El nuevo Pontífice visitó la Basílica y la Catedral en 2005, mostrando cercanía con la comunidad agustina valenciana
VALENCIA, 9 MAY 2025. La elección del Papa León XIV, el primer Papa agustino desde tiempos remotos, ha sido recibida con profunda alegría por la comunidad agustina de Valencia, que tuvo el privilegio de recibir su visita en 2005, cuando aún ejercía como prior general de la Orden de San Agustín.
Durante su estancia en Valencia, que se prolongó dos días, el ahora Papa rezó ante la Virgen de los Desamparados en la Basílica y también en la capilla de Santo Tomás de Villanueva en la Catedral, un gesto especialmente significativo por tratarse de un santo agustino que fue arzobispo de Valencia en el siglo XVI. “Fue un honor y una sorpresa para él poder rezar ante el busto relicario con el cráneo del santo”, recuerda el superior de la comunidad agustina en Valencia, Jesús Domínguez.
Una visita marcada por la cercanía y el carisma agustiniano
Jesús Domínguez rememora aquellos días con emoción: “Fue muy cercano con todos nosotros, se preocupó por nuestras inquietudes y nos animó a vivir el carisma agustiniano con mayor intensidad”. En esa visita, León XIV compartió reflexiones, proyectó presentaciones y profundizó en la vida comunitaria, con un estilo pastoral muy próximo.
“El ahora Papa se comportaba como un padre y un amigo; su interés era fortalecer la fraternidad y la misión de cada comunidad. Su presencia fue un impulso para nuestra vida religiosa”, añade Domínguez.
Vínculos duraderos con la comunidad agustina de Valencia
Además de la visita a los lugares más emblemáticos de la espiritualidad valenciana, el entonces prior general también dejó huella a través de mensajes pastorales. En el 50 aniversario del colegio Santo Tomás de Villanueva, escribió: “La espléndida cosecha de este tiempo es también semilla de futuro”.
El nuevo Papa también mantuvo contacto constante con los religiosos de Valencia a través de capítulos generales y encuentros internacionales. Juan Antonio Muñoz, actual párroco de Cristo Rey, recuerda haberlo conocido en su etapa como superior en Sevilla: “Siempre buscaba soluciones desde el diálogo, nos animaba a vivir la interioridad y la misión”.
Una comunidad viva y al servicio
Actualmente, la comunidad agustina de Valencia está formada por nueve religiosos y realiza su labor pastoral en el colegio Santo Tomás de Villanueva, la parroquia de Cristo Rey —que es también la basílica sepulcral de San Vicente Mártir— y en el hospital Quirón de Valencia.
Con la elección del nuevo Pontífice, los agustinos valencianos han elevado sus oraciones por él, confiando en que el Espíritu Santo le guíe en su servicio a la Iglesia, tal como lo hizo cuando lideraba su orden: “Nosotros lo recordamos como un pastor cercano, un referente del carisma agustiniano vivido con alegría, comunidad y compromiso”.
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El desgarrador discurso de Liliana Sáenz de la Torre en el funeral por las víctimas en Huelva
“Lo que perdimos no era una cifra, eran vagones llenos de esperanza”
El funeral en memoria de las víctimas del accidente ferroviario de Adamuz dejó uno de los momentos más conmovedores con la intervención de Liliana Sáenz de la Torre, hija de Natividad de la Torre, una de las personas fallecidas en la tragedia. Con entereza y un profundo dolor contenido, tomó la palabra en nombre de las 45 víctimas mortales y sus familias, convirtiéndose en la voz de quienes han quedado marcados por la pérdida.
Un mensaje de fe y agradecimiento al pueblo andaluz
Durante su intervención, Liliana recordó que Huelva es una tierra mariana y Andalucía un pueblo creyente que busca consuelo en la fe. Agradeció la presencia de quienes acudieron “por amor, pasión y empatía” y también de quienes lo hicieron por compromiso institucional, subrayando el valor de acompañar en los momentos más difíciles.
La portavoz de las familias dedicó palabras especiales al pueblo de Adamuz, al que calificó como un lugar que nunca olvidarán y con el que se sentirán unidos para siempre. Destacó la entrega de sus vecinos en los primeros momentos tras el accidente, cuando se volcaron en ayudar a los heridos y en acompañar a los familiares en medio del caos y el dolor.
Reconocimiento a los servicios de emergencia y voluntarios
Liliana Sáenz de la Torre también quiso expresar su gratitud a los cuerpos de seguridad y emergencias, así como a los profesionales sanitarios y a Cruz Roja. Agradeció la empatía, el afecto y la dedicación mostrados en los días posteriores al siniestro, resaltando el esfuerzo humano que hubo detrás de cada actuación en un contexto tan duro.
Crítica a la lentitud informativa institucional
En su discurso, la hija de Natividad de la Torre no eludió la crítica institucional. Señaló la lentitud en la transmisión de información oficial durante las primeras horas tras el accidente y afirmó que “es mejor saber que imaginar”. Reconoció, en cambio, la labor de las pequeñas corporaciones locales y de los vecinos que alertaron a las familias de la gravedad de lo ocurrido y compartieron su dolor desde el primer momento.
Agradecimiento a Huelva y a sus representantes
Liliana tuvo palabras de reconocimiento para la alcaldesa Pilar Miranda y para toda la ciudadanía onubense. Destacó la cercanía y el apoyo mostrado por Huelva, una ciudad que, según afirmó, ha sabido arropar a las familias con el calor humano y la solidaridad de su gente.
“No eran cifras, eran vagones llenos de esperanza”
Uno de los fragmentos más impactantes del discurso fue cuando recordó que las víctimas no eran números. “Lo que perdimos ese fatídico domingo no era solo una cifra; eran vagones llenos de virtudes y defectos, de triunfos y derrotas, de anhelos y silencios… Eran vagones llenos de esperanza”, expresó.
Subrayó que las personas fallecidas eran padres, madres, hermanos, hijos o nietos, y que representaban la alegría cotidiana y el refugio emocional de sus familias. También reflexionó sobre el futuro truncado de quienes viajaban en aquel tren, sus sueños y proyectos, y la fractura social que, según dijo, se agrava cuando ocurren tragedias de esta magnitud.
El dolor compartido de las 45 familias
En la parte final de su intervención, Liliana recordó el momento en que las familias comenzaron a asumir la magnitud de la tragedia. Habló de las 45 familias a las que “se les paró el reloj” aquella tarde y del abrazo colectivo en el centro cívico, donde el silencio y el llanto marcaron el inicio de un duelo común.
Concluyó con una reflexión sobre el amor, la memoria y la búsqueda de justicia. Afirmó que las familias lucharán por conocer la verdad y evitar que vuelva a ocurrir una tragedia similar, pero desde la serenidad y la paz interior, confiando en la fe y en el recuerdo de quienes ya no están.
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