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Alerta de Sanidad: Cómo protegerse de las garrapatas
Publicado
hace 1 añoen
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) ha publicado este lunes un listado de recomendaciones para protegerse contra las garrapatas, destacando la importancia de tomar medidas preventivas y usar repelentes de forma adecuada para evitar consecuencias negativas, como la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo.
Sanidad ha señalado que la mejor manera de prevenir las enfermedades transmitidas por garrapatas es evitar sus picaduras. Para ello, aconseja vestir ropa adecuada, como camisas y pantalones largos de color claro, y usar calzado cerrado con calcetines. También recomienda pasar poco tiempo en hábitats infestados de garrapatas, caminar por el centro de los senderos para evitar el contacto con la vegetación y no sentarse en el suelo en áreas con vegetación.
Después de un posible contacto con garrapatas, la AEMPS ha detallado las pautas a seguir. Primero, se debe revisar minuciosamente todo el cuerpo para detectar la presencia de garrapatas, prestando especial atención a las axilas, ingles, cabello, ombligo, la parte posterior de las orejas y alrededor de la cintura, donde suelen adherirse.
En caso de encontrar alguna garrapata adherida al cuerpo, debe extraerse lo antes posible, preferiblemente por un profesional sanitario. Si en los días siguientes a la picadura se presentan síntomas, es fundamental buscar atención médica e informar sobre la picadura de garrapata. Asimismo, la ropa debe lavarse con agua caliente.
Los repelentes de uso humano son una medida eficaz de prevención. Estos productos biocidas, que se aplican sobre la piel expuesta, repelen a las garrapatas pero no las matan. Deben contar con autorización para su comercialización, indicada en el etiquetado a través del número de registro, emitida por la Dirección General de Salud Pública y Equidad en Salud del Ministerio de Sanidad o por la AEMPS.
Para garantizar la eficacia del repelente, es crucial seguir siempre las instrucciones del fabricante. Las principales sustancias activas con eficacia probada en estos repelentes son DEET, IR3535, icaridina o citriodiol. Si se usa fotoprotector, debe aplicarse primero este, dejar secar y luego aplicar el repelente. En el caso de los niños, el repelente debe ser aplicado por un adulto.
Las garrapatas son artrópodos que actúan como parásitos, alimentándose de la sangre de animales, incluido el ser humano. Viven en el suelo, ocultas entre la hierba o los arbustos, y cada especie tiene preferencias de hábitat diferentes. En España, existe una gran diversidad de especies de garrapatas, distribuidas de manera desigual según factores como el clima y la presencia de hospedadores necesarios para completar su ciclo vital.
Algunas garrapatas pueden estar infectadas con organismos patógenos, que se transmiten durante la ingestión de sangre. Si están infectadas, pueden transmitir enfermedades como la fiebre hemorrágica de Crimea-Congo, la fiebre exantemática mediterránea o la enfermedad de Lyme, entre otras.
La transmisión de esta fiebre puede darse también de humano a humano, no así con la enfermedad de Lyme, que es transmitida exclusivamente por las garrapatas y sobre la que el Ministerio de Sanidad ha puesto el radar ante su expansión en los últimos años. Aunque no es tan letal como la anterior, sí puede degenerar en cuadros invalidantes.
Se produce por el mordisco de otra especie, de la familia ‘Argasidae’, que cuando adquiere la infección la mantiene durante toda su existencia. Alrededor de 2.000 personas contraen al año la enfermedad de Lyme, pero como el diagnóstico es indirecto, todo apunta a que hay muchos más.
Además de cubrirse con ropa y meterse el pantalón por los calcetines, es muy importante revisarse a uno mismo y a los demás al llegar a casa, subraya Lucía García. En caso de picadura, debe usarse una pinza de borde romo para sacar al insecto tirando perpendicularmente hacia arriba, y si uno no se atreve, ir al centro de salud para que lo extraigan.
Como las garrapatas, con el calor del verano los mosquitos intensifican su actividad, amplificada por el cambio climático y el calentamiento global, que ha favorecido además, en el caso de España y de otros países mediterráneos, el asentamiento de especies exóticas como el ‘aedes albopictus’, el mosquito tigre.
En un momento en el que enfermedades transmitidas por los ‘aedes’, como el dengue, están en plena eclosión en países de América (la OMS estima que más de la mitad de la población mundial se contagiará) y teniendo en cuenta que el verano es “la época de las enfermedades transmitidas por vectores”, Sanidad augura un verano complicado en cuanto a nivel de alertas.
Las nuevas especies
Las nuevas especies exóticas de ‘aedes’ -la ‘aegypti’, detectada y perfectamente controlada en Canarias, y la ‘japonicus’, encontrada en Asturias, Cantabria y País Vasco- conviven así con el autóctono ‘culex’, ese “pequeñito marrón que nos despierta por la noche”.
