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Así es el decálogo de medidas del Arzobispado de Valencia frente al abuso sexual a menores

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El director de la Oficina de Protección del Menor del Arzobispado de Valencia, Daniel Juan. EFE/ Ana Escobar
València, 26 oct (OFFICIAL PRESS- EFE).- Aprobado un Protocolo de prevención y actuación en casos de abusos sexuales que insta a la necesidad de llevar a cabo una política de “puerta nunca cerrada”. Este es el decálogo de medidas del Arzobispado de Valencia frente al abuso sexual a menores, presentado este jueves, de medidas preventivas y de protección a los menores.

El decálogo de medidas del Arzobispado de Valencia frente al abuso sexual a menores:

1.- Prohibición de mantener encuentros presenciales o comunicaciones con los menores fuera del contexto pastoral o educativo sin la presencia de los padres o tutores o, al menos, sin su autorización escrita.

2.- Respetar la integridad física del menor, permitiéndole rechazar cualquier muestra de afecto incluso bienintencionada.

3.- Evitar quedarse a solas con un menor sin causa absolutamente justificada y, si hay que hacerlo, siempre en un lugar visible para los demás, dejando la puerta abierta y comunicando a los padres que han estado a solas con su hijo o hija.

4.- En caso de programar cualquier actividad con menores de edad o personas que tienen habitualmente un uso imperfecto de la razón, especialmente si supone la pernocta de estos, es imprescindible contar con la autorización expresa de los padres o tutores del menor. Nunca un adulto debe compartir habitaciones con los menores.

5.- Está totalmente prohibido establecer una relación preferencial con un menor de edad, y es motivo de cese inmediato de la actividad docente o pastoral cualquier relación sentimental, consentida o no, de un adulto docente/monitor/agente de pastoral con un menor de edad.

6.- Si un docente/monitor/educador o agente de pastoral percibe que experimenta cierta atracción pedófila, «debería dejar su responsabilidad inmediatamente y buscar consejo profesional (consejero pastoral o psicológico) para evitar exponerse en situaciones de riesgo».

7.- En la selección de personal, será obligatorio aportar un certificado negativo del Registro Central de Delincuentes Sexuales y Trata de Seres Humanos por toda persona que vaya a tener responsabilidad profesional o voluntaria con menores en el ámbito de las instituciones y actividades diocesana.

Además, todos los clérigos, docentes y laicos firmarán voluntariamente un documento de responsabilidad personal donde declarará conocer, aceptar, respetar y cumplir el contenido del Protocolo de la Archidiócesis.

La maldad de los abusos sexuales

8.- Se promoverá una labor de concienciación y prevención «sobre la maldad de los abusos sexuales» que debe abarcar todos los ámbitos de la Archidiócesis y llegar tanto a adultos como menores, adaptándolo a su edad y tarea pastoral.

Se revisarán los planes de formación para incluir sesiones especiales para la prevención de los abusos sexuales, y promover un plan de educación en la autonomía personal.

9.- Al seleccionar docentes o agentes de pastoral, existirá un compromiso de participar en talleres de formación programados por la Diócesis, sobre abusos y sus consecuencias, que se destinen a aquellas personas que trabajen con niños y adolescentes.

10.- En ningún caso debe ocultarse o ignorarse situaciones de abuso sexual. La ocultación o el silenciamiento de los casos de abuso sexual sólo sirve para perpetuar el daño causado a las víctimas y aumentar el riesgo de que se produzcan más abusos.

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Valencia

Andrea Ortuño anuncia que dedicará su vida a ayudar a los demás tras la pérdida de su marido e hijos en el naufragio de Indonesia

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Imagen de la búsqueda de los desaparecidos en Indonesia - IMAGEN FACILITADA POR FAMILIARES DE DESAPARECIDOS

“Devastada”, pero al mismo tiempo “bastante entera”. Así se encuentra Andrea Ortuño, la valenciana que sobrevivió junto a su hija de siete años al naufragio ocurrido en Indonesia durante un viaje familiar de Navidad. En ese trágico accidente perdió a su marido y a tres de sus hijos, una tragedia que ha conmocionado a la Comunitat Valenciana y a la opinión pública nacional.

Pese al dolor, Andrea ha trasladado un mensaje cargado de humanidad y esperanza: quiere dedicar el resto de su vida a ayudar y proteger a los demás. Su intención es poner en marcha un proyecto solidario en España, aún por definir, que desarrollará en las próximas semanas cuando su situación personal se lo permita.

