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Multas en la playa: desde orinar hasta jugar a las palas

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Multas en la playa
Multas en la playa-FREEPIK

Con la llegada del verano y las playas llenas de visitantes, conviene recordar que algunos hábitos aparentemente inofensivos pueden suponer importantes sanciones. Uno de los más comunes es llevarse arena, conchas o moluscos como recuerdo.

Prohibido por ley: no puedes llevarte arena, conchas ni moluscos

Cada verano, miles de turistas recorren las costas españolas y muchos de ellos recogen conchas marinas, piedras o incluso un pequeño bote con arena para conservarlo como souvenir. Sin embargo, esta práctica, tan extendida como desconocida en cuanto a sus consecuencias legales, está estrictamente prohibida por la legislación vigente.

La Ley de Costas en España establece que no se puede extraer ningún elemento del dominio público marítimo-terrestre, lo que incluye arena, conchas, piedras, algas, moluscos o cualquier otro recurso natural. Esta normativa tiene como objetivo proteger los ecosistemas litorales y preservar la biodiversidad que depende de estos elementos aparentemente insignificantes.

Multas de hasta 60.000 euros por recoger elementos naturales

Aunque muchas personas lo desconocen, llevarse una concha del mar puede acarrear una multa de hasta 60.000 euros, especialmente si la autoridad competente considera que el daño medioambiental causado es grave o afecta a especies protegidas o zonas sensibles.

Estas sanciones no son meramente disuasorias: se aplican y se han impuesto en aeropuertos, por ejemplo, cuando se detecta en los equipajes arena o materiales extraídos de la costa. Las conchas, además de tener un valor simbólico, son esenciales para el equilibrio del ecosistema marino, ya que sirven como refugio para pequeños crustáceos y ayudan a prevenir la erosión.

¿Existen excepciones?

La norma no admite excepciones para usos personales o turísticos. No obstante, se contemplan situaciones específicas en las que sí se puede recoger material de la costa:

  • Proyectos científicos o educativos debidamente autorizados.

  • Estudios medioambientales con el permiso previo de la administración.

  • Actuaciones supervisadas en casos de restauración de playas o limpiezas organizadas por entidades públicas.

Sin la autorización correspondiente, cualquier tipo de recolección está vetada, aunque el volumen sea mínimo o el motivo parezca inocente.


Otras conductas sancionables en la playa este verano

Además de recoger conchas o arena, hay otras actividades que pueden acarrear sanciones si no se respetan las normas de cada municipio o comunidad autónoma.

⚽ Jugar a la pelota en zonas no permitidas

Muchos ayuntamientos regulan o prohíben el uso de balones, palas u otros objetos recreativos en determinadas áreas de la playa, especialmente en temporada alta. El objetivo es garantizar la seguridad y el descanso de los bañistas.

  • En lugares como Cádiz o Benidorm, solo se permite jugar en zonas habilitadas.

  • En otras ciudades, puede acarrear sanciones leves si se causa molestias o se incumplen las señalizaciones.

🐶 Acceder con mascotas a la playa

El acceso de animales de compañía a las playas también está regulado. Aunque cada vez hay más playas pet friendly, en muchas zonas está prohibido ingresar con perros entre junio y septiembre.

  • Las multas pueden oscilar entre 100 y 3.000 euros según la normativa local.

  • Es recomendable consultar los carteles informativos o la página web del ayuntamiento para evitar infracciones.


Educación ambiental: la clave para preservar nuestras playas

España cuenta con más de 8.000 kilómetros de costa y un patrimonio natural que atrae a millones de turistas cada año. Pero para mantener ese valor ambiental y turístico, es fundamental que todos respetemos las normas que protegen los espacios naturales.

Acciones que parecen insignificantes, como llevarse una concha o jugar en una zona no habilitada, pueden tener un impacto negativo en el entorno y, además, conllevar sanciones económicas importantes. Este verano, disfruta del mar, pero hazlo con responsabilidad y conocimiento de la ley.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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