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Fallece Vicente Lladró a los 86 años de edad

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Lladró

VALÈNCIA, 11 Oct.- Vicente Lladró, uno de los tres fundadores de la firma de porcelana decorativa Lladró, ha fallecido este viernes a sus 86 años, según han confirmado a Europa Press fuentes del entorno familiar. El empresario, junto a sus hermanos Juan y José, ya fallecidos, levantó la emblemática firma valenciana en Tavernes de la Valldigna en 1953.

La sala del Tantatorio Municipal de València donde reposa el cuerpo de Vicente estará abierta a partir de las 11.00 horas de este sábado y a las 17.00 se ofrecerá una misa en su memoria.

Juan, José y Vicente empezaron a elaborar sus piezas en su casa natal cerca de València. Con el paso de los años, la demanda hizo que los Lladró trasladaran su taller familiar a una nave en la población vecina de Tavernes Blanques, futura sede de la compañía actual en la llamada ‘Ciudad de la Porcelana’ de 100.000 metros cuadrados.

La firma valenciana –actualmente en manos del grupo PHI Industrial– dio el salto al exterior en 1986 cuando desembarcó en Asia, con filiales en Japón y China, y dos años después abrió su primer museo y galería en la ‘gran manzana’, en plena Quinta Avenida.

Tras un proceso de expansión y diversificación de productos, en 2007 la familia decidió romper la sociedad, repartida al 33% por las tres ramas. Juan y sus cuatro hijas pasaron a asumir el 70% de la división histórica Lladró Comercial, que agrupa tanto el negocio de la porcelana, con sus marcas Lladró y Nao, como el de joyería con Carrera y Carrera. José y Vicente se repartieron el 30% restante.

Una década después, en enero de 2017, la Junta General Extraordinaria de la firma acordó aceptar la oferta de compra sobre Lladró, S.A. realizada por PHI Industrial, después de que la sociedad matriz de Lladró, Sogidei, publicara la convocatoria de autorizar la venta del 100% de las acciones. El 16 de diciembre de 2017 falleció Juan Lladró, a los 91 años, y dos años después, el pasado mes de junio, murió José, también a la misma edad.

El pasado mes de abril, la dirección de Lladró comunicó al comité de empresa y a los sindicatos un procedimiento de despido colectivo, que finalmente afectó a un total de 76 trabajadores en las cuatro empresas que conforman el grupo.

Fuente: EUROPA PRESS

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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