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La OMS pide una moratoria en la tercera dosis para que no se amplíe la brecha entre ricos y pobres

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viruela del mono emergencia sanitaria

La Organización Mundial de la Salud ha pedido una moratoria hasta finales de septiembre en la administración de una tercera dosis de las vacunas contra la COVID para impedir que se amplíe aún más la brecha entre países ricos y pobres. 

El director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha explicado que «no podemos aceptar que los países que ya han utilizado la mayoría de los suministros de vacunas, utilicen todavía más, mientras que las poblaciones más vulnerables del mundo siguen sin protección».

Según los datos de la Organización, el 80% de las vacunas suministradas hasta ahora han ido a parar a los países ricos, que representan menos de la mitad de la población mundial. Europa ya ha vacunado a más de la mitad de su población y Estados Unidos está cerca del 70 %. En cambio en África sólo el 5% de los ciudadanos han recibido una dosis.

Ghebreyesus ha apuntado que los países ricos han inoculado prácticamente 100 dosis por cada 100 habitantes, mientras que la media en los países pobres apenas llega a 1,5 dosis por cada 100 personas.

En opinión de la doctora Elin Hoffmann Dahl, asesora médica de enfermedades infecciosas, es una manera «miope» de afrontar la pandemia y así será imposible detenerla, ya que «con la aparición de nuevas variantes, si seguimos dejando sin vacunar a la mayoría del mundo, seguro que necesitaremos vacunas ajustadas en el futuro».

El director general de la OMS ha especificado que la moratoria sería hasta finales del mes de septiembre, para así poder lograr que, al menos, el 10 % de la población de cada país esté completamente vacunada. Para ello, ha añadido Ghebreyesus, hace falta «la cooperación de todos, especialmente de las compañías y del puñado de países que controlan el suministro mundial de vacunas».

 

 

 

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Así era Pablo, el maquinista de Alvia, de 27 años que falleció en el accidente de trenes de Adamuz

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maquinista fallecido Adamuz
Imagen de Pablo B., el maquinista fallecido en el accidente ferroviario. Sur

A Pablo le quedaban apenas 10 minutos para bajarse del tren

Pablo B., maquinista de Renfe de 27 años, es uno de los tres trabajadores ferroviarios que perdieron la vida en el trágico accidente de trenes en Adamuz (Córdoba). Ingeniero de formación y con una prometedora carrera profesional, estaba a punto de terminar su turno cuando ocurrió la colisión que le costó la vida.

Según relatan sus compañeros, a Pablo le quedaban “diez minutos mal contados” para bajarse del tren Alvia que conducía. Su relevo estaba previsto en la estación de Córdoba, desde donde otro maquinista debía continuar el trayecto hasta Huelva.

Una carrera corta, pero marcada por el compromiso

Pese a su juventud, Pablo gozaba de una excelente reputación profesional dentro del cuerpo de maquinistas. Estaba adscrito a la residencia de Cerro Negro (Madrid), aunque anteriormente había trabajado en el servicio de Rodalies de Cataluña.

En Renfe, el concepto de “residencia” se refiere a una adscripción territorial operativa, no necesariamente al lugar de residencia personal. En esta línea concreta, los maquinistas realizan el trayecto Madrid–Córdoba, donde son relevados por un compañero que continúa hasta Huelva.

La noche del 18 de enero, Pablo iba al frente del Alvia que impactó contra varios vagones de un tren Iryo descarrilado a su paso por Adamuz. Salió despedido y murió en el acto.

“Estaba a punto de terminar su jornada”

Sus compañeros no ocultan la conmoción por las circunstancias del accidente. “Su viaje debía haber terminado en Córdoba”, explican. Tras el relevo, Pablo habría regresado a Madrid al día siguiente, como marca el habitual sistema de rotación del servicio.

El accidente ha reabierto el debate sobre la seguridad de la red ferroviaria, especialmente tras conocerse que en la zona de Adamuz se habían registrado numerosas incidencias en los últimos años.

El impacto en su familia y su barrio

La tragedia estuvo marcada además por una cruel coincidencia: su madre, Romi, profesora jubilada, se encontraba de vacaciones en Egipto cuando ocurrió el siniestro. Madre e hijo eran muy conocidos en el barrio madrileño de Ondarreta, donde residían.

El Ayuntamiento de Alcorcón decretó dos días de luto oficial por la muerte del joven maquinista. “Las banderas ondearán a media asta y se suspende la agenda pública”, anunció la alcaldesa, Candelaria Testa.

Más allá del ferrocarril: su pasión por la fotografía

Además de su vocación ferroviaria, Pablo tenía otra gran pasión: la fotografía. Desde niño, capturaba imágenes con su cámara compacta, muchas de las cuales compartía en redes sociales. Para quienes le conocían, era un joven discreto, sensible y comprometido con su trabajo.

Su fallecimiento se suma a una lista de víctimas que ha dejado una profunda huella en la sociedad y en el sector ferroviario, aún a la espera de que se esclarezcan completamente las causas del accidente.

 

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