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Cultura

El valenciano que ‘descubrió’ América

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Año 1492. Cristóbal Colón descubría el Nuevo Mundo y pasaba a la historia. Junto a su nombre quedaría unido el de los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón. Los libros recuerdan a conquistadores como Pizarro o Hernán Cortés. Pero hay un personaje al que la historia no ha tratado con justicia. Su nombre apenas es recordado, pero su hazaña está a la altura de cualquier navegante o explorador que pisó tierra por primera vez aquel 12 de octubre.

El valenciano Luis de Santángel fue el verdadero artífice del descubrimiento de América. Nacido en València en 1435 estaba al servicio del Rey Fernando ocupando un puesto de confianza como consejero del monarca en asuntos financieros desde 1478. Amigo de Cristóbal Colón, la influencia del valenciano fue clave para que los reyes católicos vieran con buenos ojos el proyecto del viaje a las Indias. Santángel ocupaba el cargo de tesorero de la Hermandad, una milicia rural de la época encargada de la represión del bandolerismo. Esto le permitió recoger 1.140.000 maravedíes para que Colón emprendiera el viaje, sumados a los 17.000 florines que Santángel puso de su bolsillo convirtiéndose en mecenas del navegante.

La amistad con Colón era tan grande que Santángel fue la primera persona en saber de primera mano de los avances de la expedición en el Nuevo Mundo a través de una carta escrita por el almirante.

Santángel prestó sin duda un gran servicio a los reyes, tan grande como la gloria que alcanzó la Corona española. Aún así sus orígenes judíos pesaban demasiado en una época especialmente convulsa y su familia no se libraría de las garras de la Inquisición que terminó procesando a su madre y a otros parientes que fueron acusados de criptojudaísmo.

El propio Luis de Santángel sufrió diversos problemas por ser nieto de judío converso pese a tener una gran amistad con el Rey Fernando. Mediante varias denuncias falsas intentaron llevarle a la Inquisición  pero todo resultó en vano gracias a los Reyes Católicos, quienes finalmente otorgaron el privilegio real el 30 de mayo de 1497 del estatuto de limpieza de sangre, que le protegía a él y a sus descendientes ante el santo Oficio.

Falleció en el año 1498 en Ávila, pero sus restos descansan en el Monasterio de la Trinidad de València, por expreso deseo suyo como señaló en su testamento.

Sin duda la historia hubiera sido bien distinta de no haber convencido el valenciano a los monarcas para que recibieran de nuevo a Colón asumiendo él la dirección económica de la empresa. Solo así Isabel y Fernando aceptaron las pretenciosas condiciones impuestas por el navegante en las ‘Capitulaciones de Santa Fe’, y que fueron firmadas por el propio Santángel como secretario del Rey.

Foto: Landete

Un busto en la Alameda de la ciudad del Turia recuerda su hazaña:

 “A Luis de Santángel. Generoso cooperador del descubrimiento de América. La ciudad de Valencia. CMCXXI”. Por detrás: “El caballero valenciano Mossén Luis de Santángel escribano de ración de Fernando el Católico, que de su propio peculio sufragó los gastos para la gloriosa empresa de Colón. MCCCCXCII”.

 

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Cultura

El palacio en el que nacieron las Fallas

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Uno de los lugares más desconocidos por la mayoría de los valencianos guarda en sus paredes los orígenes de nuestra historia, nuestra tradición y de la fiesta de las Fallas.

Ajeno a las miradas de muchos que pasan junto a él, en el barrio de Velluters, se levanta el Palacio Balmes, edificio del siglo XV construido sobre unos cimientos del siglo XIII, un lugar único en la ciudad por ser el lugar donde empezó todo, el lugar donde nacía el Gremio de Maestros Carpinteros.

El origen de este antiguo gremio se remonta a la conquista de la ciudad de València por el rey Jaime I el Conquistador, cuando articula la ordenación gremial valenciana, que recoge en un principio a carpinteros, pero también los oficios de imagineros, pintores y un pequeño grupo relacionados con los «menesters» de la carpintería.

