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Los expertos ponen fecha al pico de la sexta ola

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València, 17 ene (OP/EFE).- La transmisión de la covid-19 se ha «desacelerado notablemente» y en una semana la curva epidémica podría entrar en una meseta -pico de la curva- e incluso empezar a descender, según afirman varios expertos consultados por EFE.

El catedrático de Parasitología de la Universitat de València (UV) y experto en inmunología Rafael Toledo cree que estamos «llegando al final» de la sexta ola porque la incidencia acumulada a siete días «está bajando».

No obstante, aclara que aunque la incidencia viene «sesgada» por los días de fiestas de las pasadas semanas, durante las cuales se han hecho muchos test y pruebas PCR, sí que está bajando la pendiente de porcentajes de ingresos hospitalarios diarios.

«Si no hemos llegado al pico, estamos llegando, está empezando a estabilizarse y llegando a una meseta que supongo será corta y bajará rápido, que es lo que esta pasando con ómicron en todos los países», ha indicado Toledo a EFE.

El investigador de la Fundación de Investigación Sanitaria y Biomédica de la Comunidad Valenciana (Fisabio) y uno de los expertos asesores de la Generalitat en covid, Salvador Peiró, afirma que se ha «desacelerado notablemente» la transmisión.

Según explica a EFE Peiró, doctor en Medicina Preventiva y Salud Pública, tal y como funciona la transmisión «es previsible que en una semana entremos en meseta (pico de la curva) o incluso empecemos a descender».

En el conjunto de España, indica, la reducción del testado (menos detección) por el cambio en los criterios de realización de pruebas por 1.000 habitantes está en el entorno del 20 por ciento.

«Se supone que con el aumento de casos deberíamos estar subiendo en pruebas, no bajando. Pero el cambio en la pendiente, asociada a la reducción de pruebas, es obvio y la desaceleración real», según Peiró.

A juicio del catedrático de Genética de la Universitat de València (UV) Fernando González Candelas, «estamos más bien en la zona meseta, no podemos decir que hemos llegado al pico porque no hemos empezado a descender».

«Los datos no dicen que hayamos llegado ya al pico, hasta que no hayamos empezado el descenso y se mantenga no podemos decir que hemos llegado al pico», indica a EFE González Candelas.

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El vestido de Cristina Pedroche y el fin de un ciclo que ya no sorprende

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vestido Pedroche Campanadas 2025
El vestido de Cristina Pedroche para las Campanadas 2025

Cristina Pedroche ha vuelto a hacerlo. Y precisamente ahí está el problema. En sus duodécimas Campanadas, la presentadora ha presentado el que ella misma define como su vestido más simbólico, emotivo y definitivo: un diseño construido a partir de retales de sus once looks anteriores, convertido en una gran capa de upcycling con la que asegura cerrar una etapa.

Sin embargo, más allá del relato, el resultado vuelve a confirmar lo que ya es evidente desde hace varias ediciones: el modelo Pedroche está creativamente agotado. Cambia el envoltorio conceptual, se eleva el discurso y se multiplica la simbología, pero el impacto visual vuelve a ser el mismo de siempre: casi desnudez, cuerpo como eje central y mínima estructura textil.

El vestido que lo resume todo… porque no propone nada nuevo

Pedroche se “lo ha puesto todo encima”, literalmente. Fragmentos de vestidos pasados, piezas icónicas recicladas, plumas, cadenas, cristales, esculturas corporales y referencias constantes a su propio archivo estético. Un ejercicio autorreferencial que funciona como resumen de su trayectoria, pero que no aporta una lectura nueva de la moda ni del cuerpo.

El mensaje es claro: no hay ruptura, hay acumulación. No hay evolución, hay repetición sofisticada. El vestido no avanza, se mira a sí mismo.

Del impacto al automatismo

Durante años, el casi desnudo de Cristina Pedroche fue rompedor. Hoy se ha convertido en automatismo. La fórmula es reconocible hasta el extremo: piel protagonista y el vestido como ornamento y una narrativa emocional que intenta elevar lo que visualmente ya no sorprende.

El upcycling presentado como gran novedad no es más que un nuevo argumento para sostener un resultado idéntico: el cuerpo vuelve a ser el centro absoluto, y el diseño queda relegado a acompañarlo.

La causa social de Pedroche, su mejor elección

La causa social elegida por Cristina Pedroche es, probablemente, el mayor acierto de sus Campanadas. Vincular su vestuario a la labor de la Asociación Española Contra el Cáncer aporta profundidad y sentido a un formato que, a nivel estético, muestra claros signos de desgaste.

El respaldo a la AECC introduce un mensaje útil, necesario y transversal, que conecta con una realidad que afecta a miles de familias. Es ahí donde Pedroche acierta de pleno: cuando el foco se desplaza del cuerpo al acompañamiento, la investigación y el apoyo a los pacientes, la elección deja de ser un recurso narrativo y se convierte en un gesto con verdadero impacto.

Josie y la construcción de un universo cerrado

El estilista Josie vuelve a estar al frente de la dirección creativa, ensamblando una auténtica antología de símbolos reconocibles para el espectador. El resultado es coherente, milimétrico y técnicamente complejo, pero también encorsetado en su propio lenguaje.

El vestido habla de memoria, de ritual, de semiótica textil… pero sigue diciendo lo mismo que hace años. La piel continúa siendo el titular.

Cuando el vestido deja de ser moda y se convierte en gesto repetido

El gran problema del diseño de 2025 no es su osadía, sino su falta de sorpresa real. El espectador ya no se pregunta qué llevará Pedroche, sino cuánto mostrará. Y cuando la conversación se reduce a eso, el vestido deja de ser moda para convertirse en gesto reiterado.

Frente a propuestas donde la confección, la silueta o el diseño adquieren protagonismo, el modelo Pedroche insiste en una idea que ya ha dado todo lo que tenía que dar.

El cierre de ciclo que confirma el agotamiento

Pedroche habla de cerrar una etapa. Y quizá tenga razón. Porque este vestido no marca un nuevo comienzo, sino que certifica el final de una fórmula que ha sido explotada hasta el límite.

Doce años después, el casi desnudo ya no es transgresión, es marca registrada. Y cuando la marca se impone al diseño, lo único que queda es repetirse.

El vestido de estas Campanadas no abre camino: pone punto final a un modelo que ya no evoluciona.

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