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«Levante feliz, alegría de España», por @frandisiz

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Paco Ferrandis

Un rasgo que define la trayectoria del pueblo valenciano es el escaso peso político que ha tenido dentro del Estado español, lo que se ha plasmado, por ejemplo, en la escuálida presencia de Ministros en los Gobiernos de España, y en la ínfima fuerza influyente de las élites valencianas sobre las estructuras estatales. De todo ello ha resultado una posición subordinada de Valencia respecto del Estado, con el correlato de que es el único territorio de la Corona de Aragón que no recuperó su Derecho Foral Civil, y que, desde tiempo inmemorial, ha de contribuir a las arcas del Estado cuando posee una renta per càpita inferior a la media española, entre otros factores de marginalidad política.

Este posicionamiento de clara debilidad política entra en contradicción con la pujanza y cohesión que muestra la sociedad civil valenciana, aunque esta cohesión se centra en determinados sectores sociales y en ámbitos territoriales concretos. Por ello, falta la sincronía entre las clase política y la entidades cívicas para poder conseguir una  mayor vertebración del pueblo valenciano.

La fuerza de la sociedad civil valenciana se plasma en los siguientes fenómenos colectivos:

A) Fiestas de gran interés cultural, tres de ellas reconocidas como Patrimonio de la Humanidad:

  • El Misteri d’Elx (desde s. XV).
  • Les Festes de la Mare de Déu de la Salut d’Algemesí (desde s. XVII).
  • Les Falles de València (y otras poblaciones).

B) Además, existen otras fiestas de enorme singularidad, importancia cultural y transcendencia española e internacional:

  • Les Fogueres de Sant Joan d’Alacant.
  • Les Gaiates de Castelló.
  • Moros i Cristians d’Alcoi, y alrededores.
  • Festa del 9 d’Octubre de València (desde 1338)
  • El Corpus Christi de València (desde 1355).
  • El Oriol de Orihuela (desde 1400).
  • El Sexenni de Morella (desde 1673).
  • La Cabalgata de los Reyes Magos de Alcoi (la más antigua de España).
  • Las distintas celebraciones de la Semana Santa.
  • Els Bous al Carrer.
  • La Tomatina de Buñol, gran evento de masas que atrae a inmensas huestes internacionales con ganas de pasarlo bien.
  • Otras manifestaciones locales de larga trayectoria histórica y gran belleza plástica: Les Danses de la Todolella, La Carxofa de Silla…

Todas estas manifestaciones festivas y culturales exigen la creación y mantenimiento de estructuras organizativas complejas, y el trabajo duro y abnegado de las diferentes colectividades. También generan una fuertes repercusión económica en la sociedad.

C) Instituciones:

  • El Tribunal de las Aguas de la Vega de Valencia. Orígenes romanos o árabes. Declarado Patrimonio Cultural Inmaterial en 2008.
  • Las Bandas de Música, que alegran nuestra fiestas y suministran músicos a las bandas y orquestas de España y del mundo entero.
  • La Paella, como hito internacional y plato señero de la potente gastronomía valenciana.
  • Otras entidades comunes a todo el territorio español: Universidades, colegios profesionales, organizaciones de empresarios, sindicatos, AMPAS, asociaciones de vecinos, organizaciones de consumidores y usuarios, clubes deportivos…

Con la presentación de este curriculum vitae tan rico en materia institucional, cultural y festiva, el pueblo valenciano puede hacer gala de ser uno de los más singulares dentro de las distintas particularidades que integran España. A mayor abundamiento, posee lengua propiay, según un estudio de la Unidad de Biología Evolutiva de la Universitat Pompeu Fabra (UPF) de Barcelona, dado a conocer en 2010, los genes de la población valenciana divergen más de las del resto de españoles que las de los vascos; después de los extremeños, los rasgos genéticos de los valencianos eran los más divergentes al tener una mayor herencia norteafricana y una menor influencia sefardí.

Sin embargo, esta gran y singular energía cívica valenciana no ha sido transvasada al campo de la política. Este potente particularismo cultural no ha generado organizaciones políticas de estricta obediencia valenciana, como sí ha sucedido en Cataluña y Euskadi, donde sendas formaciones nacionalistas son hegemónicas en sus territorios y han tenido un papel protagonista en la evolución de la política española.

Por contra, las fuerzas políticas presentes en la Comunidad Valenciana (autóctonas o dependientes de Madrid), ni tan siquiera, han podido lograr mínimos acuerdos al objeto de sentar las bases de un progreso equilibrado de un pueblo al que se le ha reservado el papel de pobre y pagano. El acuerdo por la financiación y las inversiones, suscrito en octubre de 2015, por todos los partidos con representación en las  Corts Valencianes, y que contó con el apoyo de Universidades, sindicatos y organizaciones empresariales, ha quedado como papel mojado, ya que su objetivo principal era el establecer un grupo valenciano de presión contra el Gobierno del PP y, de paso, poner en apuros a su sucursal valenciana.

