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España entra en el fin de semana con más de 30 municipios y más de cinco millones de ciudadanos confinados

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Más de treinta municipios confinados, entre ellos cinco capitales de provincia y once ciudades de más de 100.000 habitantes. Esa es la situación en España en plena segunda ola de la pandemia cuando se llega al tercer fin de semana del mes de octubre, sin contar las restricciones parciales que se han adoptado en otros muchos lugares del país.

En todos estos municipios con confinamiento perimetral, sus ciudadanos pueden moverse libremente sin salir de los límites e ir a trabajar, pero se mantienen fuertes limitaciones para la hostelería, tanto en horarios como en aforo.

Madrid es, con sus 3,2 millones de habitantes, la ciudad más grande en confinamiento. Esa comunidad es también la que más municipios tiene con ese cierre perimetral: Alcobendas, Alcorcón, Fuenlabrada, Getafe, Leganés, Móstoles, Parla y Torrejón de Ardoz. Además, están confinadas las áreas sanitarias de siete pueblos de menor tamaño: Villa del Prado, Humanes, Reyes Católicos (San Sebastián de los Reyes), Arganda del Rey, Sierra de Guadarrama (Collado Villalba), Colmenar Viejo Norte (Colmenar Viejo) y Valleaguado (Coslada).

La segunda comunidad en número de municipios confinados es Castilla-León, con tres de sus nueve capitales de provincia con estas limitaciones (León Palencia y Salamanca, que se sumará este sábado) y Burgos en una situación «muy complicada», según se admite desde la Junta. Además, hay cierre perimetral en Miranda de Ebro (Burgos), San Andrés del Rabanedo (León) e Íscar, Pedrajas y San Pedro Latarce (Valladolid).

En Galicia, Ourense es la provincia más afectada. Allí se han adoptado las medidas más restrictivas de España respecto al contacto social, ya que no se pueden reunir personas no convivientes ni consumir en el interior de bares y cafeterías. Las ciudades confinadas son la capital, Ourense, Barbadás, O Carballino, O Irixo y Boborás.

Andalucía tiene 3 municipios confinados: Écija y Linares en la provincia de Jaén y Álmodovar del Río en la de Córdoba. Finalmente, en la Comunidad de Murcia hay 5 ciudades con cierre perimetral: Lorca, Totana, Jumilla, Fortuna y Abanilla.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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