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Muere Carmen Alborch a los 70 años

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VALÈNCIA, 24 Oct. (EUROPA PRESS) – La política, profesora y escritora valenciana Carmen Alborch –ministra de Cultura en el gobierno del PSOE entre 1993 y 1996– ha fallecido a los 70 años, víctima de una larga enfermedad.

La última aparición pública de Alborch se produjo el pasado 9 d’Octubre, Día de la Comunitat Valenciana, cuando recibió la Alta Distinción de la Generalitat. En su discurso, ya que ejerció además como portavoz de los galardonados, aseveró que el feminismo «debía ser declarado Patrimonio de la Humanidad».

«El feminismo, como ha mejorado la calidad de vida de todos los ciudadanos y ciudadanas, debería ser declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad», dijo en aquel acto institucional el 9 d’Octubre en presencia, entre otros, del presidente del Gobierno central, Pedro Sánchez; y del jefe del Consell, Ximo Puig.

Carmen Alborch, nacida en Castelló de Rugat (Valencia) en 1947, fue ministra de Cultura del Gobierno entre 1993 y 1996, además de diputada del grupo socialista en tres legislaturas. En 2007 fue candidata a la alcaldía de València, ejerciendo de portavoz socialista en el Ayuntamiento hasta junio de 2011.

LUCHA POR LA IGUALDAD
En su currículum figuran numerosas distinciones por su lucha por la igualdad entre mujeres y hombres, como Premio de Mujeres Progresistas, Premio Meridiana de la Junta de Andalucía, Premio Rosa Manzano 2007 o Premio de Gabriela Sánchez Aranda 2009.

Fue socia de honor de la Asociación Clásicas y Modernas y de la Asociación de mujeres investigadoras y tecnólogas (AMIT). Además, recibió también el Premio Generando Arte 2015 concedido por la Asociación Generando Arte de mujeres artistas.

Le fue concedida la Cruz de Honor de San Raimundo de Peñafort, nombrada Officier Dans L’ordre Des Arts Et Des Lettres y de La Gran Cruz de Carlos III. Igualmente, fue patrona de honor del Teatro Real.

Como autora, además de diversas obras especializadas relacionadas con el Derecho Mercantil, es responsable de títulos como ‘Solas, gozos y sombras de una manera de vivir’ (1999); ‘Malas, rivalidad y complicidad entre mujeres’ (2002); ‘Libres, ciudadanas del mundo’ (2004), ‘La ciudad y la vida’ (2009) y ‘Los placeres de la edad’ (2014).

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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