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La mitad de los graduados en Derecho, ADE o Economía trabaja en empleos que no requieren carrera universitaria

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Estas son las principales causas de muerte en la Comunitat

El 22% de los jóvenes universitarios está subempleado, y las carreras de Ciencias Sociales y Humanidades son las más afectadas. Medicina, Enfermería y Odontología destacan por su alta empleabilidad.

Una parte significativa de los jóvenes españoles con título universitario no logra ejercer en profesiones acordes a su formación académica. Según el ránking de empleabilidad U-Rank, elaborado por la Fundación BBVA y el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (Ivie), uno de cada cinco universitarios trabaja en empleos por debajo de su cualificación profesional.

El subempleo afecta especialmente a los graduados en Derecho (sólo el 52% tiene un empleo acorde), Economía (45%) y ADE (41%). En campos como Criminología y Turismo, el panorama es aún más desalentador: el 82% y el 81%, respectivamente, están sobrecualificados para sus trabajos.

Carreras con peor y mejor empleabilidad

A pesar de que carreras como Periodismo, Relaciones Laborales, Educación Infantil y Turismo tienen una gran oferta de plazas, presentan una empleabilidad muy baja. En contraste, titulaciones como Matemáticas, con solo 1.000 plazas públicas, destacan por sus excelentes salidas laborales:

  • 81% de afiliación a la Seguridad Social

  • 77% de adecuación entre empleo y estudios

  • 34.000 € de salario medio a los cuatro años de obtener el título

Carreras de alta demanda como Medicina, Enfermería y Odontología registran cero subempleo, salarios altos y plena inserción laboral. No obstante, la escasez de plazas públicas obliga a muchos estudiantes a acudir a universidades privadas. En Odontología, el 61% de los graduados proviene ya de campus privados.

El desequilibrio entre oferta universitaria y demanda laboral

Francisco Pérez, director de Investigación del Ivie, advierte sobre el desajuste entre la oferta formativa y el mercado laboral. Carreras como Matemáticas o Ingeniería, con buena inserción, cuentan con pocas plazas. Mientras tanto, otras con baja demanda laboral siguen recibiendo un gran número de estudiantes.

«Elegir carrera debe hacerse con información. Estudiar Derecho o ADE exige un esfuerzo extra, como especializarse, para mejorar la inserción», señala Pérez.

Universidad pública vs universidad privada

Aunque las diferencias de empleabilidad entre universidades públicas y privadas no son significativas, las privadas suelen operar en territorios más dinámicos y adaptarse más rápido a las nuevas necesidades del mercado. Además, los estudiantes de universidades privadas suelen tener un entorno familiar con más recursos económicos y redes sociales, lo que puede influir en sus oportunidades laborales.

En carreras con mejor salida profesional, como Ciencias de la Salud, un 20% de los graduados provienen de universidades privadas, frente a solo un 8% en ingenierías.

Nuevas carreras con alta empleabilidad

Las universidades están respondiendo al mercado con nuevos grados como Desarrollo de Software o Ingeniería de la Energía, que ya se sitúan entre los más valorados. Medicina, sin embargo, sigue liderando con una base media de cotización de 41.839 € anuales y prácticamente cero desempleo.

El mercado laboral evoluciona

Desde 2020, el paro juvenil universitario ha bajado del 19% al 12%, y el 89% de los nuevos ocupados están en puestos altamente cualificados. La transformación del tejido productivo está impulsando la demanda de perfiles con formación superior, sobre todo en áreas vinculadas al conocimiento y la innovación.

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‘Lookmaxxing’: la conflictiva tendencia de belleza para parecer «más hombre»

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De foros vinculados a la cultura incel a TikTok y X: qué es el lookmaxxing, qué significa ser un “chad” y por qué genera preocupación entre expertos en salud mental.

El término lookmaxxing ha dejado de ser un concepto marginal de internet para convertirse en una tendencia visible en redes sociales como TikTok y X. La palabra combina los términos ingleses look (apariencia) y maximizing (maximizar), y alude a estrategias destinadas a potenciar al máximo el atractivo físico, especialmente masculino.