Este mosquito es capaz de transmitir, entre otras, la fiebre del Nilo Occidental, una enfermedad en situación endémica de la que Sanidad espera mayor probabilidad de casos en los próximos meses.
Un 1 % puede derivar en cuadros de meningoencefalitis, pero que nadie se asuste: los máximos expertos en enfermedades transmisibles por vectores del país insisten en que mosquitos comunes hay muchos en todos los rincones de España, pero su capacidad transmisora es baja por la cantidad de factores que tienen que concurrir.
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Publicado
hace 2 horasen
20 enero, 2026
Tras grandes accidentes ferroviarios como el ocurrido en Adamuz, una de las preguntas que más se repite entre la ciudadanía es clara: ¿por qué los trenes no tienen cinturones de seguridad como los coches o los aviones? Y, sobre todo, ¿habrían servido para evitar muertes y heridos graves?
La respuesta no es simple y combina ingeniería, normativa de seguridad, física del movimiento y experiencia histórica en el transporte ferroviario.
A diferencia del automóvil, el tren se basa en un modelo de seguridad pasiva colectiva. Esto significa que todo el diseño —desde la estructura de los vagones hasta los sistemas de señalización— está pensado para evitar el accidente y, en caso de que ocurra, reducir sus consecuencias sin necesidad de sujeciones individuales.
Los trenes de alta velocidad están diseñados para:
Mantener los vagones alineados.
Absorber energía en zonas concretas (zonas de deformación).
Evitar el vuelco.
Minimizar la intrusión de elementos externos.
En condiciones normales, un cinturón no aporta beneficios claros y, en algunos escenarios, incluso podría aumentar el riesgo.
Los expertos en seguridad ferroviaria coinciden en varios puntos clave:
Múltiples direcciones de impacto
En un accidente ferroviario, las fuerzas no actúan solo hacia delante, como en un coche. Puede haber desplazamientos laterales, vuelcos o impactos múltiples, donde un cinturón podría provocar lesiones internas graves.
Evacuación rápida
Tras un siniestro, el tiempo es crítico. Cinturones podrían retrasar la evacuación, especialmente en vagones llenos, con humo, fuego o pasajeros desorientados.
Riesgo de atrapamiento
En descarrilamientos con deformación estructural, un pasajero sujeto puede quedar atrapado, mientras que otro sin sujeción podría desplazarse a una zona menos peligrosa.
Uso incorrecto
La experiencia demuestra que muchos pasajeros no se abrocharían el cinturón o lo usarían mal, reduciendo su eficacia real.
La respuesta técnica es: probablemente no de forma significativa.
En colisiones de alta energía, como choques entre trenes o descarrilamientos a gran velocidad:
Las lesiones mortales suelen producirse por deformación del vagón, aplastamiento o impactos estructurales.
El cinturón protege frente a proyecciones, pero no frente a la destrucción del espacio vital.
En accidentes leves o frenadas bruscas sí podrían reducir contusiones, pero no cambiarían de forma decisiva el balance de víctimas en grandes catástrofes ferroviarias.
Aunque ambos son transportes colectivos, el comportamiento físico es distinto:
En aviación, la mayoría de incidentes son turbulencias o aterrizajes duros, no choques frontales.
El cinturón evita golpes contra el techo o el asiento delantero.
Además, los pasajeros permanecen sentados durante gran parte del vuelo.
En el tren, los pasajeros:
Se levantan, caminan, van al baño o a la cafetería.
Cambian de asiento.
Viajan en espacios abiertos, no confinados como una cabina.
En Europa no existen trenes de alta velocidad comercial con cinturones obligatorios para los pasajeros. Ni en España, ni en Francia (TGV), Alemania (ICE), Italia (Frecciarossa) o Reino Unido.
Donde sí se utilizan cinturones es en:
Trenes experimentales o de pruebas.
Material militar o de emergencia.
Trenes de montaña o turísticos con velocidades muy bajas y riesgos específicos.
En Asia, algunos trenes de alta velocidad han probado cinturones en asientos premium o cabinas cerradas, pero no como norma general ni obligatoria.
Los expertos coinciden en que la verdadera seguridad ferroviaria está en evitar el siniestro, no en añadir cinturones. Por eso la inversión se centra en:
Sistemas automáticos de control de velocidad.
Señalización avanzada.
Mantenimiento de infraestructuras.
Monitorización en tiempo real de vías y trenes.
Formación de personal y protocolos de emergencia.
Cada gran accidente reabre el debate sobre los cinturones de seguridad en trenes. Sin embargo, la evidencia técnica y la experiencia internacional indican que no son la solución principal para reducir víctimas mortales en el ferrocarril moderno.
La prioridad sigue siendo un sistema robusto, redundante y preventivo, capaz de evitar que dos trenes coincidan en el mismo punto y a la misma hora.
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