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Adiós a Che, la jirafa que llegó al Bioparc en 2007

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VALÈNCIA, 22 Nov.-La jirafa Che, que nació en 1995 en el antiguo zoo de Viveros de una pareja que procedían de un circo, ha muerto en Bioparc, donde llegó en 2007 y se convirtió en «una colaboradora muy especial» adoptando a crías que eran rechazadas por sus madres o acompañando a los ejemplares que llegaban, según ha informado el parque.

Al respecto, la veterinaria Loles Carbonell ha destacado que Che ha sido «la jirafa» de numerosas generaciones de valencianos y, por tanto, «especialmente querida por todos». Carbonell ha señalado que todavía recuerda emocionada su nacimiento, el primero que presenció de una jirafa y, desde entonces, ha «mimado y cuidado», ofreciéndole el «máximo de bienestar hasta el final».

Todo el equipo del parque han sentido especialmente la pérdida de este animal por su excepcional carácter «amigable» que la convirtió en «una colaboradora muy especial» en la integración y conexión del grupo de jirafas de Bioparc que ha estado formado por nueve ejemplares.

Así, han resaltado que durante todos estos años, ha sido «una ayuda imprescindible» en momentos excepcionalmente delicados como cuando alguna cría era rechazada por su madre y Che adoptaba rápidamente el rol de «madre adoptiva» mientras los cuidadores le salvaban la vida alimentándola a mano durante meses.

También se ocupaba de tranquilizar y acompañar a las jirafas que llegaban de otros parques o las que podía requerir tratamientos especiales. La sola presencia de Che «calmaba, estimulaba y beneficiaba al resto del grupo», han resaltado.

Che fue uno de los primeros 16 animales que llegaron a Bioparc en 2007, con otros tan icónicos como el rinoceronte Rómulo. Desde entonces su calidad de vida «mejoró enormemente» y era «emocionante contemplarla en su nuevo hogar trotando por la extensa sabana». En 2011 tuvo a su primera cría a la vista del público, que recibió el nombre de África por votación popular de los valencianos y a día de hoy sigue viviendo en Bioparc. Dos años después, en 2013, parió a Kebo, un macho que fue trasladado a Portugal.

Su fallecimiento, esperado debido a su edad, se produjo de forma natural en la madrugada del sábado pasado en compañía de su grupo. Teniendo en cuenta que la esperanza de vida de una jirafa en su hábitat es de 10 a 15 años y en cautividad puede llegar a 27 años, Che, con 24, ya era una «anciana».

Durante sus 12 años de vida en Bioparc ha disfrutado hasta el último día junto a su grupo de uno de los recintos más llamativos y admirados del parque, un espectacular espacio multiespecie donde convivía con cuatro especies distintas de antílopes, gacela Thomson, blesbok, impala y antílope acuático; aves singulares como ibis sagrado y jabirú y diferentes especies de anátidas.

Bioparc Valencia cuenta con grupo reproductor de jirafa Rothschild (Giraffacamelopardalisrothschildi), también conocida como Baringo, una de las subespecies de jirafa más amenazadas del planeta. La manada forma parte del programa europeo de conservación (EEP) y su objetivo es generar una «reserva genética» que garantice la pervivencia de esta especie en grave peligro de extinción y, en este sentido, cada una de las crías representan la esperanza para el futuro de su especie. Además, la Fundación BIOPARC también participa en su preservación «in situ» con la Giraffe Conservation Foundation.

FUENTE: EUROPA PRESS

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Los cardiólogos advierten: las balizas V16 pueden interferir con marcapasos

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A partir del 1 de enero de 2026, los conductores en España deberán llevar obligatoriamente una baliza de emergencia V16 conectada, que sustituye a los tradicionales triángulos de señalización. Estas balizas emiten una luz visible en 360 grados y permiten la geolocalización del vehículo en caso de avería o accidente.

Sin embargo, cardiólogos han lanzado una advertencia importante: algunos modelos de balizas V16 pueden interferir temporalmente con marcapasos y desfibriladores implantables.

¿Dónde está el riesgo?

El posible problema no está en la luz ni en la conexión, sino en que muchas balizas incorporan un imán potente en su base, diseñado para fijarlas al techo del vehículo. Si ese imán se acerca demasiado al pecho de una persona que lleva un marcapasos, puede generar un campo magnético suficiente para activar el llamado “modo magnético” del dispositivo.

En ese modo, el marcapasos puede dejar de adaptarse al ritmo natural del corazón mientras dura la influencia del imán. Los especialistas subrayan que no se trata de un daño permanente, sino de un efecto reversible que desaparece al alejar la baliza.

Qué recomiendan los especialistas

Los cardiólogos explican que el riesgo es bajo y fácil de evitar si se toman precauciones básicas:

Mantener la baliza a más de 20–30 centímetros del pecho. Manipularla, si es posible, con el brazo contrario al lado donde está implantado el marcapasos. Evitar apoyar la baliza directamente sobre el torso, incluso de forma momentánea.

Este tipo de interferencia es comparable a la que pueden producir otros imanes o campos magnéticos de uso cotidiano cuando se colocan demasiado cerca del dispositivo implantado.

Mensaje de tranquilidad

Los expertos insisten en que las balizas V16 son seguras para la población general y también para las personas con marcapasos, siempre que se utilicen correctamente. La advertencia no busca generar alarma, sino informar para que quienes llevan estos dispositivos puedan usarlas con total seguridad.

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