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Relativizar la necesidad de celebrar y contacto virtual, claves esta navidad

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Rosabel Tavera
Castelló, 20 dic (EFE).- Los expertos en salud mental abogan por mantener el contacto virtual con los seres queridos, relativizar la importancia de celebrar unas fiestas concurridas, ser optimistas y no dejar que los niños pierdan la ilusión para afrontar la Navidad más atípica e incierta a causa de la pandemia de la Covid-19.
El psicólogo valenciano Enric Valls ha asegurado que nos enfrentamos a unas fiestas rodeadas de una incertidumbre que «genera tensión» y se pregunta que «quién nos iba a decir que iba a ser un año tan difícil y tan brutal».
Se acercan unos días marcados tradicionalmente por las multitudes, los encuentros familiares, las fiestas con amigos, cabalgatas, las salidas nocturnas y los excesos y este año «no tendremos nada de esto» o, al menos, estará limitado y condicionado, y «nos miramos entre nosotros y podemos observar incertidumbre, sorpresa, miedo, fatiga y dudas» e incluso «sentimientos de estrés postraumático o de fatiga pandémica».
Ante esto nos queda «no perder la esperanza» y ser «optimistas, que no positivos», porque, explica, «el positivo dice que no pasa nada, mientras que el optimista reconoce que las cosas no están bien y hace lo posible para cambiarlas dentro de las posibilidades».
Valls recomienda no dejarse llevar por el «síndrome del cumpleaños» -por el cual el individuo «dice que todo está bien pero en el fondo está fastidiado por dentro»- sino que aboga por «hablar y comunicar lo que uno piensa, expresar con palabras que nos sentimos mal, y hacer partícipe de ello a las personas cercanas».
ABRIR PUERTAS PARA QUE SALGA LA RABIA
Se trata de «abrir puertas de emergencia», porque «hay quien, en estas situaciones, solo ve como salida la rabia o la agresividad», pero hay que dar paso a esas puertas para aliviar el estrés. Algo que se puede conseguir, según el psicólogo valenciano «dedicándonos a una afición, haciendo ejercicio, manteniendo charlas con las personas más cercanas» y con actividades como la ayuda social o el voluntariado y, sobre todo, «aprendiendo a relativizar y ser optimistas», porque «la Navidad no tiene por qué ser algo maravilloso».
Para la psicóloga valenciana Gracia Vinagre el hecho de que la Navidad vaya a ser diferente no significa «que no se pueda vivir con ilusión». «Ligamos el cambio y la diferencia a cosas negativas», sobre todo a consecuencia de la pandemia, que «nos ha cambiado mucho y nos genera mucha infelicidad».
Pero un cambio «puede ser un regalo» y este año «puede que vayamos a renunciar a cosas, pero a lo mejor estas fiestas nos enseñan otras».
La profesional pone el foco en los niños, y hace un llamamiento a que los adultos «transmitamos a los pequeños que aunque van a ser diferentes serán igual de ilusionantes», y Valls añade que «aunque no se pueda regalar y ofrecer tantas cosas materiales, sí se puede ofrecer afecto y cariño».
LO BUENO, QUE NO SERÁN TAN ESTRESANTES
Y ambos encuentran en estas Navidades diferentes algo positivo, «no serán tan estresantes», indica Vinagre, porque «con menos gente no tendremos que preparar grandes cenas, sino ir a lo sencillo, que a fin de cuentas es la base del espíritu navideño: disfrutar de las pequeñas cosas y momentos más hogareños».
Valls también se inclina por relativizar, «podemos verlas como una cena más, y pensar que ya habrá momentos para celebrarlo» y anima a la gente a no perder el contacto con los seres queridos, ya que «serán las Navidades más tecnológicas» y debemos hacer uso de recursos digitales para «poder tener cenas virtuales y si hace falta se pone en la mesa un altavoz y una videollamada con los familiares y amigos».
En este sentido el profesional explica que el «amortiguador del dolor es el contacto social y el trato personal», así, aboga por mantener los contactos a distancia valiéndonos de la tecnología, y también por tener proyectos de cara al año nuevo como «almohada protectora frente a la angustia».
Para Vinagre, podemos verlas como unas navidades «más tranquilas» y sugiere «tirar de imaginación» para mantener el contacto social mediante cartas, mensajes, videollamadas, hacer un adorno navideño para un ser querido» e intentar buscar los mecanismos que «nos hagan sentir más cerca a nuestros seres queridos». EFE
rta/ais
(foto)

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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