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Series y décimos del segundo premio vendidos en toda la Comunitat

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Un momento del sorteo extraordinario de lotería del Niño de 2022.). EFE/Loterías y Apuestas del Estado (SELAE)

València, 6 ene (EFE).- Series y décimos del número 44.469, agraciado con el segundo premio del sorteo del Niño, se han vendido en una veintena de administraciones y despachos de lotería de las tres provincias de la Comunitat Valenciana.

Según datos facilitados por Loterías y Apuestas del Estado, décimos premiados se han vendido en Paiporta, Mislata, Gandia, Loriguilla, Yátova, Tavernes Valldigna, Carlet y Villanueva de Castellón, en la provincia de Valencia, además de despachos y administraciones de la capital en la avenida del Oeste y en las calles Arzobispo Olaechea, Luis Crumniere y Mícer Mascó.

En la provincia de Alicante se han repartido décimos del 44.469 en Callosa d’en Sarriá, Torrevieja, Elche, El Campello, Petrer, La Murada, Cox, Orihuela y en la oficina de la calle Azorín de la capital alicantina.

Hasta la provincia de Castellón han llegado también décimos premiados del segundo premio vendidos en Cinctorres (La Plaza, 33), Nules (en la calle San Bartolomé) y Vila-real (avenida del Cedro).

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Las Fallas, el corazón social que proyecta València al mundo

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Fallas marca Valencia
Foto: TONI CORTÉS

Las Fallas no solo son una fiesta declarada Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, sino también un potente motor de identidad, cohesión social y dinamismo económico. Así lo sostienen dos expertos de la Universidad Europea de Valencia, que destacan el papel de la celebración en la consolidación de la marca València y en la activación de comportamientos cooperativos dentro de la comunidad.

La fiesta fallera, subrayan, representa uno de los fenómenos culturales y sociales más relevantes del territorio valenciano, tanto por su impacto identitario como por su influencia en las decisiones económicas colectivas.

Las Fallas como símbolo diferencial de la marca València

Daniel Delmás, docente del Grado en Turismo, analiza cómo ha evolucionado la proyección exterior de València en las últimas décadas. Recuerda la polémica escena de la película Misión Imposible 2 (2000), donde se mezclaban Fallas y Semana Santa en Sevilla, como ejemplo de la confusión cultural que existía entonces.

“Si aquella escena se rodara hoy, el resultado sería muy distinto”, apunta. Según el experto, el cambio responde a un trabajo sostenido en la construcción de la marca ciudad, en el que entidades como Visit València han situado la cultura propia como eje central de identidad.

En este contexto, elementos como las Fallas o la paella funcionan como “símbolos intangibles” que permiten que València deje de percibirse como una ciudad mediterránea más y se consolide como un destino reconocible y diferenciado.

El peso social también es clave: más de 200.000 personas integradas en cerca de 800 comisiones falleras en toda la Comunitat Valenciana convierten a la fiesta en el principal tejido asociativo del territorio.

Identidad fallera y cooperación social

Desde la óptica de la economía del comportamiento, Enrique Fatás, catedrático y director del Economic Behavioural Institute, explica que las Fallas activan mecanismos de identidad social y normas compartidas que favorecen la cooperación.

“La identidad fallera y valenciana no se traduce en exclusión, sino que convive con identidades más amplias, como la mediterránea o la europea”, señala.

A diferencia de otros contextos donde la diversidad puede dificultar la colaboración entre grupos, en València ocurre lo contrario. Según Fatás, la diversidad genera expectativas más optimistas y comportamientos más generosos, reforzando la cohesión social.

Impacto económico: consumo como inversión comunitaria

Los expertos destacan que durante las Fallas las decisiones económicas no se perciben únicamente como gasto, sino como inversión en la comunidad. La presión de las normas sociales y la gratificación inmediata asociada a la fiesta impulsan el consumo como forma de reforzar la pertenencia al grupo.

En este sentido, participar en actos como la mascletà, colaborar con la comisión o asistir a eventos falleros deja de ser una decisión estrictamente individual para convertirse en una norma social compartida.

Las conclusiones apuntan a que las Fallas sostienen una parte esencial de la marca València y funcionan como un sistema donde identidad, normas sociales y decisiones económicas se alinean para fortalecer la convivencia y el dinamismo económico.

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