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Cultura

Muere la actriz Paloma Cela a los 76 años

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La veterana actriz Paloma Cela ha fallecido este sábado a sus 76 años en Madrid. Aunque se desconocían sus problemas de salud, la artista permanecía ingresada en el hospital desde hace un par de semana por un problema vascular, que finalmente ha terminado con su vida. El mundo de la cultura y el espectáculo lloran su muerte y sus amigos han querido rendirle el último adiós.

Paloma comenzó su larga carrera primero como modelo, siendo un rostro imprescindible de Balenciaga y luego dando el saltó a la interpretación. Participó en infinidad de películas del cine español y en series tan míticas como Farmacia de guardia, Ay señor, señor o en Cruz y raya. com, también pudimos verla en Torrente 2: Misión en Marbella, siendo este su último trabajo en la gran pantalla después de toda una vida dedicada a ella y al teatro.

A parte, Paloma también participó en diferentes programas de televisión y era un personaje de la vida social. La última vez que la vimos en televisión fue en Sálvame por su enfrentamiento con Lydia Lozano por supuestamente haberse colado en la boda de la periodista.

Ahora los restos mortales de la actriz descansan en el tanatorio de la M-30 de Madrid y hasta allí han querido acercarse rostros tan conocidos como el de Rappel, de quien empezó a ser amiga tan solo con 15 años y no se esperaba el trágico final, o La Chunga, quien confesaba ante las cámaras que este último tiempo habían estado enfadadas pero que estaba muy afectada por la perdida. Encarnita Polo también quiso acercarse a despedirse de su compañera, arropando así a la hija de la artista, quien ha agradecido el cariño recibido y presencia de los medios.

Durante el día de hoy, continúa llegando personas a dar el pésame a la familia y a despedirse de Paloma Cela.

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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