Además, los pactos llevados a cabo en el Congreso de los Diputados con motivo de la investidura de Mariano Rajoycomo Presidente del Gobierno de España, y de la posterior aprobación de los Presupuestos Generales del Estado para el año 2017 -con posible proyección hacia el 2018- aportan generosos beneficios a las comunidades vasca y canaria, cuyos partidos nacionalistas suscribieron los pactos con el PP, al tiempo de que se trata de privilegiar a Cataluña, como medida política para intentar apagar los fuegos insurgentes presentes en esa comunidad autónoma.

El pueblo valenciano nunca ha contado con una formación política nacionalista con la suficiente fuerza como para ser decisiva en el Estado español, y ahora que podría tenerla (Compromís tiene cuatro diputados en Madrid que podrían ser determinantes) esta rechaza el rol de fuerza interlocutora con el Gobierno de España.

Esto solo puede entenderse porque, históricamente, el nacionalismo valenciano -que ahora representa Compromís- ha poseído un cariz reivindicativo predominantemente lingüístico y cultural y, desde el posicionamiento de una izquierda nebulosa -cuya meta más clara es el establecimiento de un cordón sanitario alrededor del PP-, ha abandonado el flanco más político, aquel que le permitiera llevar a cabo difíciles negociaciones (que, sin embargo, sí que había realizado con el PPCV) para conseguir objetivos económicos favorables a un mayor bienestar de la sociedad valenciana.

En fin: Los valencianos tenemos una sociedad que se siente autosatisfecha con sus extraordinarias realizaciones culturales y festivas, y desatiende la llamada de la política, y una formación política valencianista alejada del espíritu popular, rígida ante la cambiante realidad porque guía sus pasos a la luz de una doctrina ortodoxa.

Por unas u otras razones, hemos de constatar que la letra del Himno valenciano resulta de lo más realista, a la par que predictiva: “Per a ofrenar noves glòries a Espanya“…

(Fotografía: Representación del Misteri d’Elx)

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Qué pasó un 22 de julio

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Qué pasó un 22 de julio

José Luis Fortea

………….corría el verano de 1975, aquel en el que no cesaba de sonar en las radios el Bimbó de Georgie Dann, que acabaría siendo declarada oficialmente la canción del verano, aquel en el que Televisión Española emitía su series detectivescas de moda, las de “Tony Baretta” y “Kojak” y que amenizaba desde el pasado mes de abril, la noche de los sábados, con un nuevo programa llamado “Directísimo”, presentado por un joven bilbaíno de treinta y tres años, de grandes bigotes, llamado José María Íñigo Gómez.

Bernard Thévenet

Aquel verano, en el que ganaba el tour, contra todo pronóstico, el francés Bernard Thévenet, imponiéndose a un Eddy Merckx, líder desde la sexta jornada, que había sido golpeado por un espectador en su costado derecho en el ascenso al Puy de Dome, presentando desde entonces unas molestias que le harían perder a partir de aquella etapa, la decimocuarta, el maillot amarillo y que no lo volvería a recuperar, de un periodo estival más que sofocante y tórrido, en el que una caña en aquellos días costaba entonces diez pesetas, de aquel verano, el del 75, el último del jefe del Estado español, que fallecería cinco meses más tarde.

Qué pasó un 22 de julio

El martes 22 de julio, de un día como hoy, de hace más de cuarenta años , a unos cincuenta y tres kilómetros de Sevilla, en el término municipal de Paradas, iba a tener lugar uno de los sucesos más trágicos de los últimos tiempos, que acabaría por convulsionar la vida de sus cerca de ocho mil habitantes, de un terrible episodio que en los juzgados terminaría conociéndose como el expediente 20/75.

A unos cuatro kilómetros de la mencionada población de Paradas, se encuentra la finca de los Galindos, perteneciente, desde hace seis años, a Gonzalo Fernández de Córdoba y Topete, marqués de Grañina, donde suele acudir esporádicamente, en tiempo estival, sin la compañía de su mujer, María de las Mercedes Delgado Durán. Al frente del aludido inmueble, se encuentra Manuel Zapata Villanueva, de cincuenta y nueve años, antiguo legionario y miembro de la Guardia Civil, que allí vive junto a su mujer Juana Martín Macías, de cincuenta y tres años, desempeñando las tareas de capataz, en unos terrenos dedicados principalmente al cultivo de la aceituna.

En el cortijo trabajan siete personas, tres tractoristas y cuatro temporeros, que a eso de las ocho de la mañana, de aquel martes día 22, ya se encuentran allí para ponerse a bregar, antes de que el sol les ajusticie con esos 49 ºC que alcanzarán a lo largo de aquella misma mañana. Zapata, como de costumbre, es quien distribuye “la faena”, mandando a las alpacas, a medio kilometro de la finca, al tractorista José González Jiménez, a un segundo tractor, junto con tres braceros, a la parte posterior del cerro y al tercer tractorista Ramón Parrilla a regar garrotes (que son los troncos de los olivos metidos en bolsas con tierra) de una jornada laboral que se prolongará hasta la una, momento en el que harán un alto en el camino para almorzar, durante cerca de media hora, y proseguir hasta eso de las cuatro de la tarde, cuando el mercurio se encarame en lo más alto de los termómetros respondiendo al calor abrasivo de esos casi cincuenta grados.

