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La Comunitat ha registrado desde marzo 3.266 muertes más de las estimadas

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Cae por un barranco una mujer con sus hijos tras un accidente de coche en Alicante

València, 17 dic (EFE).- La Comunitat Valenciana ha registrado entre el 20 de marzo y el 14 de diciembre de este año un exceso de mortalidad de 3.266 personas, ya que se han producido en ese tiempo 17.556 fallecimientos, cuando se estimaba que fueran 14.290.
Así lo señala el último informe del Sistema de Monitorización de la Mortalidad (MoMo) del Instituto de Salud Carlos III, que recoge cinco periodos de exceso de fallecimientos en la Comunitat Valenciana desde marzo a partir de estimaciones de mortalidad esperada por las medias históricas de los últimos diez años.
El último periodo de exceso de fallecimientos en la Comunitat, según este sistema, es el comprendido ente el 1 y el 14 de diciembre, con 280 muertes más de las esperadas, ya que han fallecido por todas las causas -no solo por el coronavirus- un total de 2.057 personas y la previsión era que lo hicieran 1.776, lo que supone un exceso del 15,8 por ciento.
De los fallecimientos de las dos primeras semanas de diciembre en la Comunitat, 1.079 han sido hombres (un exceso de mortalidad del 16 %, ya que se esperaban 930 muertos y ha habido 149 más) y 974 mujeres (un 17,8 % más, pues se calculaba que serían 826 y han sido 148 más).
Por franja de edad, en esta primera quincena de diciembre la mayoría de fallecidos superaba los 74 años (han sido 1.460, cuando se esperaban 1.266, un exceso de mortalidad del 15,3 %), seguida de la franja de entre 65 y 74 años (han muerto 306 personas y se calculaban 249, un exceso del 22’9 %), mientras que los muertos de menos de 65 años han sido 286 y se estimaba que serían 245 (un exceso del 16’7 %).
El periodo con más muertes de las esperadas en la Comunitat Valenciana, según este sistema, fue el comprendido entre el 20 de marzo y el 25 de abril pasados, cuando fallecieron 1.612 más de las estimadas, lo que supone un exceso de mortalidad del 36 %.
Le siguen el periodo entre el 14 de octubre y el 14 de noviembre, con 610 fallecimientos por encima de los esperados (un exceso del 16’7 %); el comprendido entre el 27 de julio y el 15 de agosto, con 406 muertes más de las previstas (un exceso del 17’7 %); y el que abarca del 19 de agosto al 6 de septiembre, con 357 muertes de más (un 23’8 % por encima de lo esperado).

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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