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Cultura

La valenciana Sole Giménez formará parte del jurado profesional de RTVE para Eurovisión 2019

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MADRID/VALÈNCIA, 30 Abr. (EUROPA PRESS) –

La artista valenciana Sole Giménez, junto a David Feito, Ricky Merino y Raúl Gómez, y la locutora Elena Gómez, integrará el jurado profesional de RTVE para el Festival de Eurovisión 2019 que se celebrará en Tel Aviv (Israel), desde el martes 14 de mayo hasta el sábado 18, según ha señalado la televisión pública.

En este sentido, el jurado votará tanto en la primera semifinal del martes 14 de mayo, que emitirá La 2, como en la final del sábado 18 de ese mes, que podrá verse por La 1.

Por otra parte la productora de radio María Segurado estará como jurado reserva, y la presentadora Nieves Álvarez será la portavoz de los puntos del jurado español.

Según las normas de la UER, Unión Europea de Radio-Televisión, cada jurado profesional ha de estar compuesto por cinco miembros, no haber formado parte del jurado en los dos años precedentes, ni tener relación con ninguna de las canciones que se presentan al festival. Como novedad este año, las normas señalan que solo uno de los miembros del jurado puede ser empleado de la televisión participante; y ningún miembro del jurado puede ser empleado de compañía discográfica que tenga representante este año en el festival.

Del mismo modo, los miembros de dicho jurado deben pertenecer a alguna profesión dentro de la industria musical, como DJ de radio, artista cantante, autor de letras, compositor o productor musical, y han de ser ciudadanos con nacionalidad del país al que representan.

Desde hace cuatro años, los miembros de todos los jurados nacionales se hacen públicos con varios días de antelación a los programas como una de las medidas para aumentar la transparencia del sistema de votación y también serán anunciados en antena. Sus votaciones serán publicadas en la web oficial de la UER después del Festival.

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Cultura

Los secretos de la Finca Roja de València

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la finca roja de valencia
Foto: Hugo Román

La Finca Roja de València es uno de los símbolos de la ciudad. El sello inconfundible de Enrique Viedma Vidal quedó plasmado en muchas construcciones en la València de los años 20 y 30. Puede que cuando el arquitecto valenciano planificara las 378 viviendas y 14 patios que hoy ocupan la manzana de las calles Jesús, Albacete, Marvá y Maluquer no fuera consciente de que estaba a punto de levantar uno de los edificios más icónicos de la ciudad. Todo un símbolo que nació con otro objetivo bien distinto.

Construido entre 1929 y 1933, se buscaba la funcionalidad y aprovechar al máximo los más de 15.000 m2 de la manzana para uso de la comunidad. Una comunidad formada por los obreros del Instituto Nacional de Previsión que buscaban vivienda en València a cambio de un chavo al mes. De hecho antes de ser popularmente conocida como Finca Roja, los vecinos de la capital del Turia la bautizaron como la “finca del chavo“ por ese motivo.

En el ladrillo caravista de color rojo que le confiere esa personalidad, y su sobrenombre, se puede apreciar la influencia de la escuela holandesa. Pero la originalidad de este residencial no se queda tan solo en su colores rojo y azul turquesa o en su original fachada con sus formas geométricas, repletas de detalles. En su interior, en sus entrañas, esconde en secreto sus orígenes.

Inspirado por el filósofo francés Charles Fourier, Viedma rompió con modelos de la época a la hora de proyectar la finca buscando dotarla de servicios, de recreo y descanso para niños y mayores.

La Finca Roja de València:

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La idea era que los bajos comerciales se abrieran al patio interior, para así proveer a los vecinos. Este modelo de autogestión que buscaba aprovechar su peculiar estructura y su patio interior, debía autoabastecerse de agua gracias a los torreones de las esquinas, pensados como depósitos, idea que nunca se llevó a cabo.

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Han pasado muchas décadas, y sus actuales vecinos disfrutan sabedores de encontrarse en un espacio único, en el que cada ladrillo esconde historias, sueños e ilusiones del pasado. Ya no queda nada de aquellos comercios que tenían acceso al interior. Otros elementos también han ido desapareciendo con el paso de los años.

Ha pasado el tiempo, tantos que muchos de los que allí viven desconocen parte de esa historia escrita sobre ladrillo rojizo. Ladrillos que visten pisos de 100 metros cuadrados o de 140 en el caso de algunos que recaen en los chaflanes.

El enorme patio ajardinado es un lugar de descanso donde los vecinos pueden disfrutar del aire libre sin salir de sus casas. Un lugar de encuentro para desconectar, charlar, jugar o pasear al perro.

Un lugar en el que historia y arquitectura se dan la mano.

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