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La jornada de reflexión, marcada en València por la final de la Copa del Rey

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VALÈNCIA, 25 May. (EUROPA PRESS) –

La jornada de reflexión de las elecciones municipales de este domingo estará marcada en València por la final de la Copa del Rey que enfrentará en Sevilla al Valencia CF y al FC Barcelona: el alcalde, Joan Ribó, y el candidato de Ciudadanos, Fernando Giner, viajarán hasta la capital andaluza y las alcaldables por el PSPV, Sandra Gómez, y el PP, María José Catalá, lo verán desde el ‘cap i casal’.

Tras los 15 días de campaña, el alcalde y candidato por Compromís a revalidad el cargo, Joan Ribó, viajará hasta Sevilla para asistir a la final copera en el estadio Benito Villamarín, y volverá a València una vez concluya el partido. Giner (Cs) también se sumará a los aficionados valencianistas que se desplazarán a Sevilla.

Por su parte, la socialista Sandra Gómez acudirá por la mañana junto a miembros de su equipo de campaña al Palo Market Fest, en los jardines de Viveros, comerán juntos y por la noche se reunirán para ver el partido de fútbol en las pantallas que ha instalado el club en el cauce del Túria.

María José Catalá, que tiene entrada para acudir a la final al haberle tocado en el sorteo entre los socios del club, se quedará «en principio» en València y se acercará a la ‘fanzone’ del Valencia CF. Después verá el partido, aunque su equipo no ha detallado dónde.

Un día diferente se plantea la candidata de Podemos, María Oliver, que pasará la jornada de reflexión junto al mar, mientras que el aspirante de Vox, José Gosálbez, dedicará el día a pasear, descansar y estar con su familia, y verá el partido por la noche.

VOTACIONES Y NOCHE ELECTORAL
Ya el domingo, el candidato más madrugador será Fernando Giner, que votará a las 10.30 horas. A las 11 horas lo harán Joan Ribó, Sandra Gómez y María José Catalá. A las 12 votarán María Oliver y el candidato de Vox.

Para seguir el escrutinio Compromís optará nuevamente por su sede de la plaza del Pilar, mientras que Podemos también lo hará desde La Morada, en la calle Cádiz y el PP en su sede de la Plaza de América. Vox seguirá los resultados desde su sede del Paseo de Ruzafa.

El PSPV repetirá el escenario elegido para las autonómicas, el Mercado de Tapinería, y Cs ha cambiado de hotel en esta segunda cita, ya que tiene previsto hacerlo en esta ocasión desde el Hotel Senator de València, ubicado en la plaza Manuel Sanchis Guarner.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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