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Estos son los privilegios que ya tienen en Israel los vacunados

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Jerusalén, 7 mar (EFE).- Israel dio este domingo el paso más importante de su desescalada pos-vacunación, con la reapertura de cafés, bares y restaurantes, la relajación de restricciones y el regreso a las aulas en universidades, entre otras medidas, que priorizan a quienes estén inmunizados contra el coronavirus.

Con más del 50% de su población inoculada con al menos la primera dosis de la vacuna, los restaurantes podrán recibir a clientes que presenten el llamado «pase verde», otorgado a quienes se hayan recuperado de COVID-19 o hayan recibido la segunda dosis hace al menos una semana.

La ocupación no podrá superar el 75% y quienes no presenten el certificado requerido para ingresar podrán sentarse en mesas al aire libre.

A partir de hoy pueden abrir también los salones de eventos culturales, que no podrán superar un 50% de su capacidad y a los que podrán ingresar únicamente quienes porten el pase verde y un porcentaje limitado de personas que presenten pruebas de coronavirus con resultados negativos.

Además de los estudiantes universitarios, también podrán regresar a clase los alumnos de entre 11 y 14 años que asistan a escuelas en las ciudades del país catalogadas como verdes o amarillas en base a sus bajos índices de contagios y de vacunación, mientras que estudiantes de instituciones religiosas solo podrán volver a clase en tanto porten el pase verde.

Los lugares de culto podrán también recibir a fieles que presenten este certificado aunque en cantidades limitadas. Aquellos que acepten recibir a personas que no porten el pase verde tendrán límites más estrictos y no podrán albergar a más de 20 personas en interior y 50 en exterior.

Los estadios y auditorios podrán recibir grandes cantidades de gente, con límites de entre 500 y 1.500 personas dependiendo de su capacidad y de si son abiertos o cerrados.

Por último, las nuevas regulaciones también se extienden a la entrada y salida de pasajeros a través del aeropuerto internacional de Ben Gurión, que ha operado de forma muy limitada desde fines de enero y que podrá recibir a partir de hoy hasta 1.000 ciudadanos israelíes al día, cifra que en los próximos días aumentaría a 3.000.

De esta manera Israel elimina casi por completo las restricciones implementadas durante el tercer confinamiento, que se extendió durante seis semanas desde fines de diciembre y que ha ido relajando lentamente desde mediados de febrero.

La veloz campaña de vacunación del país, con casi cinco millones de personas inoculadas por la primera dosis de la vacuna de Pfizer y casi cuatro millones también con la segunda, ha sido fundamental para el avance de la desescalada.

En las últimas semanas, Israel, con poco más de nueve millones ed habitantes, ha registrado un marcado descenso en las cifras de contagios y de pacientes en estado grave, y actualmente cuenta con poco más de 40.000 casos aún activos, de un total de 800.000 identificados desde el inicio de la pandemia.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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