas reducciones de aforo que hemos mantenido; por eso hemos decidido prorrogarlo hasta el 25 de septiembre, para que nadie se quede sin verla” ha explicado Alejandra Soto, directora de ‘El Oro de Klimt’ en València.

El Oro de Klimt, la primera producción inmersiva creada en España, exhibe un innovador montaje que nos ofrece una experiencia multisensorial inédita hasta ahora cuyas entradas se pueden adquirir a través de la web www.elorodeklimt.es

«El Oro De Klimt»

La original exposición convierte la obra de Klimt en un espectáculo multimedia que se extiende a todas las superficies de la sala, un universo de colores que se complementa con un delicioso contexto musical y una cuidada selección de aromas creados en exclusiva para esta muestra; un conjunto de evocadoras sensaciones que, sin duda, propician el vínculo con la obra del artista desde una perspectiva desconocida hasta ahora.

Medidas de seguridad sanitaria

Siguiendo la normativa vigente en materia de seguridad sanitaria COVID-19, todos los asistentes al Ateneo pasarán por la cámara térmica ubicada en la entrada principal para la toma de temperatura antes de acceder al edificio, además de llevar en todo momento la mascarilla obligatoria. El Ateneo dispone de dispensadores de gel hidroalcohólico y todas sus salas son debidamente desinfectadas antes de cualquier evento. Las estancias son ventiladas varias veces al día y tiene establecidas las rutas de subida y bajada para el público así como reducido el aforo, según normativa, en todos sus salones y ascensores.

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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