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CONFINAMIENTO| Carta de un trabajador, empresario pero ante todo padre

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cuarentena positivos 7 dias

Creo que poco queda por decir sobre el Covid-19, sus consecuencias presentes y futuras, tanto a nivel sanitario, social y económico.

Pero como padre, lo que más me preocupa es el futuro de mis hijos, y sobretodo el futuro en nuestro país llamado España.

A las personas que tenemos ciertas responsabilidades asumimos que estamos expuestos a que nos juzguen por ellas. Que nos exijan responsabilidades por nuestros actos y decisiones. Y hay momentos que las situaciones nos llegan a desbordar.

Creo que es evidente, que este Gobierno le está tocando vivir una de las crisis globales que marcará el futuro de la humanidad. Y que no hay político capaz de gestionar esta tragedia. Todos en su lugar cometeríamos más o menos errores, pero seguro que nos equivocaríamos. Entiendo que en ciertos momentos se oculte la verdad, y se lancen mensajes contradictorios y posiblemente muy lejos de la realidad. Pero, ¿Qué ocurrió el 11M? Que la gestión de esa tragedia fue el motivo que los españoles saliéramos a la calle para exigir responsabilidades a los que gobernaban y entre todos conseguimos cambiar el gobierno. Y bajo mi punto de vista, ahora la situación es más dramática. Pero los gobernantes pagaron sus errores.

Los españoles debemos pedir responsabilidades a los políticos, da igual del partido que sean. Ellos gobiernan nuestro país, de ellos depende el futuro de nuestros hijos.

Si al final, después de esta crisis, los actuales gobernantes, que han tenido la desgracia de enfrentarse desde su posición a ésta pandemia, no pagan sus errores, sus contradicciones, sus medidas, sus planificaciones, estará en peligro la salud democrática de España. Por el futuro de nuestros hijos, deben asumir sus errores y dejar de gobernar este país. Y que lo hagan otros, porque si no pasa nada, estaremos fomentando que se acerque a la política personas sin formación, sin experiencia, sin valores, porque encontrarán en ella un oasis donde su incapacidad sea su modus vivendi. Y sin duda, eso será la peor herencia que podamos dejarles a nuestros hijos.

Y entiéndame, el virus pasará, pero si después de todo esto la actual Gobierno de Coalición sigue gobernando, lo de menos, será el Covid-19.

Si quieres enviar una carta al director para contar cómo te sientes en este momento de confinamiento puedes enviarla a redaccion@agenciaop.es

Official Press abre una sección dedicada a los lectores para que puedan expresar sus sentimientos

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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