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La carta de la madre de Andrea, fallecida en el accidente de Benicàssim: «Fue secuestro y asesinato»

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Andrea accidente Benicàssim

Andrea y Víctor mantuvieron una relación de dos años hasta que el pasado mes de noviembre ella se hartó de sufrir continuos malos tratos y decidió finalizar su relación. Inmaculada, la madre de la joven denunció el caso a la policía, así lo explica ella misma en una carta publicada en Facebook: «Hace apenas dos meses tuve la peor noticia que puede tener una madre. O eso pensaba yo».

A su niña la habían estado maltratando durante más de dos años. Lo denunciaron. «Nos convencieron el 016 y la Policía. Y a pesar de todo lo dejaron libre con una orden de alejamiento de 200 metros». Orden de alejamiento que él incumplió en varias ocasiones. La familia de la víctima le denunció dos veces más. La última, hace tan solo 11 días cuando el agresor intentó atropellarla.

Ahora, Andrea estaba bajo protección policial, pero según su familia no era suficiente. Ahora están convencidos de que fue él quien «la cogió a la fuerza y me la mató, empotró el coche a propósito».

Eso es lo que investiga ahora la policía, si el agresor estrelló su vehículo contra una gasolinera para matar a Andrea y suicidarse al mismo tiempo. La ausencia de huellas de frenada apuntaría en esa dirección.

El joven tenía antecentes por violencia de género. Los equipos de emergencia no pudieron hacer nada para salvar su vida. Ambos murieron en el acto.

Carta de Inma, la madre de la joven Andrea: 

“Es mentira. Hace apenas dos meses tuve la peor noticia que se le puede tener una madre, o eso pensaba yo…  Lo denunciamos, nos convencieron en el 016 y la policía. Y, a pesar de todo, lo dejaron libre con una orden de alejamiento de 200 metros. Pero el hijo de puta no dejaba de molestar. Pusimos dos denuncias más. Me reventó dos veces las ruedas del coche. Me forzó la cerradura…Era su cumple, cumplía 20 años y empezaba a ser feliz. Esa tarde se fue con su policía a tomarse un café y yo a la fiesta del cole de mi niño pequeño. Por la noche le dijeron [la Policía] que iban a estar patrullando la zona, pero mi niña se levantó para ir a trabajar y me la quitó. La cogió por la fuerza y me la mató. Empotró el coche a posta el muy cabrón”

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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