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Adara y su controvertida historia de amor ganan GH VIP 7

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Valencia, 20 diciembre – Adara se ha proclamado la ganadora indiscutible de GH VIP 7. Lo cierto es que se ha dejado la piel desde el primer día de concurso. Empezó enfrentándose a toda la casa, lucho por las injusticias que no le parecían correctas, defendió a quién más creía que se lo merecía y sobre todo, fue leal con su corazón y sus sentimientos. Así ha conseguido llegar hasta la final y poner a la gran mayoría del público a su favor.

La concursante y su historia de amor han conquistado a la audiencia ante duras rivales como Alba Carrillo, que quedaba en 2º lugar y Mila Ximénez que fue la 3º finalista. Lo hizo, además, en la final más vista de la historia del programa, con más de 4,2 millones de espectadores y un incríble 38,9% de share.

La concursante sabía perfectamente a todo lo que se enfrentaba cuando llegase al plató. Muchas han sido las cosas que se han dicho de la concursante cuando ella estaba en pleno encierro y ahora, el turno es de ella. Antes de abandonar Guadalix de la Sierra, la modelo se reencontró con el que ahora es su amor, Gianmarco. El italiano subió con un ramo de rosas azules («las favoritas de mi abuela» le confesaba el joven nervioso) y con una pregunta: «¿Quieres que salgamos juntos del concurso?» a lo que ella respondió: «Sí».

Entre besos, abrazos y ‘te amos’ los dos concursantes se despidieron en el salón de la casa donde se conocieron para verse minutos más tarde en el plató del concurso. A pesar de las miradas que los padres de la modelo le lanzaban a Adara en todo momento para que no hablase más de la cuenta, habló todo lo que quiso y más.

«Es muy fuerte para mí, es algo que antes no sentía, se me agarra algo aquí en el pecho» explicaba Adara sobre sus sentimientos por el italiano, a la vez que admitía que su relación con Hugo Sierra estaba rota y que se dio cuenta de ello en la casa. «Me hubiera dado cuenta de lo mismo aunque no hubiese estado Gianmarco».

Adara buscaba la aprobación de su madre, quien se mostró bastante distante con las palabras de su hija y de Gianmarco y solamente quiso explicar que: «Con tu edad se viven las cosas de una forma diferente a la mía, creo que habéis estado encerrados y que os tenéis que conocer. A vosotros os queda conoceros fuera y os queda encajar, ese para mí es el verdadero amor». Adara sin embargo, confesó que: «Yo no puedo controlar mis sentimientos».

De esta manera, Adara se ha convertido en la ganadora de una edición que ha sido espectacular y que ha llenado a todos los espectadores que han seguido el concurso desde el primer día.

Fuente: EP

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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