Y es entonces, sobre esa hora de las cuatro de la tarde, cuando el grupo de los tres temporeros que se encuentran en la parte del cerro observan salir un humo negro y espeso del cortijo, dirigiéndose rápidamente hacia allí.

Al llegar al lado de la verja de la entrada, encuentran restos de lo que parece un reguero de sangre, que les hace presagiar que alguien pudiera haber resultado herido, de un rastro abundante que dibujando un movimiento sobre la tierra serpenteante poco a poco se va diluyendo hasta llegar a desaparecer, por lo que Antonio Escobar, uno de aquellos trabajadores, acude raudo hacia el cuartel de la Guardia Civil, para dar el pertinente aviso, mientras Antonio Fenet Pastor, que lleva cinco años trabajando las tierras de Los Galindos, divisa lo que le da la sensación son dos cuerpos mutilados en aquel fuego que acelerado con gasolina desprende un olor más que nauseabundo, decidiendo no indagar más, hasta la llegada de la Benemérita.

No tardan mucho en personarse en el cortijo el cabo Raúl Fernández acompañado de un número de la Guardia Civil, para realizar las primeras diligencias de investigación. Al entrar en la casa, observan, al lado de una mesa camilla, otro gran charco de sangre, cuyo rastro se dirige pasillo arriba, hacia donde se encuentra la puerta de una habitación cerrada con un candado, colocado en la parte exterior, que fuerzan para poder acceder a su interior, encontrándose una vez dentro, el cuerpo de Juana Martín, la mujer del capataz, con la cabeza destrozada, golpeada por algún objeto romo, no hallándose nada más reseñable en la vivienda.

En el exterior, donde todavía permanece encendido aquel fuego, aparecen los restos casi calcinados del tractorista José González, Pepe, de 27 años y su esposa Asunción Peralta, seis años mayor que él, de 34 años, a quien al parecer había ido a recoger al pueblo para traerla allí, en algún momento de aquel día, aparcando su seiscientos de color crema en la entrada del cortijo, desconociéndose los motivos.

En la cuneta del llamado Camino de Rodales, cubierto con un montón de paja, se descubre un cuarto cuerpo sin vida, el del jornalero Ramón Parrilla, de 40 años de edad, tractorista eventual de la finca, muerto de un disparo de escopeta.

De Zapata, el capataz de la finca de Los Galindos, no hay rastro alguno, por lo que las primeras sospechas recaen sobre este, emitiéndose incluso, a la mañana siguiente, por el recién llegado juez del juzgado de Écija (al estar el de Carmona de vacaciones) Andrés Márquez Aranda la pertinente orden de busca y captura.

Al parecer, en los mentideros del pueblo, se decía que las relaciones entre el capataz y el tractorista Pepe no eran todo lo buenamente deseables que podían ser, fruto de un intento de José González por cortejar a una de las hijas de Zapata, negándose este a dicha relación, enemistando en cierta manera a ambos. Lo cual fue considerado como un posible móvil de aquel crimen, aunque no resolvía las dudas existentes sobre las restantes muertes.

Y fue entonces cuando tres días más tarde, el 25 de julio apareció el cadáver del capataz, que tras la autopsia realizada determinaría que había resultado ser la primera de las víctimas de aquel crimen que ya sumaba con esta, cinco muertes, desarbolando la hipótesis que se había venido considerando como probable.

El sumario del caso, el denominado expediente número 20 de 1975, con más de mil trescientos folios, ha dado a lo largo de la historia numerosas elucubraciones y teorías que no han podido resultar finalmente probadas, recayendo durante años las sospechas, tras haber sido encontrado el cuerpo de Manuel Zapata, sobre José González Jiménez que juzgado y condenado por el pueblo tendría que esperar hasta la exhumación de los cadáveres mediante orden emitida por el juez Heriberto Asensio que acabaría determinando que el “sospechoso” era, de igual forma, triste víctima de este suceso, y que además en opinión del prestigioso médico forense Luis Frontela Carreras, estudiando aquellas manchas de sangre en el piso encontradas, concluiría que a –“Juana la arrastraron desde el comedor hasta el dormitorio entre dos personas por lo menos”- .

Transcurrido los plazos legales previstos sin encontrarse el culpable de estos hechos, la causa quedaría archivada en el año 1988, y siguiendo el principio que extingue la responsabilidad criminal por el transcurso del tiempo, siendo para este tipo de delitos el previsto de veinte años, fue por tanto declarado su prescripción en 1995, a los veinte años de haberse cometido.

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