Según documentos, es el 17 de enero de 1242,  cuando el Llibre del Repartiment asigna a Guillem Francolí, maestro carpintero, dos talleres delante de la Iglesia de San Martín de València. Esa parroquia es el sitio donde se instalan obradores de otros artesanos de la madera convirtiéndose en sede gremial. Es en 1479, cuando los propios artesanos de la madera valencianos levantan el Palacio Balmes para llevar a cabo las reuniones de la “Confraria e ofici dels fusters”.

Cabe destacar a modo de curiosidad que su santo patrón era San Lucas, médico de profesión; y que no será hasta el año 1497 cuando el rey Fernando el Católico permita el cambio del patronazgo pasando a ser San José el nuevo patrón del gremio de carpinteros.

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En el siglo XVIII se renuevan las ordenanzas del ‘Gremi de Fusters’ por medio de una Real Cédula del Consejo de Castilla y 60 carpinteros del gremio de València vuelven a reconstruir el antiguo palacio de la calle Balmes realizando entre todos una verdadera joya de arte en su interior, el artesonado de madera que decora sus techos elaborando cada uno de ellos los 60 cajones que lo forman. Obra suya es también otros elementos de madera que todavía se conservan en el edificio.

Los primeros datos que se tienen sobre el lugar indican que sobre cimientos del siglo XIII se edificó una ermita ya en el siglo XV que fue ampliándose durante los años. El palacio es de planta rectangular y se accede a través del zaguán. En su portada adintelada se puede observar en el centro esculpidos en la piedra los siguientes elementos propios del arte de la carpintería como son un tintero sobre un libro, una escuadra, una regla y un compás. Si seguimos recorriendo con la mirada veremos en los ángulos que forman la portada una sierra en uno de ellos y en el otro ángulo una especie de hacha (azuela) de carpintero. También en cada uno de los ángulos de la casa podemos ver más pistas en piedra sobre los orígenes del edificio en el interior de un escudo en piedra, un cartabón y una especie de punzón, propios del trabajo de la carpintería.

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En su interior a través de un gran zaguán se accede a las distintas dependencias. Por una escalera se accede a la planta noble donde se encuentra la sala de juntas y la capilla. En la sala de reuniones de planta rectangular de 8 x 20 metros, nos encontramos con el artesonado de 60 casetones realizado cada uno por 60 maestros carpinteros a modo tal vez de firma, de sello distintivo lo que le proporciona cierta singularidad al conjunto. Por debajo del artesonado corre un friso también de madera del siglo XV.

La fachada trasera mezcla el edificio originario con elementos añadidos en las últimas reforma, como son las ventanas. Aún así se puede apreciar la división en dos secciones horizontales de distinto tamaño separadas por una moldura y en la parte superior una bella galería formada por 18 arquillos de medio punto que recorren la construcción por debajo del alero de madera.

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Oculto en esa fachada por el vandalismo de las pintadas que lamentablemente inundan el bello palacio podemos leer la siguiente placa:

«Al Excelentísimo señor Don Amalio Gimeno y Cabañas socio de merito de esta sociedad ministro de Marina y ex ministro de Instrucción Pública y Bellas artes con su protección se habilitó este local para escuelas Graduadas la Sociedad de Instructiva de Maestros Carpinteros perpetua gratitud a su ilustre bienhechor 19 marzo de 1913»

Foto: Hugo Román

 

En la actualidad el edificio está gestionado por una empresa privada destinada a la celebración de actividades culturales y eventos públicos y privados.

De las manos de aquel gremio que levantó ese edificio hace ya siglos dependía la vida de la ciudad ya que su oficio permitía la construcción de las casas, embarcaciones, herramientas, utensilios, recipientes y objetos de uso cotidiano, así como tallas de madera. Los más talentosos serían los encargados de dar forma a aquellas primigenias fallas, siendo el origen de nuestra fiesta grande.

De sus manos, de ese edificio hoy desconocido, nació el alma de nuestra ciudad.

 

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