Un mensaje público en medio del duelo

Andrea Ortuño no está concediendo entrevistas ni realizando declaraciones públicas debido al durísimo proceso emocional que atraviesa. Sin embargo, ha querido hacer llegar un mensaje a través del periodista y escritor Joaquín Campos, que se encuentra en Indonesia como corresponsal para RTVE cubriendo la tragedia.

Campos explicó en el programa Directo al grano de La 1 que Andrea solo quiso transmitir “cuatro frases”, centradas principalmente en agradecer el apoyo recibido y explicar brevemente su estado emocional. “No está preparada para ponerse delante de una cámara. Es demasiado pronto”, señaló el periodista.

Regreso a España tras 15 días de búsqueda

Andrea Ortuño ha regresado este viernes a España después de permanecer día y noche en Indonesia durante los trabajos de localización de los cuerpos de su marido y de sus hijos. La búsqueda fue finalmente dada por finalizada, aunque uno de los menores, Quique, de 10 años, hijo de Andrea y de su primer matrimonio, continúa desaparecido.

En los últimos días fueron recuperados los cuerpos de Fernando Martín Carreras, de 44 años, entrenador del Valencia CF Femenino B, y de los menores Lía, de 12 años, y Mateo, de 9. La familia viajaba junta cuando el barco turístico en el que se desplazaban naufragó durante una excursión por el Parque Nacional de Komodo.

Fe, justicia divina y ausencia de deseo de venganza

Uno de los aspectos más personales que Andrea quiso compartir es que, en medio de la tragedia, se ha refugiado más que nunca en su fe católica. Según explicó Joaquín Campos, ella cree firmemente en la justicia divina y no desea venganza, ni siquiera ante las posibles negligencias que pudieron producirse.

Este mensaje llega en paralelo a la investigación abierta en Indonesia. La Policía Regional de Nusa Tenggara Oriental ha imputado formalmente por negligencia con resultado de muerte al capitán del barco y al jefe de máquinas del KM Putri Sakinah, la embarcación que se hundió tras el impacto de varias olas de gran tamaño durante una travesía nocturna cerca de la isla de Padar.

El apoyo de la población local, clave en su fortaleza

Andrea ha querido destacar especialmente el cariño y la solidaridad del pueblo indonesio, en particular de los habitantes de la isla de Flores y de Labuan Bajo. Durante los días de búsqueda, cada despedida a los buzos estuvo marcada por abrazos, lágrimas y gestos de apoyo constantes.

“La energía positiva que ha dado toda esta zona es enorme”, trasladó Campos, quien explicó que Andrea desea devolver toda esa ayuda recibida transformándola en un proyecto solidario cuando se recupere mínimamente del golpe emocional.

El padre de Quique mantiene la esperanza

Mientras Andrea ha regresado a España, el padre de Quique permanece en Labuan Bajo, aferrado a la esperanza de poder encontrar a su hijo. Él ha sido el protagonista de un emotivo homenaje rendido por los equipos de rescate en los muelles desde los que partieron la mayoría de las operaciones.

Los expertos han destacado la complejidad extrema de las aguas, con fuertes corrientes y condiciones cambiantes, lo que hace especialmente difícil las labores de búsqueda. Aun así, los equipos lograron localizar a tres de las cuatro víctimas, un esfuerzo que la familia ha querido reconocer públicamente.

Qué ocurrió durante el naufragio

El barco, de dos plantas y cuatro camarotes, había sido alquilado para una excursión de dos días desde Labuan Bajo hasta Komodo. A bordo viajaban seis miembros de la familia valenciana y cinco indonesios, entre tripulación y guía local. Todos los tripulantes lograron salvarse, mientras que las víctimas mortales fueron exclusivamente los turistas.

En el momento del accidente, Andrea y su hija de siete años se encontraban en la cubierta, mientras que Fernando y los otros tres niños estaban en los camarotes, lo que explica el trágico desenlace. Madre e hija fueron literalmente despedidas por el oleaje, y Andrea consiguió salvar a la menor en condiciones extremas de oscuridad y mar agitado.

Una tragedia que se transforma en propósito

A pesar del dolor irreparable, Andrea Ortuño ha lanzado un mensaje que trasciende la tragedia: convertir el sufrimiento en ayuda a los demás. Su futura iniciativa solidaria, aún en fase embrionaria, se perfila como la manera de honrar la memoria de su marido y de sus hijos, y de devolver al mundo la solidaridad que ella misma ha recibido en los momentos más oscuros de su vida.

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