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Cultura

Nace ‘Semana Cero’, el ciclo de conciertos que llenará Valencia de música en directo

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Nace 'Semana Cero', el ciclo de conciertos que llenará Valencia de música en directo

El nuevo proyecto de programación musical ‘Semana Cero’ se celebrará del 18 al 23 de octubre para «llenar la ciudad de música en directo» con conciertos en las principales salas de València cómo Loco Club, La3 Club, Play Club, Oven Club, Spook y Electropura.

Con una programación ecléctica, apuesta tanto por artistas nacionales que están marcando la agenda en estos últimos tiempos como por la promoción del talento local. 

Programación

El ciclo da el pistoletazo de salida el martes 18 donde Samuraï actuará en el Loco Club con su estilo pop desenfrenado acompañado por la banda local Kylu Te Quiero.

A continuación, el miércoles 19 estará marcado por Gloosito y su detroit trap que pasará por Play Club acompañado del artista local Treze.

En el ecuador del ciclo se encuentra el punk bailongo de La Elité, que llega por primera vez a Valencia y estará acompañado del concierto de la banda local de techno-punk Sonido Ordeno, será el jueves 20 en La3. Para seguir la noche, Pépe y Blanch, dos djs de reconocido talento local pincharan en Oven Club hasta ver los primeros rayos del amanecer.

El viernes 21 le toca el turno a Holics en su primer concierto en la ciudad, que será en La3 Club y estará acompañado del primer concierto del castellonense tarchi y siguiendo esta línea y llegando al plato fuerte, el sábado 22, en la sala Spook, contaremos con las actuaciones de rusowsky, Mda & ambeats y Los Killaos, así como una fiesta que promete ser potente con DRUMMIE, ambeats, Mejiias & Joel<3 dj set al mando de los platos. Cerrando el ciclo, la maravillosa Irenegarry actuará en Electropura el domingo 23 presentando su nuevo disco que saldrá a finales de septiembre y que cuenta con los hits ya disponibles “Dime que me calle”, “AW” y “Contestame a la historia”.

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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