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La oferta de Ribó al PSPV para lograr un acuerdo de gobierno sin ceder la vicealcaldía

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VALÈNCIA, 11 Jul. (EUROPA PRESS) – Compromís y PSPV-PSOE han reanudado en las últimas horas las negociaciones para cerrar el acuerdo que lleve a conformar en el Ayuntamiento de València un gobierno de coalición entre ambas formaciones para el mandato que acaba de comenzar. Los contactos se han restablecido después de que la reunión celebrada el martes de la pasada semana terminara sin haber puesto fecha para un próximo encuentro.

Ese día, la portavoz socialista en el consistorio y secretaria general del PSPV en la capital valenciana, Sandra Gómez, señaló que su partido «nunca» iba a «dar por rotas las negociaciones» aunque reconoció que estaban paradas y admitió que había «un deterioro de la relación» entre Compromís y los socialistas en ese proceso. Gómez pidió al alcalde, Joan Ribó (Compromís), y a su coalición «sinceridad, confianza y lealtad».

Por su parte, el primer edil afirmó esa jornada que «para avanzar en negociaciones es imprescindible no introducir noticias falsas y es imprescindible un mínimo de lealtad» y posteriormente se mostró «seguro» de que en unos días se llegaría a un acuerdo de gobierno municipal entre Compromís y el PSPV para dirigir la ciudad entre 2019 y 2023.

Tras un primer contacto este miércoles por la tarde, la comisión negociadora que integran miembros de Compromís y del PSPV se ha reunido de nuevo este jueves para posibilitar el consenso, según ha podido saber Europa Press.

Este jueves se han retomado las negociaciones. Para que el PSPV abandone la idea de una vicealcaldía, Compromís ofrece a Gómez un área de gobierno importante que a día de hoy lidera el equipo de Ribó. Esta jornada y la del viernes se prevén ‘clave’ para intentar acercar posturas en busca del acuerdo de gobierno.

El acuerdo debe estar cerrado en breve, dado que el próximo miércoles, 17 de julio, se celebrará en el Ayuntamiento el pleno de organización en el que debe aprobarse la composición de la corporación local para la nueva legislatura, con el visto bueno sobre cuestiones como el número de áreas de gobierno, la distribución de estas entre los ediles que lo integren, las comisiones informativas y su composición y el número y nombramiento de asesores.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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