Medios internacionales como BBC y The Guardian han explicado que el concepto surgió a comienzos de la década de 2010 en foros relacionados con la llamada cultura incel (celibato involuntario). Con el tiempo, el fenómeno se ha extendido a públicos mucho más amplios, especialmente jóvenes interesados en estética, fitness y desarrollo personal.


¿Qué es el lookmaxxing?

En la práctica, el lookmaxxing incluye desde consejos básicos de cuidado personal hasta rutinas mucho más específicas orientadas a proyectar una imagen más masculina.

Entre los contenidos más habituales destacan:

  • Ejercicios faciales como el “mewing”, para marcar la línea de la mandíbula.

  • Corrección de postura para parecer más alto y seguro.

  • Cortes de pelo estratégicos según la forma del rostro.

  • Uso de barba para acentuar rasgos.

  • Rutinas detalladas de cuidado facial (skincare).

  • Elección de gafas y accesorios para equilibrar proporciones.

En estas comunidades también es frecuente el uso del término “chad”, empleado para describir a hombres considerados excepcionalmente atractivos, dominantes o líderes dentro de este ideal estético.


Softmaxxing vs. Hardmaxxing

Dentro del movimiento se distinguen dos corrientes principales:

  • Softmaxxing: cambios reversibles como ejercicio, dieta, estilo, cuidado de la piel o peinado.

  • Hardmaxxing: intervenciones más agresivas, como cirugía estética, tratamientos hormonales o el uso de esteroides.

Esta segunda vertiente es la que más preocupación genera entre profesionales de la salud mental y expertos en imagen corporal.


El debate sobre masculinidad e imagen

El psicólogo Tom Hildebrandt, director de investigación en la Icahn School of Medicine at Mount Sinai, ha advertido que este tipo de corrientes pueden erosionar el sentido del yo y fomentar la insatisfacción corporal al promover ideales de belleza difíciles o imposibles de alcanzar.

Según diversos especialistas, la presión constante por optimizar la apariencia puede derivar en:

  • Ansiedad social.

  • Distorsión de la autoimagen.

  • Dependencia de validación externa.

  • Conductas de riesgo vinculadas a intervenciones estéticas o consumo de sustancias.


El caso viral de “Androgenic”

El fenómeno volvió al centro del debate tras la viralización de un vídeo protagonizado por el influencer conocido como Androgenic, vinculado a esta corriente estética. En el clip, difundido en X, un hombre le retira el sombrero y el peluquín en plena grabación callejera, generando millones de visualizaciones y reabriendo el debate sobre masculinidad frágil y obsesión por la imagen.

Tras la polémica, el creador aseguró que nunca ocultó su calvicie y que el uso de prótesis capilares formaba parte de su estrategia estética. El episodio evidenció hasta qué punto la construcción de la identidad visual en internet puede convertirse en objeto de escrutinio masivo.


¿Está llegando el lookmaxxing a España?

En España, el lookmaxxing no ha alcanzado el nivel de organización de comunidades especializadas que existe en Estados Unidos o Reino Unido. Sin embargo, clínicas estéticas y expertos en imagen observan cómo parte de esta cultura se ha filtrado en lo que algunos denominan “Cultura del bienestar 2.0”.

Muchos jóvenes adoptan hábitos como:

  • Entrenamiento físico orientado a rasgos “masculinizados”.

  • Rutinas avanzadas de cuidado facial.

  • Interés por tratamientos de masculinización facial.

  • Optimización de estilo y lenguaje corporal.

No obstante, la mayoría lo hace sin adherirse a los postulados más extremos del movimiento original.


Más allá de la estética: una cuestión cultural

El auge del lookmaxxing no solo habla de belleza, sino también de cómo las redes sociales están redefiniendo los estándares de masculinidad. En un entorno digital donde la imagen es moneda de cambio, maximizar el atractivo puede convertirse en una forma de capital social.

La pregunta que plantean psicólogos y sociólogos no es si cuidar la apariencia es positivo —algo ampliamente aceptado—, sino hasta qué punto la obsesión por optimizar cada rasgo físico puede afectar a la autoestima y la salud mental.

En la era de la hiperexposición digital, el espejo ya no está solo en casa: está en la pantalla.

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